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viernes, 26 de enero de 2018

Mi primer viaje a Japón siendo madre

He ido anteriormente dos veces a Japón. Ambas en pareja. Ambas sin preocupaciones. Ambas sin cargar nada más que maletas y bolsas y bolsas de compras. Ambas haciendo excursiones y saliendo del hotel temprano y volviendo de noche cansados y hartos de caminar.

Y fueron estupendas. Tan estupendas que no dudé en elegir ese destino como primer destino lejano para ir con mi hija. Un país del primer mundo, con buen sistema sanitario, con buena conexión de trenes y vuelos, reconocido por ser muy seguro y donde me sintiera a gusto y no me supusiera un desafío si nos ocurriera algo puesto que sé moverme un poco y es relativamente fácil entenderse aún teniendo la barrera del idioma. Donde adorasen a los niños y donde nos sintiésemos más o menos protegidas. Así que Japón fue y es, definitivamente, el mejor destino que pude elegir para realizar un viaje con bebé, mi primero como madre "soltera", ya que viajaba sin el padre, solas mi hija y yo con mi hermana mayor, que fue una buena compañera, una buena tía, y una buena niñera en los momentos que me iba a relajar a los onsen u ofuro (bañeras comunes, o spa) de los hoteles en los que nos alojábamos.

Estoy agotada.

Agotada por cargar a la niña en la mochila durante 15 días. Agotada por salir temprano todas las mañanas y no dormir la siesta, ni descansar todas las noches, ni dormir en el avión las 15 horas que estuvimos dentro del avión a la vuelta, ni dormir estas noches porque la niña no puede dormir. Estoy agotada. Como madre es más duro volver a la rutina. No puedo volver del viaje y darme un tiempo. He de estar cuidando del horario cambiado de mi hija y también del mío. Ir a trabajar mareada y volver a casa y cuidar de la niña. No coincidimos las horas de sueño porque ella no entiende, aunque ayer por suerte conseguimos dormir juntas la siesta. Y me duele la vida, la espalda y la tendinitis con adherencia que me ha salido en el empeine del pie derecho y aun así he de ir a entrenar porque he de pasar unas pruebas físicas sí o sí en 15 días por el trabajo.

¿Pero vale la pena? Definitivamente, sí. Vale la pena el esfuerzo y sufrimiento por todo lo vivido. Lo positivo es mayor que lo negativo. El cansancio es solo una consecuencia de realizar una de las mejores experiencias que he tenido en la vida, donde incluyo mi maravilloso parto y ver los fiordos noruegos nevados (así, sí, están más o menos en el mismo puesto xD).

Viajar a Japón con un bebé supone escuchar unas 3000 veces al día KAWAII. Sentirse perseguida y observada continuamente por japonesas y coreanas (y hombres, pero en menor medida), aceptando propuestas de hacerse fotos, de coger a la niña, de enfadarse porque se la llevan y te la quitan de las manos sin permiso, por agobiarla incluso, por cogerla cuando llora y no poder calmarla tú como madre y esa señora cantarle y la niña parar y comenzar a jugar (casi lloro de lo bonito que era), por ver cómo gente que sabes que rehúyen del contacto físico, se acercan, cogen, tocan y acarician la cabecita a la niña con una ternura alucinante, incluso le regalan cositas (pegatinas, gomas con pompones, llaveros esponjosos, figuras de origami...).



http://blogs.tiempodehoy.com/japon-y-yo/2017/02/08/embarazada-en-japon-parte-1/
Llavero identificativo como embarazada,
que se ponen en el bolso o lugar visible.
Y también descubres que los japoneses, dentro de su sociedad amable y respetuosa, tienen unas normas de convivencia un poco extrañas. Hay gente que explica que es porque cuando todos llegan cansados del trabajo se ponen todos al mismo nivel de "necesidad", cosa que no estoy de acuerdo porque me ha pasado en cualquier hora del día, tanto en Tokyo como en Kyoto y suelen ser jóvenes y adultos mirando el móvil o gente durmiendo; aún así no lo comprendo del todo y no puedo encontrar fundamentos que justifiquen dejar a una mujer porteando a su bebé, o a una embarazada o a un anciano de pie delante de los asientos reservados para ellos, sin que siquiera levanten la vista, ignorando a los que sí deberían sentarse ahí, o peor: mirando y poniendo cara de mala ostia como diciendo: está reservado para ti, pero yo estoy cansada y molo más, de una mujer occidental que desde que me puse en frente suya con la niña en la mochila, me miró como diciendo: no me pienso levantar, y me miraba de reojo con cara de pocos amigos. Hasta mi hermana me dijo que le parecía horrible esa mujer e incluso la defendí diciendo: déjala, quizás está embarazada de poco (aunque no llevaba el llavero identificativo de embarazo). Prefería pensar así a que tenía algún problema conmigo, que no le hice nada, solo esperaba que alguien saliese en su parada.
Pero es que hasta cuando quedaba un sitio libre, iba a ir a sentarme Y SE SENTABA OTRO PRIMERO, estando yo al lado. Me pasó dos veces y de verdad que alucinaba. Y muy negativamente.

O los ascensores, gente que puede ir perfectamente por las escaleras y ver a mujeres con el carrito esperar al siguiente ascensor, o mi hermana y yo con la niña colgada y las maletas (3 grandes) que no podíamos ni caminar apenas 3 pasos sin parar, y esperar hasta dos ascensores, porque jóvenes cansados y gente que no parecía tener ningún problema pasaban de ceder el ascensor a los que sí parecían necesitarlo más.

No sé, en España sí que me han dejado pasar en el ascensor en Sol, en el metro se han levantado siempre, sin que fuesen asientos reservados incluso.  Tanto en Madrid como en Barcelona (que son los sitios que me he movido en metro/cercanías/bus). Sí que es cierto que cuando cargas con el bebé la gente es más amable y cede porque realmente ven que lo necesitas más. Y se agradece. De verdad que se agradece. Y a partir de ahora voy a valorarlo muchísimo más, aunque luego se pongan con el móvil sin cascos el flamenquito o reguetón. Lo uno por lo otro. No íbamos a ser perfectos, somos españoles.

En Japón solo me cedieron dos veces el asiento de...¿15? ¿20 veces? que habré ido de pie porque no había sitio libre, y aposta íbamos a la zona de asientos reservados, inútilmente, claro.

Luego allí permiten fumar en según qué horarios en los restaurantes. Exceptuando la primera tarde-noche que cenamos en un lugar pequeñito que no había zonas delimitadas y el señor de al lado se puso a fumar, el resto nos ponían en zonas de no fumadores, o si no había, al menos nadie fumó cerca nuestro.

Y el tema de salas de lactancia y amamantar que me preocupaba un poco...le di hasta en el tren y delante de la gente. Y no me sentí ni observada y que sentía que hacía algo mal. No me sentí ofendida ni sentí que ofendiese a nadie, porque nadie ponía cara rara (y me fijé mucho por si hacía algo mal), pero parecía que la niña molestaba más llorando y gritando por no tener teta que por dársela (creedme que si fuese por mí en esos momentos no se la habría dado, pero es que podría ganar premios de gritos y lloros fuertes y estridentes).

La verdad es que exceptuando el tema de los asientos reservados y las coreanas obsesionadas con los bebés occidentales y secuestradoras si te separabas dos metros para hacerle una foto, que fue la única vez que me sentí muy, muy, muy molesta con el tema de su "amor por los bebés", que en Arashiyama (en el bosque de bambú, en Kyoto) sentía que tenía un mono de feria y hasta podía cobrar entrada por hacerse fotos sosteniendo a mi monito y así costearme el viaje, no tuve ningún inconveniente más con sus formas de hacer las cosas.

Así que sí, Japón es un lugar idóneo para ir con bebé. Se desviven con ellos y los adoran. Y puedes hacerles unas fotos de calendario sin necesidad de esforzarte mucho, puesto que los paisajes acompañan...y si vistes a tu bebé con kimono...MUCHO MÁS.


En breves actualizaré con nuestro planning y fotos. Cuando me las pase al disco duro y recobre un poco las energías, que con la niña es difícil todavía poner las cosas en orden, tengo dos lavadoras pendientes y la ropa de la maleta para tirar casi.

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