Seguidores de mis paranoias...

viernes, 30 de septiembre de 2016

El día a día de una preñator

Últimamente lo único que hago es:


a) Quejarme porque no llegamos a fin de mes.
b) Caminar.
c) Informarme. Ir a conferencias. Leer. Y demás cosas que tienen que ver con el embarazo.
d) Trabajar.
e) Cuando no hago nada de eso: veo Big Bang Theory porque están dando un maratón de la serie en TNT.


Vayamos por partes:


a) Quejarme porque no llegamos a fin de mes.


Esto significa que, aparte de no tener más que lo básico de ropa premamá para no ir desnuda por la calle: no tenemos nada del bebé. Al menos comprado por nosotros. La ropa que va apareciendo en casa son de prestado de una compañera del trabajo y alguna cosa regalada por mis primas o la madre de Karate. Y ya. No hay nada. Ni miro. Es que no se puede.
Encima no tenemos horno, ni microondas, ni nada. Pero ojo, tenemos internet. Que no se diga.


b) Caminar.


Debe ser el motivo principal por el cual no he ganado mucho peso. Al menos de cuerpo en general...porque lo que es BARRIGA...al estar tan abajo noto mucha presión (aunque me han dicho que no tengo tanta para estar de 7 meses). O eso espero, porque cada día me cuesta más respirar al agacharme o hacer absolutamente cualquier cosa. Ponerme los calcetines y zapatos empieza a ser un suplicio, no puedo abrirme más de piernas para atarme los cordones (¡que llegue ya el frío que quiero ponerme las botas!). Hoy he limpiado el arenero de las gatas y me he levantado de puro milagro al terminar gracias a agarrarme a la ventana. Me da miedo ponerme un día de rodillas o sentarme en el suelo y que tenga que venir alguien a levantarme.


c) Informarme. Ir a conferencias. Leer. Y demás cosas que tienen que ver con el embarazo.


Cada día estoy más contenta con este hospital. Y, por supuesto: mi ginecóloga. Cada vez que voy a alguna charla que dan, me doy cuenta de lo difícil que es encontrar un hospital que tenga las garantías de lo que buscaba para mi embarazo: que sea lo más natural posible y respetado, es decir, que un parto sean el bebé, la madre y el padre, no solo el bebé (como ocurre en la mayoría de hospitales); espero también que sea lo menos medicalizado posible. Además son partos personalizados: el/la mismo/a ginecólogo/a que te lleva el embarazo te asiste al parto. Sea madrugada, fin de semana, festivo, lo que sea...


Voy a un hospital idcsalud, el cual está acreditado como un hospital iHan. Forma parte de una iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia, creada por la OMS y UNICEF para animar a los hospitales a adoptar las prácticas que promuevan y apoyen la lactancia materna exclusiva desde el nacimiento.
Todas las charlas que ofrecen y la mayoría de los carteles informativos de la zona de maternidad están dedicados a fomentar la lactancia materna, explicando sus beneficios y la necesidad de llevarla a cabo para un mejor desarrollo integral del bebé y lo positivo -y cómodo- que es para la madre.


Cuando estudiaba el Grado Superior nuestra profesora nos hablaba de la importancia de la lactancia materna. Luego continuo leyendo su blog La Mamá de Pequeñita y sigo aprendiendo de ella, en todos los temas que tienen que ver con la educación respetuosa de los niños, su desarrollo y su salud.


Me tranquilizó que, tras la charla de ayer sobre "Preparando el nido", donde nos contaban sobre la lactancia, el colecho, el transporte del bebé (carritos, porteo, coche), lo que íbamos a necesitar (ropa, cuna, bañera...), no dejarnos engañar por marcas ni por anuncios de televisión, no comprar almohada de la cuna JAMÁS, recomendarnos un cojín de lactancia..., fuimos a ver el paritorio con mi ginecóloga y uno de los matrones. Fue mucho más relajante que cuando fui a verlo por primera vez con Karate en el curso de preparación al parto, con otro matrón.
Estar allí con mi ginecóloga explicando cómo lleva ella, de manera tan natural todo y animándonos, hasta cuando hablaba de las posibles complicaciones hablaba con una seguridad y un cariño...es que me siento tan relajada. Que todo puede torcerse, es una posibilidad, pero no le tengo ningún miedo cuando llegue el día.
Le pregunté si ella asistía al 100% de los partos y me dijo que ella estaría en el mío (me reconoció en seguida), siempre que le diera tiempo a llegar, que le dejara 30 ó 40 minutos si había tráfico, que ella estaría. Normalmente cuando no llegan es porque suele llegar la mujer ya pariendo y al segundo hijo.


d) Trabajar.


Algo que en breves tendré que dejar de hacerlo. Me doy un mes. Yo creo que para noviembre estaré de baja por no poder ponerme el uniforme. Y cada día me siento más torpe. Si ya me cuesta ponerme los zapatos al vestirme antes de salir, imaginad llegar a trabajar y tener que quitármelos y ponerme otros con cordones, más ropa y mierdas. A parte que estoy en un archivo, lo que significa tener que sacar muchos expedientes y cargar cajas. Aunque mis compañeros me cuidan que no cargue peso, es inevitable coger los archivadores cuando viene gente a buscar información y estás sola.


¿Y el estrés de la carretera? Que cortan la A5 en octubre y desviarán el tráfico por la carretera que yo vengo cada mañana. Horror. ¿Madrugar más? Si apenas duermo por las noches por los viajes al baño y el dolor de caderas. Están haciendo todo lo posible para que me coja antes la baja. Y paso de ir en tren porque el civismo en España está pasado de moda, desde que quitaron la mili obligatoria; paso de ir en tren y hacer transbordo en metro en hora punta (a parte que es más caro el transporte público que la gasolina) de pie y cabreada con la gente.


e) Cuando no hago nada de eso: veo Big Bang Theory porque están dando un maratón de la serie en TNT.


¿Por qué no me canso nunca de esta serie? Da igual cuántas veces vea el mismo capítulo. Es que me encanta.


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jueves, 22 de septiembre de 2016

Cuando tu ginecóloga solo sonríe, no te dice nada y te lo dice todo.

Cuando ayer recogí los resultados de los análisis del test o'Sullivan (prueba de la glucosa) y vi lo que salía, casi me desmayo. Si el valor límite tras la hora de tomarte la glucosa es 140, me salió 122. Casi me desmayo de felicidad. ¡¡No tenía que repetir la tortura!! Pensé que con eso de desmayarme y casi vomitar y estar mareada casi dos días, me saldrían disparados. Pero no.


Luego jamás vi tantos asteriscos en unos análisis. Esos que saltan para avisar de que tienes un valor alto o bajo. Yo normalmente tengo uno o dos asteriscos, normalmente del colesterol (por debajo del mínimo) o algún otro que dicen que es normal y es mejor que esté ahí y no es preocupante. Siempre estoy en la media.


Pero ayer... la sangre, hemoglobina y todo lo que estaba relacionado con ella, estaba bajísimo, debajo del mínimo. Me sentía un poco Leia (en paz descanse mi pequeña zombie). Al menos el hierro y otros valores como las tiroides, sumado al cultivo de orina negativo en cosas raras, todo estaba entre los valores que indicaban. Y el colesterol...¡¡si siempre lo he tenido bajo!! De repente estaba en 210. Empezaba a pensar que comía fatal y que iba a repercutir en todo y me iba a poner a dieta en cuanto me viera. Además, aunque todos los días camine a ritmito entre 1h y media y 2 o más, siento como que estoy hinchada (eso sí, me mido la muñeca y todavía puedo cerrar los dedos alrededor de ella, así que Karate no me miente mucho cuando me dice que no he engordado más que la barriga).


Cuando entramos en la consulta, mi ginecóloga siguió el protocolo de siempre, preguntar qué tal este mes, si podía enseñarle los resultados del análisis, etc.
Le dije que tenía bastante acidez y me dijo que si no lo soportaba me recetaba un antiácido o algo. Le dije que entendía que era algo natural y que podría sobrellevarlo, aunque a veces quisiera vomitar y fuese muy fuerte, y entendió que no quería tomarme nada. Sin insistir.


Mientras la enfermera me pesaba, ¡¡cuyo resultado salió igual que el mes pasado!!, llevando vaqueros (no falda de verano) y deportivas (no sandalias) que pesan más... y me tomaba la tensión (siempre sobre 11), mi gine me decía que los resultados estaban bastante alterados. Y bueno, efectivamente, Karate no me miente nada cuando dice que sobre todo he engordado solo la barriga (aunque yo me note más gorda).
Como es habitual, la gine no me dice absolutamente nada, en ninguna de las consultas, sobre mi peso ni sobre la tensión. Aunque hubiese engordado 1 ó 2 kilos. Ninguna pauta, excepto cuando le pregunté durante el tercer mes sobre la alimentación, avisándole de que tomaba jamón serrano y queso y tortilla con el huevo poco hecho, que me dijo, tranquilamente, mientras no me pasase y fuese lógica, que comiera de todo -incluía helados, pizza, embutido, etc.- y simplemente lavara más las verduras y la carne más cocinada.


Cuando me estaba sentando para que realizase la ecografía, me explicaba, con su habitual sonrisa, que era normal que la sangre estuviera tan bajita: significa que tenía que compartirla con Sakura (porque desde el mes pasado la llama por su nombre), y que como los valores del hierro todavía estaban dentro del límite, hasta mediados de octubre que aguantase solo con las vitaminas (ginenatal forte) y luego metiera un extra de hierro, el cual me recetó, junto con la vacuna del factor rh-, que me la han de poner la semana que viene.


También me dijo que no me preocupara por el colesterol, que es totalmente normal que esté alto, e incluso debería estarlo más para el último mes y ya se irá regulando con la lactancia en los meses posteriores al parto. Gracias a él Sakura crece. También ha de estar alto para producir la leche.


¿Pero sabéis qué es lo que más me gusta de esta doctora?


Durante las ecografías va describiendo todo lo que ve como si fuese lo más bello y especial del mundo.
¡Mira qué cabecita! Voy a medirla.
¡Está colocada! Ya está en posición de parir, mírala ella, qué perfecta es. Sus medidas coinciden perfectamente con la edad gestacional. Está súper proporcionada. ¡Qué corazoncito! Mira cómo late. ¿Ves la línea de debajo? Es el diafragma, qué bonito, está perfecto. Los riñones, las piernecitas... Aaah, ¡¡foto de piés!! Qué bonitos mirad, mirad, y esa es la manita, qué grande está ya (y hace foto que nos la imprime). Y la columna, qué barrigita... Qué bien la cuidas, no va a querer salir.


Y así, todas las ecografías con esta mujer son una aventura.


Y no me arrepiento de haber escogido un hospital que me pilla a tomar por culo del trabajo para venir a las revisiones (pero más cerca de casa, pensando en el parto y post-parto). Y me alegra haber cogido a esta ginecóloga tras la recomendación de una compañera.


Porque puedo comparar al médico que le ha tocado a mi compañera de trabajo (estamos embarazadas las dos), que viene estresada de cada revisión: no comas hidratos. Has engordado 5kg (en 4 meses). Tienes que hacer ejercicio moderado. No te pases. Prohibido embutidos. Y no le explica las ecografías. Tenía náuseas y lo primero que le recetó fueron pastillas, que se las tomara, sin preguntarle si quería tomarlas (no se las tomó). No le quiso decir el sexo aunque lo sabía desde el tercer mes, ni una noción. Es serio y muy borde, con una mujer que tiene un embarazo de riesgo y se estresa con cada visita. No me parece normal.


Ella me pregunta extrañada si no me dice nada del peso y la comida, y yo le digo que jamás me ha dicho nada del peso. Solo me informa cuando hay algo anormal, que ha sido la primera vez en esta última revisión (por los análisis), y ha sido todo positivo también.


Otra cosa que me gusta de esta ginecóloga es que atiende los partos de todas sus pacientes. Sea de madrugada, festivo, esté o no de guardia. Ella asiste al parto. Y de no poder, lo realiza su equipo, con sus directrices. Me tranquilizó leer opiniones de ella hablando de partos a los que asistió de madrugada o en festivos que estaba en su casa o a dos meses tras haber dado a luz. Porque yo creo que si no está ella en mi parto me dará algo, puesto que es verla y me relajo. Transmite una paz y una tranquilidad...


Por eso siento que elegir un buen ginecólogo es parte esencial de un embarazo sano. Todo eso sumado a que respeta la decisión de la madre en el momento del parto... si quiero natural, de pié, sentada, lo que sea... los matrones durante el curso de preparación al parto también me tranquilizaron en ese aspecto.


Estoy tan tranquila para cuando llegue ese día. Pienso que solo con la información recibida, el que lleven un protocolo de lactancia materna: dos horas madre/bebé tras el parto para fomentar la lactancia, y el haber visto la sala de dilatación y que te expliquen los protocolos, ya es una parte del trabajo hecho. Nos hablaron sobre las visitas, la importancia de saber decir que no. Tras visitar las habitaciones del hospital y ver una habitación abarrotada de gente pasándose al bebé de mano en mano, Karate y yo decidimos que visitas en el hospital 0 (excepto abuelos-tíos). Y los amigos con cita previa en casa.


Así que nada, esperando que llegue el día e intentando ver el último trimestre de manera más positiva. Puesto que el segundo trimestre he estado muy decaída con todas las pérdidas familiares y necesito ver algo positivo. Menos mal que tengo una doctora que solo con verla hace desaparecer mis miedos.


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martes, 13 de septiembre de 2016

Estoy embarazada, no enferma. ¿No?

¿A cuántas pruebas debemos someternos las mujeres cuando nos quedamos embarazadas?


Estoy de seis meses y medio y, desde que di positivo en el test he asistido una vez al mes a la ginecóloga:


- 1ª visita: abril, donde me dijo que, como venía de un aborto previo, debía tomar progesterona (sangré un poco un fin de semana).
- 2ª visita: mayo, primera ecografía de las 7 semanas. Que debía seguir tomando progesterona (aunque no hubiera riesgo alto, "por si acaso").
- Análisis del primer cribado: para descartar anomalías.
- 3ª visita: junio, ecografía doppler de las 13 semanas y resultados del cribado. Me dicen el sexo: posible niña. Fuera progesterona (me da el visto bueno para poder tener relaciones sexuales, hacer ejercicio y tal -aunque ya fuese a caminar-, salgo del riesgo).
- 4ª visita: ya de 4 meses, a ver cómo va creciendo. Me confirman el sexo: la vulva contra el ecógrafo, para que se viese bien.
- Ecografía doppler de las 20-21 semanas: en agosto me tocó hacérmela en Palma, ya que estuve casi todo el mes allí por lo de mi padre. Ahí te dicen cómo se está desarrollando parte por parte (desde el cerebro, pasando por el corazón, riñones, cuenta-dedos...). Reconfirman el sexo.
- 5ª visita: nada más llegar de Mallorca, fui a la ginecóloga para que viese los resultados y de paso volver a ecografiarme. Nos dice que si sigue en esa mala postura, cuando salga habríamos de ir cerrándole las piernas para colocárselas. Está mostrando su vulva al mundo con las piernas bien abiertas.
- Test de O'Sullivan: la puta curva del azúcar.


De esta última prueba hablaré ahora porque...ayer me hicieron la curva del azúcar, técnicamente conocido como "Test de O'Sullivan". Esto sirve para detectar si tu cuerpo tolera bien la glucosa y descartar diabetes gestacional o, simplemente, ponerte una dieta que tu cuerpo tolere mejor, porque te salen resultados un poco altos. Todo esto por el bebé, claro, para que no salga gordo ni tenga problemas en el futuro, ni que sea su insulina la que trabaje en el cuerpo de la madre (así como resumen cutre).


¿Que cómo se hace eso? Pues, en ayunas te hacen un análisis de sangre y luego te dan una botella de glucosa fresquita sabor a Tang de naranja, que has de tomártelo tranquilamente durante 5 minutos y, tras una hora, has de volver a que te saquen sangre de nuevo. No te dejan ni ir al baño tras tomártelo porque, si te mueves, puede salir mal la prueba ya que quemas la glucosa que has ingerido y los análisis han de ser "en reposo". Así que sentadita una hora sin moverte. ¡¡Y no vomitarlo!! Si no hay que repetirla.


Nada más me pincharon (genial, la verdad, para tener asco puro a las agujas, no sentí nada), me dijo que si quería tomármelo y tumbarme en la camilla que era mucho mejor, puesto era normal marearse y en la camilla iba a estar muy cómoda. Preferí estar en la sala de espera con Karate, que era una horaza de espera.


La glucosa te revive del hambre que sientes, es dulce como las bebidas japonesas empalagosas que me gustan y, de repente, a los dos minutos de tomártelo, empiezas a marearte y desear vomitar y morir (y no sabes si en ese orden exactamente). Vienen dos enfermeros y te abanican, ponen tus piernas en alto sobre tu pareja y te dicen que en cuanto te encuentres mejor entres a tumbarte en la camilla.


Como no quería ir a la camilla (porque estaba en la zona de los análisis y pasaba de ver cómo pinchaban a la gente), me quedé fuera sentada viendo un capítulo de Big Bang con Karate hasta que volvió el puto mareo y empezaron las ganas de vomitar. La bilis empezaba a subir y yo preocupada. Quedaba media hora para el siguiente análisis y no quería volver a repetir la prueba y mucho menos tomar esa puta mierda que me estaba destrozando por dentro. Así que, de tripas corazón fuimos a la zona de los análisis a que me tumbaran en la camilla.
Los mareos iban y venían y, al estar boca arriba, la niña jugaba feliz con la glucosa que me estaba destrozando por dentro, ayudándole a patadas y puñetazos que me deformaban la barriga y yo solo quería llorar y que toda esa tortura terminase.


Con ganas de vomitar y un mareo a punto del desmayo, Karate avisó al enfermero que ya había pasado la hora y, entonces vino con su cajita de muestras para sacarme sangre.


- Te sacaré del mismo brazo de antes.
- Vale...


Y entonces quitó la tira con el algodón y limpió sobre el anterior pinchazo. Pensé que buscaría otro lado de la vena para pinchar pero...el muy SIMPÁTICO pinchó sobre pinchazo, haciéndome un daño que me dieron ganas de darle una patada en la cabeza.


- ¡Ah! Con la chica no he sentido nada, esto duele...
- Bueno, es que te he pinchado en el mismo sitio, además: la experiencia es un grado (vamos, que debía ser nuevo).


Y tras dejarme tumbada un rato más, por el último mareillo, terminó la tortura con una Coca-Cola de la misma cafetería del hospital y un pan-pizza del Lidl.
Decir también que el mareo me duró el resto del día. No pude reincorporarme al trabajo, terminé durmiendo hasta la hora de la comida y aún así pasé la tarde con ganas de dormir, cansada y hecha polvo.




La semana que viene iré a que me den los resultados a la 6ª visita con mi ginecóloga, donde me hará otra ecografía y me dirá si me tienen que hacer la prueba larga de la glucosa (que es lo mismo pero 4 pinchazos y 3 horas!!! y más glucosa), o me libro porque estoy dentro de unos niveles no peligrosos para Sakura.


Y todavía me quedarán dos revisiones programadas más, la vacuna del factor RH (ya que soy O-), creo que te obligan a ponerte la vacuna de la tos ferina (que no quiero, soy pro-vacunas, pero no con el sistema inmune delicado que, sumado a mi amigdalitis crónica la cual provoca que mi sistema inmune a veces juega a atacarme, en vez de defenderme, no me atrevo al igual que no me recomiendan ponerme la de la gripe por ese motivo), el preoperatorio antes del parto (por si se complica). Solo espero que no tenga que repetir la maldita curva del azúcar, porque no lo aguantaré.


No me habían pinchado tanto en la vida.


¿Las que han sido madres antes, pasaban tantas pruebas? ¿Por qué siento que experimentan con nosotras para evitar los "por si acaso" cuando podrían evitarse?


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martes, 6 de septiembre de 2016

Nunca conocerá a su nieta.

Nunca había tenido buena relación con mi padre.


Hasta hace pocos años apenas hablaba con él, exceptuando pequeñas frases del momento. Llamadas de "¿hay que ir a buscarte al aeropuerto?" y meras formalidades. ¿Qué tal? ¿Y mamá? Aham.


En los últimos tiempos, con esto del WhatsApp, mi padre descubrió el mundo del envío rápido de fotos (su amor por la fotografía nunca ha variado). Me encontraba con diez fotos pendientes de descargar donde salían sus perros, que lucía con orgullo; sus nuevas obras de la casa de campo que no dejaba nunca de construir cada día algo (un horno de leña, una columna, un muro, una ducha, un wc...), y también fotos de la huerta (hoy tomates, mañana pimientos, el siguiente lechugas).


Mi padre cambió mucho, ¿sabéis? Pasó de ser el hombrecillo del que rehuíamos de pequeños, al señor entrañable que cuidaba de mi madre como la mujer más especial del mundo, señor de campo, hacedor de muros de piedra y cuidador de perros, regador de huertas y, sin querer, protector de tortugas de tierra protegidas.


Con todo esto de las muertes de mis tíos, mi padrino y mi tía Tocaya (los dos cuñados con los que más relación tenía), mi padre vivió, como todos los demás, el peor mes de su vida. En el funeral de mi tía Tocaya, el último día que vi a mi padre, le vi tan demacrado, tan afectado, más casi que a mi madre, que daba cosa hasta acercarse a decirle algo.
Sabía que estaba mal porque fue él el que me llamó el día 7 de julio, incapaz de darme la noticia, que tuvo que pasarme a mi madre para que me explicara que mi tía había fallecido.


Y el último día que pude bromear con él, fue el día antes del funeral de mi tía, comiendo las hermanas con mis padres en la casa de campo que, desgraciadamente, jamás la verá terminada. Pero ni mi padre, ni mi madre, ni ninguno de sus hijos...


Sabía que la ilusión por ser abuelo, el preguntar y bromear por las ecografías y pasarme fotos de su cosecha y yo de mi nueva casa, que me dijo que cuando viniera a Madrid me arreglaría y montaría lo que faltaba, la futura boda de mi hermano, la promesa de mi hermana de buscar el hijo, la casa cada vez con más forma (ya tenía otro baño nuevo), etc... le hacían levantarse cada día con ganas de seguir. Acababa de hacerse unos análisis y comentaba que habían salido bien, los dolores de la espalda eran por el lumbago. Le pedíamos hacer reposo pero, literalmente: "El día que deje de trabajar para estar más tranquilo estoy listo". Fue su penúltimo mensaje de WhatsApp que tengo. El último fue: "No se puede cambiar de uvas a peras en un momento", cuando le dije que si el dolor era muscular, le dirían que se tomara la vida más tranquila, y que se cogiera el coche y se fuese de rutas, que aprovechara la jubilación...
https://www.tsunagujapan.com/17-facts-you-probably-didnt-know-about-sakura/




El día 2 de agosto estaba comiéndome tranquilamente un melocotón cuando me llamó mi tío. Cogí rápidamente el teléfono imaginándome que me iba a decir lo que nadie quería oír: que mi tía la del cáncer había llegado a su final.


Pero si nadie quiere escuchar que su tía, que le había criado, había fallecido tras una larga enfermedad, mucho peor es escuchar que te llama él porque ni mis hermanas, ni mi madre, ni nadie, era capaz de decirme lo que acababa de ocurrir.


Mi padre acababa de sufrir un infarto y, tras intentar reanimarlo, confirmaron su fallecimiento a los pocos minutos.


Y por eso nunca conocerá a su nieta. Ni sus siguientes nietos. Ni terminará la casa. Ni verá a sus hijos casarse. Ni nada más. Porque ya no está.


Ni mi padrino. Ni mi Tocaya. Ni mi padre.


Y para más inri, estando en Mallorca esos días, la semana que nos volvíamos a Madrid, falleció mi tía. Por suerte o por desgracia, pudimos despedirnos de ella. Pudimos hablar e incluso cuidarla un poco, hacerle compañía. En fin, despedidas.


Porque este verano han sido todo despedidas.


Ha sido una puta mierda.


Y quieren que esté contenta. Que mire al futuro. Que piense en la niña como algo positivo ya que todos tenían mucha ilusión.


Pero a mí no me apetece estar feliz en estos momentos. Sé que es algo bueno y sé que todo se transmite. Pero también hay que entender que no es el mejor momento y que si no me desahogo ahora, luego puede ser peor.


En fin. Así son las cosas. Sé que la vida sigue. Pero ellos ya no estarán aquí para verlo.


Y por eso el nombre de la niña también tenía que tener significado. Para los budistas, ese nombre se asocia con la temporalidad y el carácter pasajero de la belleza y la vida, pero también con el ciclo de transformación de la vida, por lo que también es asociado al renacer.
Para los samuráis: significaba su sangre y lo efímero de la vida, asociada al sacrificio y corta vida de los samuráis.


SAKURA (Flor de Cerezo)