Seguidores de mis paranoias...

martes, 6 de septiembre de 2016

Nunca conocerá a su nieta.

Nunca había tenido buena relación con mi padre.


Hasta hace pocos años apenas hablaba con él, exceptuando pequeñas frases del momento. Llamadas de "¿hay que ir a buscarte al aeropuerto?" y meras formalidades. ¿Qué tal? ¿Y mamá? Aham.


En los últimos tiempos, con esto del WhatsApp, mi padre descubrió el mundo del envío rápido de fotos (su amor por la fotografía nunca ha variado). Me encontraba con diez fotos pendientes de descargar donde salían sus perros, que lucía con orgullo; sus nuevas obras de la casa de campo que no dejaba nunca de construir cada día algo (un horno de leña, una columna, un muro, una ducha, un wc...), y también fotos de la huerta (hoy tomates, mañana pimientos, el siguiente lechugas).


Mi padre cambió mucho, ¿sabéis? Pasó de ser el hombrecillo del que rehuíamos de pequeños, al señor entrañable que cuidaba de mi madre como la mujer más especial del mundo, señor de campo, hacedor de muros de piedra y cuidador de perros, regador de huertas y, sin querer, protector de tortugas de tierra protegidas.


Con todo esto de las muertes de mis tíos, mi padrino y mi tía Tocaya (los dos cuñados con los que más relación tenía), mi padre vivió, como todos los demás, el peor mes de su vida. En el funeral de mi tía Tocaya, el último día que vi a mi padre, le vi tan demacrado, tan afectado, más casi que a mi madre, que daba cosa hasta acercarse a decirle algo.
Sabía que estaba mal porque fue él el que me llamó el día 7 de julio, incapaz de darme la noticia, que tuvo que pasarme a mi madre para que me explicara que mi tía había fallecido.


Y el último día que pude bromear con él, fue el día antes del funeral de mi tía, comiendo las hermanas con mis padres en la casa de campo que, desgraciadamente, jamás la verá terminada. Pero ni mi padre, ni mi madre, ni ninguno de sus hijos...


Sabía que la ilusión por ser abuelo, el preguntar y bromear por las ecografías y pasarme fotos de su cosecha y yo de mi nueva casa, que me dijo que cuando viniera a Madrid me arreglaría y montaría lo que faltaba, la futura boda de mi hermano, la promesa de mi hermana de buscar el hijo, la casa cada vez con más forma (ya tenía otro baño nuevo), etc... le hacían levantarse cada día con ganas de seguir. Acababa de hacerse unos análisis y comentaba que habían salido bien, los dolores de la espalda eran por el lumbago. Le pedíamos hacer reposo pero, literalmente: "El día que deje de trabajar para estar más tranquilo estoy listo". Fue su penúltimo mensaje de WhatsApp que tengo. El último fue: "No se puede cambiar de uvas a peras en un momento", cuando le dije que si el dolor era muscular, le dirían que se tomara la vida más tranquila, y que se cogiera el coche y se fuese de rutas, que aprovechara la jubilación...
https://www.tsunagujapan.com/17-facts-you-probably-didnt-know-about-sakura/




El día 2 de agosto estaba comiéndome tranquilamente un melocotón cuando me llamó mi tío. Cogí rápidamente el teléfono imaginándome que me iba a decir lo que nadie quería oír: que mi tía la del cáncer había llegado a su final.


Pero si nadie quiere escuchar que su tía, que le había criado, había fallecido tras una larga enfermedad, mucho peor es escuchar que te llama él porque ni mis hermanas, ni mi madre, ni nadie, era capaz de decirme lo que acababa de ocurrir.


Mi padre acababa de sufrir un infarto y, tras intentar reanimarlo, confirmaron su fallecimiento a los pocos minutos.


Y por eso nunca conocerá a su nieta. Ni sus siguientes nietos. Ni terminará la casa. Ni verá a sus hijos casarse. Ni nada más. Porque ya no está.


Ni mi padrino. Ni mi Tocaya. Ni mi padre.


Y para más inri, estando en Mallorca esos días, la semana que nos volvíamos a Madrid, falleció mi tía. Por suerte o por desgracia, pudimos despedirnos de ella. Pudimos hablar e incluso cuidarla un poco, hacerle compañía. En fin, despedidas.


Porque este verano han sido todo despedidas.


Ha sido una puta mierda.


Y quieren que esté contenta. Que mire al futuro. Que piense en la niña como algo positivo ya que todos tenían mucha ilusión.


Pero a mí no me apetece estar feliz en estos momentos. Sé que es algo bueno y sé que todo se transmite. Pero también hay que entender que no es el mejor momento y que si no me desahogo ahora, luego puede ser peor.


En fin. Así son las cosas. Sé que la vida sigue. Pero ellos ya no estarán aquí para verlo.


Y por eso el nombre de la niña también tenía que tener significado. Para los budistas, ese nombre se asocia con la temporalidad y el carácter pasajero de la belleza y la vida, pero también con el ciclo de transformación de la vida, por lo que también es asociado al renacer.
Para los samuráis: significaba su sangre y lo efímero de la vida, asociada al sacrificio y corta vida de los samuráis.


SAKURA (Flor de Cerezo)


No hay comentarios: