Seguidores de mis paranoias...

jueves, 22 de septiembre de 2016

Cuando tu ginecóloga solo sonríe, no te dice nada y te lo dice todo.

Cuando ayer recogí los resultados de los análisis del test o'Sullivan (prueba de la glucosa) y vi lo que salía, casi me desmayo. Si el valor límite tras la hora de tomarte la glucosa es 140, me salió 122. Casi me desmayo de felicidad. ¡¡No tenía que repetir la tortura!! Pensé que con eso de desmayarme y casi vomitar y estar mareada casi dos días, me saldrían disparados. Pero no.


Luego jamás vi tantos asteriscos en unos análisis. Esos que saltan para avisar de que tienes un valor alto o bajo. Yo normalmente tengo uno o dos asteriscos, normalmente del colesterol (por debajo del mínimo) o algún otro que dicen que es normal y es mejor que esté ahí y no es preocupante. Siempre estoy en la media.


Pero ayer... la sangre, hemoglobina y todo lo que estaba relacionado con ella, estaba bajísimo, debajo del mínimo. Me sentía un poco Leia (en paz descanse mi pequeña zombie). Al menos el hierro y otros valores como las tiroides, sumado al cultivo de orina negativo en cosas raras, todo estaba entre los valores que indicaban. Y el colesterol...¡¡si siempre lo he tenido bajo!! De repente estaba en 210. Empezaba a pensar que comía fatal y que iba a repercutir en todo y me iba a poner a dieta en cuanto me viera. Además, aunque todos los días camine a ritmito entre 1h y media y 2 o más, siento como que estoy hinchada (eso sí, me mido la muñeca y todavía puedo cerrar los dedos alrededor de ella, así que Karate no me miente mucho cuando me dice que no he engordado más que la barriga).


Cuando entramos en la consulta, mi ginecóloga siguió el protocolo de siempre, preguntar qué tal este mes, si podía enseñarle los resultados del análisis, etc.
Le dije que tenía bastante acidez y me dijo que si no lo soportaba me recetaba un antiácido o algo. Le dije que entendía que era algo natural y que podría sobrellevarlo, aunque a veces quisiera vomitar y fuese muy fuerte, y entendió que no quería tomarme nada. Sin insistir.


Mientras la enfermera me pesaba, ¡¡cuyo resultado salió igual que el mes pasado!!, llevando vaqueros (no falda de verano) y deportivas (no sandalias) que pesan más... y me tomaba la tensión (siempre sobre 11), mi gine me decía que los resultados estaban bastante alterados. Y bueno, efectivamente, Karate no me miente nada cuando dice que sobre todo he engordado solo la barriga (aunque yo me note más gorda).
Como es habitual, la gine no me dice absolutamente nada, en ninguna de las consultas, sobre mi peso ni sobre la tensión. Aunque hubiese engordado 1 ó 2 kilos. Ninguna pauta, excepto cuando le pregunté durante el tercer mes sobre la alimentación, avisándole de que tomaba jamón serrano y queso y tortilla con el huevo poco hecho, que me dijo, tranquilamente, mientras no me pasase y fuese lógica, que comiera de todo -incluía helados, pizza, embutido, etc.- y simplemente lavara más las verduras y la carne más cocinada.


Cuando me estaba sentando para que realizase la ecografía, me explicaba, con su habitual sonrisa, que era normal que la sangre estuviera tan bajita: significa que tenía que compartirla con Sakura (porque desde el mes pasado la llama por su nombre), y que como los valores del hierro todavía estaban dentro del límite, hasta mediados de octubre que aguantase solo con las vitaminas (ginenatal forte) y luego metiera un extra de hierro, el cual me recetó, junto con la vacuna del factor rh-, que me la han de poner la semana que viene.


También me dijo que no me preocupara por el colesterol, que es totalmente normal que esté alto, e incluso debería estarlo más para el último mes y ya se irá regulando con la lactancia en los meses posteriores al parto. Gracias a él Sakura crece. También ha de estar alto para producir la leche.


¿Pero sabéis qué es lo que más me gusta de esta doctora?


Durante las ecografías va describiendo todo lo que ve como si fuese lo más bello y especial del mundo.
¡Mira qué cabecita! Voy a medirla.
¡Está colocada! Ya está en posición de parir, mírala ella, qué perfecta es. Sus medidas coinciden perfectamente con la edad gestacional. Está súper proporcionada. ¡Qué corazoncito! Mira cómo late. ¿Ves la línea de debajo? Es el diafragma, qué bonito, está perfecto. Los riñones, las piernecitas... Aaah, ¡¡foto de piés!! Qué bonitos mirad, mirad, y esa es la manita, qué grande está ya (y hace foto que nos la imprime). Y la columna, qué barrigita... Qué bien la cuidas, no va a querer salir.


Y así, todas las ecografías con esta mujer son una aventura.


Y no me arrepiento de haber escogido un hospital que me pilla a tomar por culo del trabajo para venir a las revisiones (pero más cerca de casa, pensando en el parto y post-parto). Y me alegra haber cogido a esta ginecóloga tras la recomendación de una compañera.


Porque puedo comparar al médico que le ha tocado a mi compañera de trabajo (estamos embarazadas las dos), que viene estresada de cada revisión: no comas hidratos. Has engordado 5kg (en 4 meses). Tienes que hacer ejercicio moderado. No te pases. Prohibido embutidos. Y no le explica las ecografías. Tenía náuseas y lo primero que le recetó fueron pastillas, que se las tomara, sin preguntarle si quería tomarlas (no se las tomó). No le quiso decir el sexo aunque lo sabía desde el tercer mes, ni una noción. Es serio y muy borde, con una mujer que tiene un embarazo de riesgo y se estresa con cada visita. No me parece normal.


Ella me pregunta extrañada si no me dice nada del peso y la comida, y yo le digo que jamás me ha dicho nada del peso. Solo me informa cuando hay algo anormal, que ha sido la primera vez en esta última revisión (por los análisis), y ha sido todo positivo también.


Otra cosa que me gusta de esta ginecóloga es que atiende los partos de todas sus pacientes. Sea de madrugada, festivo, esté o no de guardia. Ella asiste al parto. Y de no poder, lo realiza su equipo, con sus directrices. Me tranquilizó leer opiniones de ella hablando de partos a los que asistió de madrugada o en festivos que estaba en su casa o a dos meses tras haber dado a luz. Porque yo creo que si no está ella en mi parto me dará algo, puesto que es verla y me relajo. Transmite una paz y una tranquilidad...


Por eso siento que elegir un buen ginecólogo es parte esencial de un embarazo sano. Todo eso sumado a que respeta la decisión de la madre en el momento del parto... si quiero natural, de pié, sentada, lo que sea... los matrones durante el curso de preparación al parto también me tranquilizaron en ese aspecto.


Estoy tan tranquila para cuando llegue ese día. Pienso que solo con la información recibida, el que lleven un protocolo de lactancia materna: dos horas madre/bebé tras el parto para fomentar la lactancia, y el haber visto la sala de dilatación y que te expliquen los protocolos, ya es una parte del trabajo hecho. Nos hablaron sobre las visitas, la importancia de saber decir que no. Tras visitar las habitaciones del hospital y ver una habitación abarrotada de gente pasándose al bebé de mano en mano, Karate y yo decidimos que visitas en el hospital 0 (excepto abuelos-tíos). Y los amigos con cita previa en casa.


Así que nada, esperando que llegue el día e intentando ver el último trimestre de manera más positiva. Puesto que el segundo trimestre he estado muy decaída con todas las pérdidas familiares y necesito ver algo positivo. Menos mal que tengo una doctora que solo con verla hace desaparecer mis miedos.


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1 comentario:

Speedygirl dijo...

¡Madre mía! Último trimestre ya! Cómo pasa el tiempo! Cuídate mucho!