Seguidores de mis paranoias...

martes, 5 de julio de 2016

¿Sabéis el dicho ese de "mujer legrada, mujer embarazada"?

Cuando me dieron de alta en el hospital, vino a traerme los papeles una enfermera. Dudaba si darme las ecografías con mi útero limpito, pero le dije que no pasaba nada, que las quería para mostrárselas a mi ginecóloga (todo esto, mi ginecóloga no sabía nada, la llamé al día siguiente para darle la noticia y coger cita para la revisión post-legrado).


La peor parte de la operación fue soportar la vía durante todo el día en mi antebrazo izquierdo. El resto fue una nube. No por las drogas, puesto que lo máximo fue la sedación y el suero con antibiótico que debían estar metiéndome en vena. Sino que era como que no me lo creía.


Acababan de limpiarme algo muy buscado. Algo deseado. Era... extraño. Pero no me sentía mal. Estaba aliviada. No era auto-convencimiento. Era puro, puro alivio.


De repente, cuando sales del hospital, todos los que sabían de mi embarazo conocían a mujeres (ellas mismas, hermanas, amigas, parejas, madres, tías...) que habían tenido abortos. Montones y montones de abortos. Todas las mujeres de mi alrededor habían tenido uno o dos abortos propios o cercanos. Todas las personas que me habían felicitado y me decían que eso iba a salir bien, que no me preocupara, de repente todas tenían experiencias en abortos espontáneos y que eso no pintaba bien desde el principio, que ya lo veían venir.


¿Por qué la gente engaña? ¿Por qué todos van de positivos cuando tú les dices que hay un riesgo real y esconden sus drásticas verdades? ¿No era mejor decir: "si abortas no pasa nada, mi mujer tuvo un aborto y legrado y luego todo fue bien, si lo pierdes no es el fin", que engañar diciendo que eso no era nada y que todo iba a salir bien?


¿Es que abortar sigue siendo un tema tabú? ¿Por qué no puedes hablar de abortos delante de una mujer con embarazo de riesgo?


No me hacían sentir mejor, me hacían sentir engañada y cruel. Cruel porque todos me decían que iba a salir bien y yo estaba deseando que eso terminara porque lo veía mal. Cruel porque prefería abortar. Me hacían sentir mal porque si eso iba a salir bien, ¿por qué tenía tantos pensamientos negativos?


Y luego otra frase que escuché hasta semanas después del aborto:


- Mujer legrada, mujer embarazada.
- ¿Sabes ese dicho de "mujer legrada, mujer embarazada"? ¡¡No te preocupes que ya verás que pronto te quedas embarazada!!
- Hay un dicho que dice: mujer legrada, mujer embarazada. Ya verás.
- Tranquila, mujer legrada, mujer embarazada.
- Ay, pero no te preocupes que ya verás que no tardas nada en volverte a quedar preñada.


Empecé a odiar la frasecita de los huevos.
Yo seguía estresada de la mierda universidad. No por su dificultad, sino por la avalancha de trabajos que nos estaban mandando realizar. No era el mejor momento para ponerse a buscar ni arriesgarse a quedarse preñada. En el trabajo me estaba afectando el estrés. Incluso hablaba mal a mis compañeros/as, tanto del trabajo como de clase. No quería saber nada de nadie y el estrés estaba pudiendo conmigo.


Y tuve la primera regla tras el legrado, que me dolió como si me fuera a morir. Os juro que me duró 5 días (me vino a los 20 días de la operación), pero fueron los 5 días de dolor y sangrado menstrual más fuertes de mi vida, coincidiendo la semana santa en Asturias, con paradas en Cantabria y Burgos, con mis compañeras de clase.


Pero bueno, tras eso, pensando que el dicho era mentira, pues volvimos a ponernos a ello. Con suerte para el verano después de exámenes pues dábamos la nueva noticia.


Cuando me tenía que venir la siguiente regla no tenía dolor de barriga (como siempre, que me duele desde unos días antes), en cambio: las tetas sí me dolían. Y me empecé a emparanoiar.
Como tenía cita con una ginecóloga naturalista en 4 días y no quería perder la cita (la había solicitado en el anterior embarazo y me dieron para 4 meses después y no quería anularla por miedo a quedarme embarazada y que no pudiera llevar mi embarazo ella), me hice un test de embarazo, que, por supuesto, dio negativo. Tanto repetir el maldito dicho, me lo había creído y todo. Y ya me estaba comportando como si lo estuviera. Hasta mi cuerpo sentía cosas...


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