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martes, 26 de julio de 2016

De cómo una hipoteca te estresa, un embarazo te condiciona y dos funerales te matan

Cuando te quedas embarazada te cambia el chip.
Cualquier persona que me conozca sabrá que lo de hipotecarme no estaba entre mis planes. Me gusta mi libertad. Cuando pensaba en maternidad pensaba en mi bebé y yo. Y de repente me encuentro con que he de hacer una vida no solo con su padre, si no también con una casa.


Alquilar no es barato. No es una inversión para el futuro. Ojo: NO es tirar el dinero. Pero significa vivir al día. Sabes que habrás de pagar el resto de tu vida, con mudanzas y esas mierdas agotadoras, dependiendo de otras personas (porque en mi caso, con mi sueldo, no puedo vivir sola; y encima que te toque un casero bueno). En cambio, una hipoteca es más barato (incluso con mi sueldo podría permitirme pagarlo). Más caro, anualmente, si sumamos la comunidad, impuestos, seguros y esas cosas. Pero mes a mes es un desahogo, saber que en 30 años (a plazo fijo y con una buena oferta por mi trabajo) sólo te quedarán los impuestos.


Y cuando te quedas embarazada, piensas en ese futuro y comienzas a buscar pisos en todas las webs de pisos que existen en internet.


A mediados de mayo comenzamos a mirar pisitos por la zona donde vivimos ahora; confirmando previamente que nuestro casero no quería vender el maravilloso piso -ubicación, características- donde estamos de alquiler. Y a finales de mayo decidimos llamar para ver algunos pisos que, para nuestra desgracia: YA ESTABAN VENDIDOS. Alguno llevaba solo una semana publicado y nos dijeron que la zona que queríamos estaba muy solicitada y, exceptuando pisos que necesitasen una gran reforma o pidiesen demasiado, volaban.


Así que en plena semana de exámenes fuimos a ver 5 pisos. Y...efectivamente. Piso que veíamos, necesitaba una buena reforma o era pequeño y caro. Hasta ver el 5º piso: ¿reformado, con calefacción central y por ese precio? Llevaba puesto 4 días el anuncio y fuimos los segundos en reservar visita. Los primeros estaban interesados pero no podían conseguir la hipoteca y, al ir por orden de visita, estábamos los primeros por si dábamos el sí. ¡¡Dos horas más tarde llamaba para reservarlo!!


¿BUSCAR PISO Y ENCONTRARLO EN UNA SEMANA? Un riesgo, sí, pero...reformado, con calefacción central (al ser 8 edificios la comunidad-agua-calefacción salía bastante barato, de todos los que habíamos visto) y sin necesidad de tocar nada, con la cocina amueblada y toda la casa si queríamos, 3 habitaciones por el precio de uno sin reformar... no tenía trampa, es que la dueña estaba en una residencia y necesitaban el dinero cuanto antes para poder pagarla, bajando el precio a sabiendas que valía más.


Así que una semana más tarde firmamos el contrato de arras y comenzó la odisea de visitas al banco solicitando el 100% de la hipoteca que nos denegaron el último día por el 80% (por tener varios créditos de coches) y tuvimos que pedir prestado al hermano de Karate porque a nosotros no nos bastaba. Fue horrible. Pero el día 6 de julio firmamos y fue un desahogo. Hasta que vimos el piso. Estaba lleno de cosas, sí, PERO TODAS INÚTILES, ropa y cosas por doquier.


Todo esto sucedió en un mes. Fue un mes estresante. Pero al fin y al cabo con final feliz. Ya hablaré de cómo ha sido y está siendo todavía la mudanza a finales de julio...


Paralelamente a nuestra odisea de búsqueda de bebé, embarazo, aborto y embarazo de nuevo, me informaron que le habían detectado cáncer a mi tío, mi padrino. De hígado y colon. Durante el tiempo que yo pensaba en clases y bebés, él luchaba contra ese cáncer. Le operaron varias veces y la quimio le funcionaba. Le vi en diciembre en Mallorca y le seguía en Facebook y cada vez estaba mejor. Ponía fotos de comida chachis y con su familia y todo iba bien.


La verdad, en junio sólo le faltaba una operación para terminar y, mientras yo le informaba qué tal iba mi embarazo, él estaba finalizando su lucha contra el cáncer. El lunes 13 de junio él entraba en quirófano y esa última operación salió perfecta. El martes 14 de junio me hicieron la ecografía donde me dijeron que iba a ser niña y que iba todo bien. Informé a la familia en cuanto salimos de la consulta y esa misma tarde-noche estaba la familia en la habitación de mi padrino hablando de la nueva noticia. Yo quería esperar a hablar con él cuando saliera del hospital.


El miércoles 15 de junio me llamó mi padre. Pero no era mi padre el que estaba al teléfono. Era mi tía. Mi Tocaya. Mi tía favorita. Por la que llevo mi nombre. La que me informaba de qué tal estaba toda la familia y a la que llamaba más que a mi madre. Empezó a llorar diciéndome que mi padrino, su hermano, había fallecido hacía unas horas. Y que no quería decírmelo por "mi estado" pero que mi padre le obligó a decírmelo. Le dije que tenían que decírmelo, que estaba embarazada, no enferma, y al colgar me empecé a maldecir por no haber llamado el día anterior a mi tío por esperar a que saliera del hospital. Era su última operación contra el cáncer. No murió de cáncer, si no de las consecuencias de la quimio con otras partes de su cuerpo, causándole una infección (riñones, etc...) que le terminó llegando al cerebro y el miércoles ya no pudieron despertarle.
Y, llorando, mi Tocaya me dijo algo que me dolió, muchísimo...me habían escondido, TODA LA FAMILIA, que mi otra tía (mi madre eran 9 hermanos, y acababa de perder a su segundo hermano, quedando 7), estaba enferma de cáncer y le quedaban dos o tres meses de vida. Llevaban un mes sabiendo la noticia y me la habían escondido "por mi estado".


No pude ir a Mallorca. Primero porque no tenía dinero y salía a más de 200€ ir (teníamos que pedir prestado para la hipoteca, no podía gastar ni un céntimo hasta habernos concedido ese 100% que finalmente nos denegaron). Y segundo, porque todos me decían que ni se me ocurriera coger un avión "en mi estado". También es cierto que yo soy muy práctica con esto, y me daba cosa ir para estar viendo llorar a todo el mundo y no poder hacer nada, así que me quedé en Madrid y pasé sola esa transición.


Cada semana llamaba a mi madre y a mi tía Tocaya para preguntarles qué tal estaban y también para que me contara cómo iba pasando los días mi tía Fina. Mi tía Fina es especial, puesto que perdió a su hermana gemela de cáncer en el 1999, discapacitadas ambas, y a ambas habían de engañarles porque no asumen cierta información, debiendo omitirles ciertas cosas.
Me contaba que Fina pensaba que estaba enferma por hacer dieta, ya que había adelgazado mucho y tenía que seguir una dieta súper estricta, aunque le habían dicho que estaba enferma por otras cosas (sin especificar) y que tenía que cuidarse mucho, tomar ciertas pastillas y cuidarse mucho.


Hablaba mucho con mi madre y mi Tocaya. Y el día 6 de julio firmamos el piso y mandé fotos de cómo estaba todo y me contestaban desde el grupo que abrí del bebé. Mi madre y mi tía.


El miércoles 7 de julio fue uno de los peores días de mi vida. Porque me llamó mi padre y, por primera vez en mi vida le escuché llorar y era incapaz de decirme qué pasaba.


- Tu tía...
- ¿Ha pasado algo a Fina?
- No. A Magdalena - mi Tocaya-.
- ¿Magdalena qué?
- Un ictus...-llora-. Te paso a tu madre.


Y así fue como me dieron un mazazo en toda la cara. La noticia que nadie quiere oír, como si me hubieran dicho que mi madre había fallecido. Me dolió igual. Dejé de escuchar y, al colgar, miré billetes a Mallorca. Caros, por supuesto. Pero ya sabíamos el presupuesto de todo y Karate me dijo que podía ayudarme con otra cuenta que tenía algo ahorrado. Llamé a mi hermana mayor y estuvimos hablando de lo increíble que nos parecía todo. Y luego me llamó mi hermana pequeña que tenía que ir sí o sí, que me lo pagaba ella aunque fuera.


Y fui al día siguiente, pero porque Karate me ayudó económicamente. Y fue el peor viaje de vuelta a casa de mi vida. Odiaba ir. Odiaba tener que ir por ese motivo. No podía creérmelo.


Estuve con Fina, a la que ahora se turnan entre los hermanos que quedan para cuidar de ella. Y me contaba cómo estaba llevando la "no" pérdida de Magdalena (con la que llevaba toda la vida viviendo, las dos hermanas) y decía que le había pasado porque debió comer algo en mal estado. Sabía que no estaba pero la llamaba por las noches y, cuando escuchaba a alguien subir por la escalera, pensaba que era ella.
También me dijeron que lo que creían que era un ictus inicialmente, fue un ataque al corazón. Llevaba días mal pero no decía nada porque pensaba que era de la tensión. Y se paró. Delante de sus hermanos cuando fueron a verla porque decía que se encontraba mal. Llegaron para verla caer y llamar a la ambulancia.


El mazazo fue para todos. Porque era una mujer... que ya hablaré de ella. Hizo por la comunidad lo que nadie. Porque para mí (y para muchos) era un ejemplo. El mayor de los ejemplos. Y el único consuelo que me queda es que pudimos disfrutar de su ciudad favorita sus últimas navidades, que traje a Fina y a Magdalena a Madrid para pasarlas juntas. Porque yo admiraba lo que ella tenía, y ella me decía que si volviera a nacer haría lo que yo hago y viviría donde yo vivo.


No creo en segundas vidas ni estas cosas, pero ella sí, y espero que lo cumpla si es cierto.
Y en dos semanas vuelvo a Mallorca, y solo espero que esté mi tía Fina todavía, quien empeora día a día.


Estar embarazada no es estar enferma. En mi estado puedo viajar y llorar. Estar triste y despedirme de quien quiera. Tengo derecho a sentir. Más que nunca.


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