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jueves, 16 de junio de 2016

Parece que el 2016 está siendo mi año (Parte 2)

Recuerdo que el lunes 25 de enero teníamos un examen, el primero del cuatrimestre. Llevaba una semana con dolor de regla, de cabeza, de retraso y de puto estrés porque no quería estudiar, esas dos semanas de exámenes las cogí de vacaciones (me sobraron 11 días de vacaciones del año anterior) supuestamente para estudiar... ¡¡y no hice nada!!


Esa mañana me sentía fatal. Así que fui a la farmacia y compré un test de embarazo. Porque una semana con síntomas, unas tetas ultra inflamadas y una vena súper verde atravesándome el pezón, eso era raro.


Y bueno...
¿Eso se come? Huele a pis.


Pareció que sí. ¡¡De 2-3 semanas!! Y yo estresada. ¡Y de exámenes! Esa tarde tenía uno que sólo había leído los apuntes el día anterior y esa mañana en vez de repasarlos, estaba haciendo fotos a un test de embarazo y me dio un micro-ataque de pánico.


Si era lo que quería... ¿Qué hacíamos ahora?


Cuando se lo dije a Karate lo primero que me soltó al ver mi cara es: "ahora no te eches para atrás... si era lo que querías".


Esas dos semanas de exámenes no estudié una mierda, y la media de notas de esos exámenes fueron entre el 8,7 y el 9,5. Así que la Universidad NO ES DIFÍCIL. Estresada, preñada y sin estudiar, solo con la asistencia a clases y lectura el día anterior.


Esa fue la parte buena del embarazo.


Entre el 27 de enero y el 14 de febrero fui a la ginecóloga 3 veces. El 27 para confirmar el positivo. Que me lo confirmó. Me dijo que fuese a la semana siguiente para ver su crecimiento, que ya debía de haber pasado las 4 semanas. Tras comprobar que el embrión estaba bien implantado la semana siguiente, me dijo de volver a la siguiente, poniéndome en sobreaviso de que si sangraba, fuese a urgencias.
El 11 de febrero me dijo que tenía latido, pero que no se correspondía el tamaño del embrión con la fecha de embarazo. Y me volvió a decir que si sangraba, fuese a urgencias.


Por la tarde del día siguiente (viernes), en un descanso entre clases, fui al baño y encontré un poco de sangre marrón en las bragas. Nada preocupante si no fuese porque estaba preñada. Al día siguiente por la mañana apenas salió nada. Y por la tarde volvió a sangrar marrón, como de final de regla. Así que fuimos a urgencias ese sábado por la noche.


Por el color y cantidad, era posible que simplemente fuese el sangrado de implantación.
Así que tranquilos y para casa. Tenía latido. Estaba de 6 semanas. No problema. Dejaría de sangrar en uno, dos días. Y que solamente teníamos que preocuparnos si en vez de la sangre de color marrón oscuro, pasaba a rojo.


Así que por la mañana del domingo, cuando salía marrón oscuro, me sentía tranquila. Lo malo fue por la tarde, mientras estaba hasta el culo de leer mierdas "te quieros" de la gente por Facebook todo el día con el mierda de día de San Valentín, fui al baño a mearme en todos ellos y salió la sangre tan roja que volvimos esa noche a urgencias.


Ahí el sangrado pasó de implantación a riesgo de aborto. Una semana de baja. Ya tuve que avisar a los del curro, que desconocían mi estado, y fliparon un rato.


Estuve toda la semana en casa cuidada por Karate y su madre, que venían a traerme comida y cuidar de las gatas por mí mientras yo me sentía una enferma de mierda, inválida y con ganas de salir a la puta calle. Estaba odiando estar embarazada tras tres días postrada. Llegué a pensar que eso era mejor que no saliera adelante. Llevaba tres semanas escuchando a los ginecólogos que me veían que el embrión no estaba creciendo, y aun así me sentía obligada a seguir adelante con ello tomándome pastillas (progesterona) y mierdas para que eso no se cayera. Cuando la naturaleza parecía pedir lo contrario.


Finalmente, una semana y media después, de 7 semanas, fuimos a urgencias de madrugada porque estuve 4 horas dando vueltas en la cama sin poder dormir del dolor. No era un dolor fuerte. Era un dolor constante y por ráfagas. Era aguantable, pero incómodo, porque cada vez que paraba y parecía que podía dormir, volvía y no me permitía conciliar el sueño otra vez. Y otra vez. Y otra vez.


- Vamos a urgencias - le desperté.


Al llegar a la consulta, el ginecólogo me preguntó si me dolía mucho, puesto que estaba con contracciones. El saco estaba vacío. Y miré a Karate y nos dijimos: "menos mal, por fin". Lo peor fue cuando nos dijo que eso no iba a caer por su propio peso, así que había que hacer un legrado.


Tres horas después, el 23-F (una fecha para recordar, ¡quieto todo el mundo!), me ingresaron y me practicaron un legrado, del que salí bastante despejada y animada. Se terminó la pesadilla, del no poder decidir que todo surja de manera natural, de sentirme obligada a seguir adelante con algo que me decían que no iba bien y estaba haciendo que odiase estar embarazada, cuando era mi mayor deseo en esos momentos, y... podía volver al trabajo y a las clases al día siguiente.




Continuará...

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