Seguidores de mis paranoias...

viernes, 8 de agosto de 2014

Praga (día 4)

Y empezamos la mañana desayunando fuerte y cogiendo el coche tempranito para ir a nuestra primera parada, a una hora de Praga: Kutná Hora. La ciudad en donde se extraía la plata con la que la Rep. Checa llenó sus arcas.

Estábamos ilusionados por ver la famosa Capilla de Huesos y también las catedrales que tiene (dos, para ser exactos) en una ciudad bastante pequeñita, y también teníamos ganas de comer en un restaurante que nos recomendaron donde hacían un exquisito goulash de carne de jabalí, donde no hacía mucho había estado comiendo el mismo Tim Burton cuando fue a inaugurar su exposición que tenía en la plaza vieja.

Fue la primera vez que veía las carreteras de ese país (mis amigos ya habían circulado por ellas el día anterior, y yo fui en tren a Terezín, así que me pilló de nuevas)... he de decir que me dio un poco de miedito. Pasabas de la autovía a una carretera principal que debería ser como una nacional de España y te encuentras con una comarcal, sin las líneas pintadas para delimitar cada carril y con los coches yendo a toda velocidad. Y camiones, muchísimos camiones a los que costaba adelantar.
Los paisajes eran maravillosos, no vamos a mentir. De un verde fuerte y muchísima vegetación y extensos campos de trigo y cebada para elaborar su famosa cerveza. De repente pasabas por un bosque y la carretera te atrapaba entre los árboles. Era como ir por Asturias o Galicia, alguna carretera perdida del norte de España, pero con carreteras más rectas y sin tanta montaña.

Y llegamos a Kutna Hora y lo primero que fuimos a las afueras para ver la Capilla de Huesos. He de reconocer que pensé sería más decepcionante (ver dos calavericas y un hueso por aquí y por allá)... Y PARA NADA. Nos encontramos con una pedazo sala donde los huesos y las formas en que lo decoraban lo petaba. Era como entrar en la fiesta de la Muerte. La verdad es que el sitio impactaba y lo considero un lugar imprescindible a visitar:

 
Luego ya visitamos una iglesia y las dos Catedrales. La de Sta. Barbara es muy bonita y digna de ver, merece la pena pagar la entrada:
 
 
 

Luego comimos en el super restaurante recomendado que no defraudó y que sin duda, si vuelvo a ese país volveré a visitar.

Luego cogimos coche y nos fuimos de ruta a ver el Hospital de Kuks. En todas las guías y web del país lo recomendaban por sus jardines, sus estatuas y la historia que lleva consigo... pero gran decepción tras más de dos horas de coche por esos bucólicos paisajes... ESTABA CERRADO POR OBRAS. Había más gente indignada. Saltamos la valla para por lo menos ver las estatuas famosas de las virtudes y los pecados...y las vistas, eran bonitas al menos. Dimos un paseo y había un cementerio pequeñito donde tiramos 4 fotos, ya por indignación después de la matada del coche.


Para desquitarnos decidimos ir a ver el castillo de Český Šternberk, que aunque ya estaba cerrado por la hora que era (más de las 19h) decidimos verlo desde fuera y he de decir que no decepcionaron las vistas. Hicimos el tonto arriba y también a la vuelta hacia Praga, que paramos a hacer fotos desde la montaña al pueblo y al castillo, aprovechando la puesta de sol, que era magnífica.
 


Tras otra hora de coche y pico llegamos a Praga cansadísimos, y decidimos dar una pequeña vuelta y cenar algo ligero para madrugar todavía más para la ruta de castillos del día siguiente, que teníamos que devolver el coche 19:30h para que no nos cobraran otro día más... y ese día habíamos llegado sobre las 21h entrando sólo a 1 de los 3 sitios, y en este caso eran otros 3 y queríamos entrar en todos los castillos...

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