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jueves, 10 de julio de 2014

Metro de Madrid y el respeto por sus personajes.

Es curioso este Mundo en el que cada uno se viste como quiere y opina lo que quiere. Hay que aprender a vivir con ello, respetarlo e ignorarlo en caso de ser super desagradable, porque cada uno elige ser lo que es (dentro de un orden y una legalidad) y no deberíamos meternos en su vida por mucho que nos duela verlo u olerlo.

En los bebés existen los famosos percentiles, esos que si estás entre el 3 y el 97 te miran más o menos bien, como mucho dirán que tu hijo está gordito o delgadito, pero no dicen obeso o desnutrido. Cuando sobrepasan esos percentiles tanto a lo bajo como a lo alto, ya empiezan a llamar la atención, ¡¡peligro!! o el niño tiene un problema o tú eres un mal padre/madre.

En las personas adultas también existen esos percentiles, pero ahí ya eres tú el que elige, es menos probable que se deba a un problema (económico, social, familiar, afectivo) o una enfermedad (psíquica, física, endocrina) y, en caso de ser por uno de esos motivos, no son los primeros que nos vienen a la cabeza a los que vemos a esa persona desde fuera de su círculo. El que es suficientemente mayor, lo es para saber qué ropa le queda bien o mal, o si está obeso ha de adelgazar y es un vago o el que huele mal es porque no se lava y el que lleva la camiseta sucia es un guarro. No hay más. Y evitas sentarte cerca. Y evitas mirarle y de hacerlo es de reojo. Y le esquivas si se acerca.

Y aunque yo sea muy liberal para muchas cosas, incluidas las sexuales, me sigue repugnando ver a parejitas metiéndose mano y dándose lengüetazos y escuchando su intercambio de saliva en los sitios públicos. Me da asco hasta la náusea sentarme al lado de alguien que huele mal, incluyendo la peste a tabaco... ver a esas chicas super monas todas maquilladas y super bien vestiditas y la ostia en la cara que te dan al pasar por tu lado y oler esa mezcla a perfume caro a chorros sobre ellas y el tabaco, argh, para qué te aseas si de todas formas apestas, la mezcla de olores es nauseabunda. Digo chicas como también digo chicos, hombres, mujeres, señoras y señores. Pero me hace hasta gracia ver, sobretodo, a los/las que se arreglan tanto para... joderlo con el tabaco. Ese olor rancio que se pega en la ropa y en mi nariz y garganta cuando pasan por mi lado. Lo detesto.

Pero claro, es mi opinión.

Todo lo que se sale de los percentiles, nos llama la atención y, soy humana: así que también miro de reojo e incluso soy de esas personas que hacen fotos a lo que me llama la atención para mandarle un whatsapp a mis amigos diciéndoles: "mirad, mirad... qué personaje".

Sí... porque esos personajes te hacen la vida más divertida, aunque sea para reirte de ellos (suena cruel, pero seguid leyendo). No dejan de ser personas iguales (con sentimientos, temores, familias y problemas,  hambre y sed, necesidades básicas) y diferentes (materialmente, vestimenta, peinado, económicamente, laboralmente...). Y lo que antes hacías por diversión: "mirad, mirad... qué personaje", es: "¿no creéis que se parece a Jack Sparrow?" y no lo dices a mala fe, sinó a: "alguien diferente que se la suda qué opinen de él", y como te lo cruzas varias veces, vas dando novedades a tus amigos sobre los cambios que ves. Y cuando no están en tu trayecto, les echas de menos...

 
Como la mujer "Ella habla sola" del cercanías. Durante semanas la veía todos los días a las 06:35h a.m. en el andén: cogíamos el mismo tren, subiéndonos en el mismo vagón, entrábamos por la misma puerta y bajábamos en la misma parada. Hablaba sola. A gritos. La miraba de reojo y escuchaba atentamente todo lo que ella quería decir a las personas que estábamos.

- Es que no lo entiendo. ¡¡NO LO ENTIENDO!! Viene, se va. No lo entiendo. No, no lo entiendo.

Porque ella nunca entendía. Durante esas semanas no entendía. Y era intrigante. Y hacía que no con la cabeza. No, no y no. Y no entendía. A todos nos da miedo preguntar a una persona así qué era lo que no entendía, porque podría ser una científica que ya no veía bien por sus razones la teoría de cuerdas o si estábamos en Matrix. Me quedé con ganas de saberlo porque no la he vuelto a ver jamás.

O la señora extraña de Embajadores... esa señora que miraba fijamente a las cosas con su base de maquillaje del tono "fantasma", colorete rojo "Caperucita" y ojos exageradamente azules...

 

Y de camino al trabajo, se sube una señora con un librito gastado. Mira al techo y luego al libro mientras articula sin sonido alguno las frases del texto que lee muy exageradamente, con una mano sostiene el libreto y con la otra, en puño, va de la barbilla al cuello, mirando al techo, y al librito otra vez. Yo levanto la vista del libro (La Espada de Fuego, de Javier Negrete), y la observo. En un momento que ella baja la mirada al libreto, nuestras miradas se cruzan. Otra vez. Es el tercer día consecutivo que la veo. El librito gastado pone Código 1260. Pienso que será algo cristiano exagerado por sus gestos... pero bueno, no tengo ni idea de qué va.
Llego a la oficina y me pongo a googlear... y efectivamente, esa señora se sabía todo el código de memoria. Dice que cada 3 horas has de orar... y ahora que lo sé me pregunto ¿por qué? Tener que vivir tu vida mirando el reloj pensando que cada 3 horas has de abrir el librito, mirar al techo y orar, orar y orar. Como un esclavo. Como los seguidores del método Estivill con sus bebés desde que nacen para enseñarles a dormir y no llorar (¡¡un bebé de un día!! resulta que de niños hemos aprendido a dormir desde siempre sin problema con el tiempo y durante toda la historia de la humanidad lo hemos hecho mal, ¡oh!, mil gracias, Estivill). Esclavos de métodos y de creencias de otras personas.
 
Y tengo que respetarlo. Porque ella ha elegido ser esclava del reloj y de ese código. Y tengo que respetar que la mujer "Ella habla sola" del cercanias no entienda nada y no haya podido ayudarle con su duda. Y tampoco con Jack Sparrow o la señora de Embajadores y su poco elegante maquillaje y mirada penetrante. Y por mucho que me duela, he de respetar que haya padres que vivan como esclavos de un método en el que enseñan a los padres a pasar de sus hijos diciendo lo que "deben" hacer. Porque habla de deberes. Con sus tiempos (un minuto, dos segundos, tres cuartos de hora...), distancias (un metro de la cuna, tres metros de la cuna) y horarios (a las 14h, a las 21h...). HORRIBLE. Pero he de respetar que prefieran una vida atados al reloj, cronómetro y cinta métrica sin abrazar a sus hijos ni poder darles todo el cariño que les gustaría porque Estivill dice que no, que los acostumbran mal.
 
Y ellos tienen que respetar que yo lea libros de fantasía en el metro. Que no crea en Dios ni Dioses. Que yo lleve mis faldas largas del mercadillo y que me lave con Pantene para cabellos rizados y cambiarme de asiento si el de al lado me da náuseas con su olor a tabaco con Varón Dandy. O que tenga granos (a mucha gente le asquean los granos, como si se contagiaran) y marcas. He de comprenderlo y aceptarlo.
 
Y así estoy, pensando en percentiles y gente rara (para mí). Pero es que aunque no me guste o me parezca curioso o lo encuentre extraño, tengo que vivir con ello. Y todos nosotros también. Es difícil respetar todo, por eso he desarrollado un humor negro maravilloso que genera que todo lo que me duele, molesta o no entienda, me haga gracia y conviva mucho mejor con ello.
 
Paz, hermanos. Respetad a esos personajes porque son los que nos hacen la vida más divertida, diferente, sacándonos de nuestra rutina. Y cuidad de los bebés, son el futuro.
 
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