Seguidores de mis paranoias...

jueves, 6 de febrero de 2014

El amor es como un pedo.

Cuánto más huele, significa que viene de lo más profundo de tu ser.

Así es. No hay amor sin pedos. Y no hay pedos sin amor.

Recuerdo en el instituto una compañera llamada Alba, que decía que si su novio se tiraba un pedo o un eructo delante suyo, que le dejaría inmediatamente. Que qué asco. Madre mía cómo podía haber gente tan cerda de hacer esas cosas. Que ella no se tiraba pedos. Que jamás se había tirado un eructo.

Todas las del grupo (otra Alba, la Virgi, la Ana y demás... yo escuchaba marginada dibujando desde la mesa de atrás) le apoyaban, le decían que tenía razón. Que ellas tampoco se tiraban pedos y, recuerdo a la Ana, confesar muy, muy roja, que ella una vez se tiró uno cuando una vez -hacía años- tuvo una diarrea, porque estaba enferma.

Así es el amor entre jóvenes de 15 años. Yo pensaba, para mí: "joder, pues yo me tiro pedos cada vez que cago, a veces cuando voy a mear y cuando estoy en el sofá. Y eructos... ¿no les salen con la coca-cola? Y mis hermanos... y mi madre... ¿tendrán razón y somos una familia de cerdos? qué asco damos, la gente normal no se tira pedos....". En mi ignorancia, en mi maltrato psicológico para con mi clase, yo oía esas cosas y me las creía. Y más me automarginaba con que yo no era normal, que merecía que me pegaran y esas cosas.

Al igual que me creía que si meaba y cagaba a la vez era porque tenía cáncer e iba a morir.

Siempre he sido muy inocente.

Años más tarde tuve pareja y yo evitaba tirarme pedos porque eran de cosas anormales. Los eructos de mala educación...
Hasta que un día iba camino de la cocina, recién levantada y él estaba en el baño, había salido 5 minutos antes que yo "a mear".
Salí al pasillo y entonces respiré (aunque nunca he dejado de hacerlo).
El pasillo olía a mierda podrida y me di cuenta que allí se había gestado algo. Se había gestado la peste bubonica. Negra. Negra era la hora en que aquello estalló en el pasillo haciendo llorar hasta las paredes. Era un olor que se veía y sentía. Eso no era normal. Un muerto olería mejor que lo que provocó esa masa explosiva captada por los receptores de mis pelillos nasales provocando la muerte de éstos uno a uno entre terribles sufrimientos.


Y entonces él salió y hablamos seriamente de lo que acababa de ocurrir. Tardaron meses en volver a crecerme los pelos de la nariz. Incluso me despertó a veces con pedos bajo las sábanas para hacerme salir de la cama los fines de semana que me apetecía vaguear. Eructábamos tras cada ingesta de bebida gaseosa e incluso de comida sin gas. Gaseábamos el ambiente y éramos felices demostrando cuánta confianza teníamos y el asco que eso podía dar. Después de aquel fatídico día, cualquier cosa que saliera de mis intestinos olería a rosas y jamás me dio vergüenza tirarme pedos delante de él.


Después de él vinieron otros a los que no les mostré jamás mi olor intestinal. Pero pasa el tiempo y conoces a nuevas personas y descubres el placer que da no tener que aguantarse las ganas de pearse, de eructar y de dejar un rastro a tu paso en la cocina, en el salón, en el baño e incluso bajo las mismas sábanas.


Tirarse pedos mola un montón. Los que más gracia me hacen son los timidillos, esos que han salido y no se muestran, pero te ríes porque dices: "¡¡aaaah, me he tirado uno y no te has enterado!!" (aunque hayan permanecido en mis bragas unos segundos atrapados por su propia densidad). Luego lo devuelve con un sonoro pero inoloro. Es divertido.

Hasta que llega un día que te explota un pedo en la boca. Aunque los culos estén más abajo y el orificio detonante siga limpio de la velocidad a la que el recién bautizado Fat Man sale (en honor a la bomba de Nagasaki), son olores que traspasan cualquier frontera.Y entonces piensas que el amor no debería dar tanto asco. Yo pensé que era algo bonito. Pero llegó, de repente. Sin ninguna risa que anunciara su llegada. Explotó en mí, sin más.

- OOOOOOOOOOOOOH JODEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEER.
- JAJAJAJAJAJAJAJA
- ME VOY, VOY A MORIR. NO QUIERO MORIR.
- NOOOO, NO TE VAYAS.
- AQUÍ TE MUERES SOLO. NO QUIERO MORIR.
- NOOOOOOOOOOO.
- SUÉLTAME. MADRE MÍA, ÉSTE HA "NASIO PA MATÁ"
- JAJAJAJAJAJAJAJAJA
 -SUÉLTAMEEEEEEEEEEE

Pero es lo que tiene el amor. Que llega un día que te explota en la cara. Tú esperas que sea bonito, que sea un "te quiero". Que te diga que te necesita y que quiere estar contigo y no quiere que la relación termine.

Pero que te demuestre que morirá contigo aunque sea en la más absoluta de las pestes, eso también es bonito.
Porque es bonita, y asquerosa, la maldita confianza. Y yo la prefiero así.

Aunque a veces me gustaría que olieran a rosas y salieran palabras bonitas de los intestinos, pero están diseñados para que salga mierda. Es lo que hay. Y lo hueles, o lo hueles. Pero no lo puedes parar. Es inevitable. Has de cargar con ellos, expulsarlos y dejar que otro los huela. Y si él permanece, hay amor. Y si yo permanezco, es que te adoro como a ninguno.

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2 comentarios:

Haîmat dijo...

Hace un par de años tuve una profesora que nos daba sexologia que decia que los pedos eran confianza. Me acorde de eso la primera vez que me tire uno delante de mi pareja, sin darme cuenta y sin querer xD Despues ya vinieron los vaciles

Jill dijo...

Me has hecho llorar de risa, jodia. xD

Le tengo mucha manía a los pedos por culpa de mi hermano (cuando se tiene que tirar uno va a dónde esté para tirárselo en mi cara... y tras 28 años así... pues no lo soporto T_T), así que por ahora nos controlamos en lo que cuescos se refiere... aunque alguno se escapa y es muy biohazard. xDD

Sobretodo míos D: