Seguidores de mis paranoias...

lunes, 7 de octubre de 2013

JAPÓN DÍAS 3 Y 4: De pérdidas, karatekas, vistas y palacios cerrados.

El sábado 14 de septiembre de 2013 fue el peor día con diferencia.

Íbamos a ir a Nikko y al final no, porque Karate había quedado a media tarde con los del equipo de karate.

Ah, que no lo he contado: Karate participaba en el campeonato del Mundo de una modalidad de karate y había quedado en el hotel donde se alojaba el resto del equipo para recoger el dorsal y la entrada para poder entrar (compramos los billetes en febrero y se enteró en marzo que coincidíamos en Tokio los días del campeonato... casualidades de la vida, pues quiso participar).

Eso significaba que no podíamos irnos a dos horas de Tokio por si no nos daba tiempo a volver para la hora de quedada.

Tras desayunar arroz picante (el mismo que comimos el día anterior en Shibuya, pero en un restaurante de la misma cadena en Shinjuku) y gyozas, nos fuimos al parque de Ueno. Dimos un paseo por el mercadillo donde me enamoré perdidamente de la mitad de los zapatos y como moríamos de calor por la humedad tan asfixiante que hacía, tomamos unos refrescos "zero" edición limitada de Dragon Ball. Era una especie de caramelo el cual nos indujo a una sobredosis de azúcar y nos hizo buscar máquinas exprendedoras de insulina.

 
 
En el parque sólo vimos un templo en el que colgué un deseo para mis amigas madrileñas y cotilleamos un poco.
 
Paseamos nada y menos, nos recordó un poco al Retiro pero con templos y estatuas varias y un campo de beisball en todo el medio y árboles y ya. Así que dimos media vuelta, cogimos la JR dirección Tokio.

En Tokio cogimos el metro para ir a ver la torre de Tokio. Al salir del metro entramos en un edificio enorme donde había un mirador pagando una pequeña entrada. A Karate le sonaba de haber subido cuando fue hacía unos años, así que nos fuimos al primer ascensor que vimos y subimos hasta la planta 38 donde ponía: Sky Hall.
¿Fácil, verdad?

Nos recibieron dos chicas trajeadas que, al preguntarle por el Sky Hall nos dijeron en japoninglish (pa entenderlas!) que nos habíamos equivocado de ascensor (ese llevaba a un restaurante en el sky hall....) y nos acompañaron hasta el otro ascensor subiendo unas escaleras pero pasando a través de un evento de etiqueta. Íbamos en modo friki-hippy, así que no nos apetecía pasar por en medio de ese evento con toda la gente trajeadísima y seguratas con pinganillo durante 4 pisos.
Huímos de allí en español (que no y es que no) mientras nos decían "dont guorri here here", por el mismo ascensor en el que habíamos subido. Bajamos corriendo las escaleras que seguíamos encontrándonos y salimos al exterior, donde caminamos rápido hasta perder de vista la entrada del edificio.

De camino a la Torre de Tokio nos cruzamos con el Templo Zojoji, al que decidimos hacer fotos y nos quedamos un rato cotilleando el exterior (aunque no entramos porque ya se veía casi todo desde fuera). Antes de ir ya había leído en algún sitio que las estatuas que rodean el templo vestidas con baberos y gorritos de bebé y molinillos de viento, tenían un significado triste: cada una de las estatuas protege el alma de un niño muerto o no nato. Se cree que protegerán el alma de esos niños en su camino hasta el paraíso.

 
 Por fin llegamos a la Torre de Tokio donde no subimos porque había una cola para matar viejos.

Te recibían dos figuras super... rosas, y decidimos irnos rápido.

No sin antes ponernos ciegos a una crêpe deliciosa que vendían en un puesto debajo de la torre:
 
Entre la bebida sobreazucarada de Ueno y esta crepe maravillosa, temíamos morir antes de volver a España si seguíamos por ese camino. En Japón lo dulce es superdulce. No sé qué clase de azúcar utilizarán pero jamás había comido/bebido cosas más dulces.

Tras comernos eso en el parquecito que hay bajo la torre super chulo con río incluido (y muchos mosquitos), nos desplazamos en metro hasta Roppongi, donde entramos en el edificio de Asahi TV y optamos por no subir al edificio alto con mirador porque vaía 2000yenes (unos 16 napos) subir para ver más vistas de Tokio...

 Tienen una réplica de la araña del Guggenheim.
 El edificio con mirador en lo alto, caro de cojones.
 Había una fiesta de la cerveza donde se estaban poniendo ciegos a comida belga y alemana y cerveza.
 En Asahi TV tenían una exposición conmemorando el aniversario de Doraemon, y compré caramelos de Shin Chan.
Fuera tenía motivos amorosos. En Japón casi todo es amoroso y venden muchísimo las cosas con corazones y super infantiles de amor juvenil.

Algo cansados tras tanto caminar nos fuimos al hotel a dejar las cosas y descargar los intestinos.
Teníamos que estar a las 17:30 en el hotel de los de karate y salimos con más de una hora de antelación para poder llegar y ver el camino hasta el Budokan.

...

Todo habría sido más fácil si no hubiera varios hoteles llamados PALACE por la zona.


Y equivocarnos de entrada de metro.

Y que nos guiara un vagabundo que gritaba al techo y los lados a la nada, y agarraba a Karate del brazo de camino a las máquinas. Y luego nos quisiera coger el dinero de la cartera y teníamos que esconderla y luego nos medio obligaba a que le diésemos dinero y tuviéramos que irnos corriendo dirección metro donde...

Nos metimos en un metro que no hacía parada donde teníamos que bajarnos.

Y tuviéramos que dar media vuelta.

Y llegáramos a la hora de quedada a la parada de bajada.

Y le preguntáramos a un policía cómo llegar al hotel Palace y nos dijera: fifty minutes...

ONE POLLA LIKE A OLLA

Caminamos rápido media hora hasta el hotel Palace donde había aparcados en la entrada coches más caros que un chalet en la Moraleja.

Y nos recibieran unos tíos trajeadísimos que nos escanearon visualmente y que nos pidieron mil datos y nos dijeron muy amablemente que nos habíamos equivocado de hotel, y nos señaló en un plano otro hotel Palace, justo detrás de la estación de metro del que veníamos andando media hora.

Vamos, que teníamos que ir a un Hilton y nos metimos en el Ritz. Pero con el mismo nombre.

 Nos subimos a un taxi y tras 13€ y una hora después de la acordada, en la recepción le habían dejado el dorsal y lo que había ido a recoger. Nos fuimos mareados y enfadados y agobiados y cansadísimos dirección al hotel en metro, quedándonos con la salida para saber por dónde teníamos que entrar al día siguiente (que ya no podíamos fallar, teníamos que ir temprano), donde cenamos en el mismo sitio del primer día unos oyakodon (arroz, huevo, cebolla y pollo). Luego fuimos a un supermercado Seven donde Karate compró aguja e hilo para coser el dorsal al kimono y seguir caminando para ir a comprarme unas cremas a la Shiseido, porque aún era pronto para dormir.

- Bueno, ya lo tenemos todo, hilo, aguja, dorsal. Menos mal ya acaba el día.
- Sí.
- ¿No llevas la bolsa?
- No.
- ... YO TAMPOCO.
- NO ME JODAS.

Dar media vuelta y, sin muchos nervios porque en Japón dejas un iphone olvidado y te lo encuentras al día siguiente, la bolsa con el dorsal y la entrada y demás información del campeonato seguía en el mismo sitio como pensábamos.

Al final no compré cremas ni nada, pero sí dimos una vuelta por el supermercado donde compramos aquarius extra azucarado para el día siguiente (ni el aquarius es aquarius).

A las 21:30h ya estábamos sobados.

A la 01:30h me entraron ganas de giñar (mis intestinos llevaban hora española todavía), así que me levanté y fui al baño.
Escuchaba a una japonesa decirle a gritos que no a un chico y luego gemir como una perra en celo. El chico en inglés le decía: dont guorri, dont guorri. Y ella lloraba y él: ok, ok. Ella seguía llorando y él seguía con el: dont guorri, ok. Hasta que ella, poco acostumbrada (supongo) a los penes extranjeros, se encerró en el baño gritando: NO! dando un portazo que casi abre la puerta de mi baño. La oí llorar poco rato hasta que el chico la tranquilizó y ella salió y se amaron por fin.

Todo esto yo cagando al lado. Super erótico todo.

Y así les escuché un buen rato hasta quedarme dormida (ya en la cama), pero terminaron en coito, os lo aseguro.

Ya el domingo nos levantamos a las 6:20h a.m. y tras una ducha nos fuimos a las 7 camino del metro. Llovía un montón y mi paraguas de gatitos que compré el 2º día no paraba una mierda.

Llegamos sin ningún problema al Budokan y desayunamos en una cafetería cercana el café americano más largo y malo de la historia y un sandwich.
 

El campeonato no estuvo mal, aunque me aburrí al principio un poco porque no entendía nada, hasta que vinieron dos compañeras muy majas que conocían a Karate y estuvimos cotilleando y sin parar de hablar y me recomendaron cosas que hacer (ellas llevaban 10 días y se iban en 2, y nosotros llevábamos 4 días y nos faltaban 10, teníamos que ir donde ellas ya habían estado y agradecía cada sugerencia que me hacían); también me explicaban quién hacía las cosas bién y quién las hacía mal y las 6 horas siguientes se me hicieron super amenas.

 
Al final no quedó en el podium, pero recibió muchas felicitaciones de gente de otros países también, y nos fuimos a comer que estábamos muertos de hambre.

Terminamos comiendo más oyakodon y aprovechamos para ir al Palacio Imperial, ya que había dejado de llover y estábamos en la misma Chiyoda.
Visitamos los jardines y al llegar al palacio ya estaba cerrado (eran las 16h, justo la hora de cierre).

 Puentecito y puertas cerradas de la entrada al palacio.

 
 
Después de admirar el contraste de parque-ciudad, dimos un paseito hasta Tokio para volver al hotel en la JR y ya de paso reservar los asientos del tren bala que nos llevaría a Kyoto el martes.

Llegamos sobre las 17h al hotel y descansamos un rato.

Decidimos que era un día perfecto para subir al edificio del Gobierno Metropolitano en la propia Shinjuku, a 20 minutos del hotel y pasear por el barrio financiero.
Es enorme. Me dolía el cuello de mirar para arriba.

 El de las dos torres de colores es el edificio del Gobierno Metropolitano. Publicitando Tokio 2020.

 Era gratis subir, así que aprovechamos e hicimos fotos de Tokio de noche. Super grande, luminosa y preciosa:
 
En el mismo mirador podías comprar cosillas: postales, peluches, juguetes, etc... al mismo precio que una tienda de recuerdos de abajo. Allí da igual donde compres: estará igual de precio en el supermercado que en un sitio turístico: MOLA.
Karate me regaló una libreta de gatitos super mona y el juego del UNO con los personajes de One Piece.

Luego cenamos en el Kentucky (KFC) porque yo no podía seguir comiendo arroz de esa manera.
Era carísimo en comparación con lo que estábamos pagando, pero ponían una salsa de limón bastante rica y el rebozado era tipo tempura, al menos comimos algo diferente y muy bueno. Por un poco más te daban una heladera de One Piece y me tocó una de Chopper.
Y ese fue nuestro fin de semana, estresante y agobiante, pero con final feliz y unas bonitas vistas para despedirlo.

Al día siguiente queríamos ir a Nikko...

Y ya os conté que nos pilló el tifón y lo que hicimos el lunes.

Os dejo unas cuantas fotos resumen de ese día, lunes tifonístico, en ODAIBA (poco más que ver un día lluvioso con todo cerrado):

 Llegamos justo cuando empezaba el espectáculo, música, luces y humo.

 
 Podéis apreciar lo grande que era y mi tamaño a su lado...


¡¡¡Nos vemos en Kioto en mi próxima entrada!!!

.

3 comentarios:

Arald dijo...

Seguramente asististe a la práctica de sexo anal por parte de un extranjero y una japo.

Por cierto, ¿Fuiste a Kobe?

Misaoshi dijo...

Nops. Pasamos por Kobe para ir a Himeji, pero al final no paramos.

Hemos dejado el monte Fuji, Kobe, Odaiba (otra vez sin tifón, por favor, con el parque abierto), templos de Kyoto, palacio imperial (estaba cerrado) y Hiroshima-Miyajima para el próximo.

Akede dijo...

Lo seguiré repitiendo hasta el infinito, que envida.
Lo de las bebidas ultrazucaradas de allí es normal, si te sales del alcohol y del agua ya te puedes preparar para sentirte a punto del colapso azucarado. Y los postres, otro tanto, pero se algunos son tan monoss.

Por cierto, las fotos son geniales Misa!