Seguidores de mis paranoias...

lunes, 21 de octubre de 2013

DÍAS 8 Y 9: De compras, ninjas y templos por Kioto.

Siento no actualizar de seguido. Llevo tres semanas de clase (desde que llegué de Japón, por eso me cuesta narraros mis 14 días) y me paso las mañanas, en los momentos de poco curro, haciendo los trabajos que he de entregar por la tarde. No paran de mandarnos cosas. Si llego a saber que un ciclo de grado superior suponían 24h de estudio al día me lo habría pensado un poco más antes de meterme. 
Actualizo rápido y resumiendo, con muchas fotos, porque no me da el tiempo si tengo que resumir el tema que me han mandado de una asignatura, de otra me han mandado qué opino sobre la ley de los derechos del niño y de otra qué aspectos creo son necesarios para que una familia tenga hijos con una buena salud física y mental. 
Podría haberlo hecho el fin de semana, pero si no tengo 1-2 días de reposo acabaré suicidándome, que me paso estudiando desde las 8h hasta las 21:15h de lunes a viernes cuyos únicos descansos son los momentos en que tengo curro, el desayuno, la comida y el camino a clase en metro.

Kioto molaba. Y mucho.

No tenía los edificios estrambóticamente altos de Tokio, pero sí tenía tiendas y restaurantes para comprar compulsivamente y comer barato a cualquier hora del día.

JUEVES 19 DE SEPTIEMBRE DE 2013

Nos levantamos a las 8 y deayunamos en el Starbucks. El café estaba más barato que en España y los bollos, pero no estaba tan rico. Como todo café en Japón: me parecía aguado y de sabor amargo raro y fuerte. Tuve que ponerle medio vaso de azucar moreno.

Cogimos el bus, la cámara buena y para el Templo del Oro que fuimos.

Cómo no, al ser zona hiperturística, estaba llenito de niños. No habíamos llegado ni echado una foto al lugar y ya nos estaban entrevistando y pidiendo hacerse fotos con nosotros. Y pidiéndonos autógrafos. Me sentía como si fuera los de Metallica en un bar heavy. Acosada. Y con tetas.

Tetas.

Los niños no están acostumbrados a las tetas y me hacían fotos y me las miraban fijamente, se daban codazos comentándolo y Karate se reía, pero era muy incómodo. Muy pederástico y me hacía sentir mal. Y yo diciendo que las tenía pequeñas... pero claro, en japón son XL, y vimos a otra chica con la XXXL y ¡¡los niños debían sangrar por la nariz!!

La próxima vez que vaya a Japón llevaré camisetas anchas y nada escotadas (pero es que hacía un calorrrr y una humedaaaad).

El templo super bonito. Lástima no se pudiera entrar. Pero bueno, disfruté las vistas aunque no el paseo, ya que no dejaban de perseguirnos y preguntarnos y tuvimos que irnos rápido huyendo de los niños con libreta. Un grupito muy mono nos dio un sobre con su descripción y dirección del colegio y prometimos escribirles desde España. No tengo tiempo ni de mandarles una cartita :(


 
 
 

Al terminar cogimos el bus y fuimos directos al Castillo de Nijo. Es muy grande y tiene bastante que ver. La entrada no es nada cara (unos 4€) y había un huevo de españoles. Aprovechamos que estaban con guía para enterarnos un poco de qué iba la historia. Entre el guía y Karate, que ya había ido hacía unos años y se acordaba de lo que contó su guía, pude enterarme de bastantes cosillas ;) . Está restaurado y dentro del castillo no se pueden hacer fotos.
Los japoneses piensan en todo desde tiempos de ni se sabe: el suelo tenía un sistema de alerta para saber por dónde iba la gente; a cada paso que dabas se oía como si pisaras un grillo. Esto era para saber en todo momento por dónde iba la gente y si se acercaban a la sala del shogun que los guardias y el propio shogun se dieran cuenta.


Metiéndote ahí debajo -donde están acurrucados esos señores- podías ver el sistema de "grillos" (alarma), y también resguardarte del sol y humedad infernales:
 
 
 

Si te meas puedes ir a un baño limpio pero... demasiado acogedor. Me golpeé la cabeza al agacharme:
 
 

Muy bonito, la verdad.

Volvimos al hotel en autobús y comimos un oyakodon en el mismo sitio de las hamburguesas jugositas. Luego fuimos al barrio de Gion para verlo de día y dimos un paseo hasta el Heian-Shrine. Era enorme y como ya eran más de las 16h los demás templos que queríamos visitar estaban cerrados.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Volvimos al hotel porque teníamos aún mucho día por delante y muchas compras que hacer. Nos perdimos por la zona comercial donde había miles de tiendas con cosas preciosísimas. Entré a una tienda de cosméticos a que me recomendaran algo, y me dieron unas muestras para dos días de un tratamiento para el acné de Shiseido (valía 10.000yenes = 78€ más o menos).

Había un montón de tiendas con cosas de gatitos, me comí un donut de gatito y compré un jersey y una cartera con motivos gatuno. El día anterior había comprado dos bolsos para mí y otro para una amiga de gato, también XD.
Aprovechamos para hacer lista mental de los regalos que compraríamos al día siguiente.

Encontramos un restaurante ambientado en ninjas: Ninja Kyoto Restaurant&Labyrinth y reservamos para comer al día siguiente. El ninja muy majo hablándonos en inglés como podía.

Cenamos unos bocatas detrás del hotel y nos fuimos a dormir tras otro paseito por la galería.
 


VIERNES 20 DE SEPTIEMBRE DE 2013

Resumo diciendo que sólo compramos y compramos. 
Bueno, y pusimos una lavadora mientras desayunábamos cosas que compramos en el supermercado de al lado, y leíamos revistas para adultos inventándome los diálogos en las escenas de sexo hasta darme cuenta que la revista estaba pegajosa, y había carteles avisando de no meter bebés, perros, ni gatos... la ropa salió más sucia que limpia y muy mojada, pero al menos no olía a sudor.


Fue un día en el que entramos al hotel unas 5 veces cargados con bolsas y salíamos con las manos vacías para seguir cargando.

Paseamos por el mercado de productos típicos (apestaba a pescado) y comimos en el restaurante ninja por unos 12€ cada uno. Yo me pedí el del plato de pollo y patatas y Karate el de cerdo. Nos pusieron hasta postre, aunque a mí no me gustaba porque era helado de té y era amargo como él solo...
Un ninja nos hizo un espectáculo de magia y me regaló la carta. Era bastante bueno y nos hizo gracia porque aunque no entendiéramos nada, hacía lo posible para que le entendiéramos (como quemar la cartera y "no hagáis esto en casa" XD).
La verdad es que para el que le guste el menú japonés disfrutará muchísimo:





 Luego seguimos con las compras (sake, vasitos, cosas para mis hermanas y mis padres, para mis amigas, para mí, otro bolso, un estuche de gato que hace furor en mi clase, peluchitos, etc...), también comimos otra crêpe maravillosa rellena de mil cosas de chocolate y fresas:

 
 Y para cenar una tortilla rellena de fideos con carne. Deliciosísimo. Te lo hacían justo en frente y te enchufaban la mesa (que era una plancha) para que se mantuviera calentita. El mejor sitio donde cenamos hasta el momento, de todo el viaje (y el que tenía más pinta de sucio, pero para nada xD):

 

Y después de esa deliciosa cena nos fuimos a dormir... al día siguiente tocaba OSAKA.

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