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miércoles, 19 de junio de 2013

Mi nuevo hogarcito

Lo más duro de una mudanza, es una mudanza con animales.

Y lo más duro que he hecho en esta vida, puedo confirmarlo, es: desmontar una cama del Ikea.
Tras cargar unas ochenta y siete cajas, las estanterías y la cama (de estas tipo arcón, para meter cosas a saco y pesa otro saco más... qué dolor de espaldera) cuyo colchón pesaba como si tuviera tres muertos dentro, con ayuda de Karate y mi amante bandida -ahora compañera de piso-, tocó el turno de barrer, tirar otras veintiocho bolsas de basura y recoger todo rápido, olvidándome un par de cosas que me di cuenta ya en el coche (tarde) de la nevera y del baño de esas que dices "lo recojo luego" o "lo tiro luego", que ya era martes y era el último día que quería entrar a esa casa que tengo pagada hasta el día 30 ¬¬.

Tampoco dejé la llave. La conserje me apuntó la lectura de contadores de la luz y el agua.
 - Es un 6, me he confundido pero es un 6.
- Ok, no pasa nada, se entiende bién.

He de decir que el gas a ver qué me cobran de factura por haberme duchado 8 veces (contadas adrede) desde que se pagó la última factura; me debe 20€, una lámpara que le dejé que no quería entrar a su cuarto sin permiso, y a ver si llaman para dar la lectura de contadores y hacer la media de gasto, que estos días no ha vivido nadie allí más que de paso. Seguro que me he dejado más cosas pero a ver qué me suelta, está missing. Iba a dejar las llaves pero pensándolo mejor, no pienso devolverle las llaves hasta el día que he pagado. No por nada en especial. Sinó porque no quería dejarlas en el buzón ni tirarlas por la casa y dejar la puerta sin seguro. Como no le veré lo más probable es que se las dé a una amiga en común.

Echaré muchísimo de menos ver estas imágenes. De gatos por doquier. De amor del puro maullando por la casa y pidiendo de comer. De Matías, que me cogió la confianza suficiente como para entrar en el baño y en mi habitación y subirse a los sitios y maullar en plan: "estoy aquí, soy super cariñoso aunque te tenga miedo todavía, pero te necesito". Y cazando polillas (2ª foto). Me fui sin despedirme de ellos porque no quería llorar U_U. Por suerte Matías se queda porque la novia de mi, por fin, ex-compañero de piso siente predilección por los felinos y sabe lo duro que es una mudanza para un gato así y empezar de cero (sigue buscando casa definitiva, sépanlo):


Luego recoger a la gata fue lo más difícil. Se olió el transportín no sé cómo porque evitaba acercarme a él. Se escondió y tuve que poner la tele y estar un rato en el sofá para que saliera a pedir mimos (le puede verme tirada en el sofá, es como una obligación para ella venir a restregarse) y ya la cogí y la metí sin mucho problema. ¡¡El catnip funciona!! (rocié con felliway y puse un juguete con catnip en el cual ya se había restregado antes, que les relaja, dentro del transportín).


HIJA DE PUTAAAAAA, ME ENGAÑASTE, ¡¡ZORRAAAA!!

Así estaba mi habitación el domingo por la noche. Sólo se aprecia una esquinita, la habitación es grande y está llena de muebles y cosas que hay que llevar a otra casa, para que os hagáis una idea, hay un colchón de 1,40x1,90m en otra pared apoyado de lado y un escritorio y otra estantería y restos de la otra cama que había. Más mi cama enorme, claro.
Y el lunes terminé de montarlo todo y hacer las últimas cajas. El martes tenía que traer a la gata y las cosas de la gata y las últimas cosas con la habitación ya montada (curioso, no tengo foto).


Y tras media hora escondida detrás del colchón que ha de irse en cuanto haya furgoneta, y decir "bisbisbisbis" encima de la cama.... la gata, cómo no, en su obligación de restregarse en cuanto hay alguien tirado en cama-silla-sofá, salió y subió corriendo a pedir mimos.
Mi amante bandida también entró después y mi gata fue super cariñosa con ella también. Así que estamos tranquilísimas y la preocupación de "se estresará" y "pobrecita si no se adapta al nuevo piso" se ha esfumado. Ya quiere salir de la habitación, se pone en la puerta para cotillear el resto de la casa. No me ha dejado dormir porque cada vez que me dormía y no sentía mi mano acariciándola, tenía que golpearme la cabeza y restregarse enterita. Qué ojeras llevo.

Llevo media hora sin mimos, ¿dónde cojones estabas?
Por cierto, ¡¡qué duro mudarse!! Qué estrés. He tenido que hacer tantas cosas: esconderme, soportar que me pillaras y que me trajeras en esa cárcel de plástico.

Ha habido visión de perro-gata en un momento en que la gata esperaba en la puerta y el perro en frente, y no ha habido bufidos ni intento de ataque. Sólo curiosidad. Huele por debajo de la puerta y ambos están en plan: "qué habrá ahí detrás".
No creo que tardemos mucho en hacer las presentaciones. Estoy nerviosa para ver la reacción de mi gata cariñosa, curiosona y timidilla y el pequeño perro miedoso y cariñoso de mi amante bandida.


Y bueno, que ya soy oficialmente madrileña. Empadronada y dada de alta en el SER (para aparcar en zona verde). Así que soy feliz porque podré ir andando a todos sitios (al trabajo voy en coche que son 5 minutos - 7 paradas de metro, pero me sale más barato el diesel que el abono de transportes) y seré vecina de mis dos mujeres que en breves haremos fiesta oficial de vecinismo.

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1 comentario:

ARY dijo...

Oleeee di que si ya otra madrileña más...Hija el coñazo que es mudarse no te lo quita nadie, yo en breve también me mudaré y estoy temblando...para que tarde en llegar el día porque con lo vaga que soy fijo que no me apetece ni mover una caja por si me hernio jajajajja En fin...me voy con la música a otra parte y es un 6 si en vez de un 9 que lo mismo por la gracia te hacian pagar de mas!!!