Seguidores de mis paranoias...

miércoles, 13 de marzo de 2013

El Señor de los Besillos [RELATO FRIKIERÓTICOFESTIVO]

Llevo un rato leyendo entradas de mi ex-blog: ME GUSTAN LAS COSAS GORDAS.

Lo bloqueé a que sólo el autor pudiera leerlo (no lo eliminé porque tenía relatos buenísimos, como "Sobredosis Oral"... con ese título podéis imaginarlo... algún día lo copiaré aquí), porque llegó un momento en que empecé a preocuparme por mi imaginación sexual desbordante.

Y llevo un rato despollándome de un relato que escribí en: "lunes, 25 de mayo de 2009"

Os lo copio aquí... mentes cerradas, no lo leáis. Aunque sea muy friki, no deja de ser un relato frikieróticofestivo:



El Señor de los Besillos

Todo comenzó con la creación de los Hermosos Besos.

Tres fueron entregados a los Picha Largas, inmortales, los más sabios y bellos de todos los seres.
Siete a los señores Picha Cortas. Grandes mineros y artesanos de las cavidades montañosas.
Y Nueve... Nueve fueron entregados a la raza de los Picha Gordas... que ansían por encima de todo el Amor.

En aquellos Besos residía el amor y la belleza para gobernar a cada raza. Pero todos ellos fueron engañados... pues otro Beso más fue creado...

En los Montes de Venus, el Señor Luminoso Lámparor, posó sus labios en el forjador de besos para crear así el Beso Único.

Un Beso para gobernarlos a todos, un Beso para encontrarlos,
un Beso para atraerlos a todos y atarlos entre las sábanas.



Fue hace miles de años, en un mundo donde el odio, la irrespetuosidad y la falta de contacto gobernaban.

La historia comienza en Chiquitón. Un paisaje tenebroso cuyos habitantes, los Pichitines eran escabrosamente violentos y odiaban el contacto físico por encima de todas las cosas.

En ese lugar se reproducían sexualmente sin tocarse. Había lugares habilitados para consumar esos actos. Nadie sabía quién era el padre del niño, puesto durante los días fértiles de la mujer, ellas permanecían allí encerradas y los hombres podían pasearse libremente e insertar el pene en tantos agujeros como desease en un día. Las mujeres sólo eran útiles para la reproducción.

Se realizaba tras una pared con un agujero en medio. La mujer se tendía abierta de piernas con la vagina a la altura del agujero y el hombre insertaba su pene, sin estimulación ni nada, dentro. Se corría ayudándose de sus manos y repetía la acción tantas veces como desease. Un hombre era superior cuántas más vaginas consiguiera llenar en un día.

Era una verdadera lechería.


El día del cumpleaños de Vulvain, que había sido encerrado dos años por tocar a una mujer, decidió marchar y dejarle todas sus pertenencias a su sobrino Frotis, que se alegró de su marcha a tierras picha larguianas.

El evento atrajo al mago Grandick, amigo de la familia, encargado de darle toda la herencia a Frotis; incluido el Beso, que Vulvain consiguió después de desvirgar por el ano a la criatura Pollum, porque fue poseido por el Beso que éste le profirió.

Vulvain besó a Grandick y éste a Frotis, que enseguida se empalmó y tuvo deseos de poseer allí mismo al gran Grandick, cuyo beso antes había tenido el mismo efecto con Grandick y Vulvain. Vulvain fue penetrado fieramente por Grandick sin poner objeción. Agonizaba de dolor en el amplio salón mientras el enorme falo del mago penetraba tan hondo que le reventó el ano. Qué decir que por tamaño, la polla de Grandick era tan grande como el brazo de Vulvain.

Grandick al darle el beso recordó lo que hizo con Vulvain y se levantó la sotana mostrando su enorme agujero anal para ser poseido por el pequeño pene de Frotis.
Frotis se sentía tentado pero tras mucho pensar, y ya con la polla en la mano, le dijo que no.

Grandick estaba orgulloso, era el único que había resistido la tentación de encular al que le diera el beso. Se convirtió así en el elegido.

Tenía que irse pronto, partir raudo y veloz porque los nueve Picha Gordas ansiaban ese beso para poder por lo menos no sentirse mal cuando penetraran a sus mujeres, cuyos cuerpos no les excitaban en absoluto; y destruirlo en el Monte Luminoso donde fue creado; pues Lámparor era gay y odiaba las vaginas, por ello el beso otorgaba el deseo de penetrar el ano del portador.

El Beso se sentía, lo portaba con gran valor y esfuerzo, pero era incómodo ver las caras de los habitantes de Chiquitón girarse a su paso y corriendo hacia él, muchos con los pantalones bajados y meciendo sus pequeños rabos cada vez más empalmados.

Frotis corrió y corrió hasta que salió de Chiquitón para adentrarse en las tierras pichalargas.

Durante el camino, tres compañeros más fueron tentados pero al ver la cara de preocupación de Frotis, dejaron de sentir deseos y decidieron acompañarle en su dura tarea.

Tenía mucho miedo, pues, aunque sus compañeros de viaje, Pichín, Merdy y Sabo, no sentían la tentación de encularle, estaban adentrándose profundamente en las tierras de los pichalargas. Era un serio problema, puesto visto lo ocurrido con Vulvain y Grandick, el beso no entendía de razas. Los pichalargas podían llegar a tenerla de un metro, y él medía noventa centímetros escasos... un verdadero empalamiento. Pero lo que más preocupaba, era que los pichalargas se apareaban con sus vaginaestrechas colgándose de lianas de los árboles, sin tocarse, encestando según se balanceaban, dejando dentro la polla cuando llegaba la hora de correrse.

En diez kilómetros debieron ver cinco veces esa acción. Dos veces la corrida cayó sobre ellos, porque en el momento de la eyaculación el pichalarga no encestó. Por eso cada vez había menos. El alcohol y los porros de ortigas afectaban los reflejos de éstos y no se reproducían como antes.

Ocurrió en el kilómetro once. Se cruzaron con un Picha Gorda, cuya mirada a Frotis indicaba deseo. Corrió y corrió y sus tres compañeros de viaje agarraron al pichagorda por las piernas y lo consiguieron detener tirándolo contra el suelo.

Le avisó que debía esconderse, que él no quería meterle nada, pero que otros le estaban buscando. Su nombre era Trancas.

Llegaron a acampar a un montecito donde prepararon algo de comer. Trancas estaba cazando para comer al día siguiente y pronto les sorprendieron los dueños de los 9 besos que fueron entregados hacía dos mil años; que se habían convertido en almas que ansiaban el Amor.

Huyeron hasta donde pudieron; Frotis estaba acorralado y se le ocurrió mandarle un beso al aire para comprobar el efecto; el alma sacó su gordo falo y se lo metió de la garganta al esófago en menos de un segundo. Frotis se habría ahogado en su propio vomitado si Trancas no hubiera aparecido blandiendo el rabo amenazante contra las almas faltas de cariño.

Tenían que llevar a Frotis al poblado Picha Larga más cercano, puesto sólo Elrabon podría curarle con su picha mágica. Al llegar, Elrabon velozmente le insertó su larga y fina polla en la boca hasta el esófago, para curar la hemorrágia que le estaba matando por dentro.

En dos semanas siguieron su camino los cuatro pichitines, junto con Picha Larga Legogay, el mago Grandick, el Picha Corta Gilipi, y los Pichas Gordas Borollón y Trancas, que ahora se hacía llamar Alpollón; tras despedirse de su tío Vulvain, que allí descansaba, en silla de ruedas culpa de su encuentro con Grandick.

Lo que todos ignoraban es que Alpollón era un degenerado viola vaginashúmedas, que son las hembras de los Picha Largas. En concreto de una: Kalgüenmayude.

Alpollón no deseaba encular a Frotis, pero sí el beso... el beso que haría que la relación con Kalgüenmayude fuera consentida, y dejar de taparle la boca cuando le penetraba su polla gorda tan hondo que no paraba de pedir socorro.

Todas las razas del Mundo detestaban el contacto físico, era muy raro el caso de Alpollón. Y además no con su raza, sinó con la de las Pollas Largas. Si alguien se enteraba sería condenado a muerte por la Ley Mundial Antifísica; o lo que es peor: les convertirían en Poyocrós, seres infectados que han llegado a rozar a una persona del sexo opuesto y han sido castigados a sufrir toda la eternidad. Alpollón podría sufrir algo peor, puesto llegó a penetrar. La condena sería tremenda; necesitaba ese Beso. Kalgüenmayude tenía que ser suya.

Por el camino hacia los Montes de Venus, descubrieron tantos cadáveres empalados, tantos seres deseando meterle el rabo a Frotis y tantos poyocrós intentando matarles a pollazos que estaban hartos de huir y proteger sus anos con cotas de malla, que se les enganchaban a los pelos del culo y les dolía horrores al correr, levantarse y quitársela para ir a cagar.

Esa es otra, para cagar tenían que tener cuidado los poyocrós no se hubieran escondido bajo tierra, con el rabo camuflado con hojas y ramas o bajo tierra dispuesto a sacarlo en cuanto notaran que había alguien sobre ellos. Así llegaron a metérsela casi enterita a Legogay, lo que no sabían es que estaba acostumbrado al dolor anal y no tuvo miramientos para vengarse de quién le había penetrado sin su consentimiento.

Gilipi se metía mucho con Legogay durante el viaje, hasta que un día le metió su larga polla para callarle, con cuidado no hacerle daño, hasta corretear por el intestino grueso. Tenían la polla tan fina, tan juguetona, tan flexible, que Gilipi se tuvo que comer sus palabras y sus manías y dejar que Legogay le metiera su polla en los ratos libres porque adoraba esa sensación; el cosquilleo que le producía esa varita juguetona dentro de él. También se comió la polla unas cuantas veces, y le metió su pequeño pene a Legogay para devolverle el placer. Aunque Legogay disfrutaba metiéndose a él mismo su falo, puesto era más larga y llegaba a todos los rincones, pero no le importaba que el Picha Corta jugara un poco con su sexo y de paso se diera placer a su costa.

Alpollón también jugueteaba sin el permiso de Borollón. Borollón se negaba pero Alpollón sabía que entre Picha Gordas, el sexo anal estaba permitido cuando no había vaginas hambrientas a su merced. Borollón tuvo que dejarse dar para calmar el apetito de Alpollón, que pensaba en Kalgüenmayude mientras le daba.

Los cuatro pichitines también jugaban, aunque Frotis se cansaba demasiado pronto siempre, tosía muy amenudo. La herida aún no había sanado del todo... y nunca lo haría. Grandick solía estar siempre jugueteando con los pichitines. Les parecían graciosos y les gustaba verles llorar y berrear y gritar cuando les metía aunque fuera la puntita.

Al cabo de unos días la misión terminó. Se quedaron en unas dunas sin poder parar de darse por culo. Los muy idiotas murieron de inhanición. No pensaban en su misión. Todos habían caido presas del Beso, que marchó al no tener dueño, a otras tierras... unas tierras donde pervertiría a otras gentes...
Acabó en manos de Kalgüenmayude, apoderándose de la raza de los Polla Larga, luego marchó a las de los Picha Corta, haciendo que se empalaran entre sí con sus lanzas y hachas en las Minas, siguió a los Pichitines, que no consiguieron dominar el deseo que les hacía matarse a pollazos y por último acabó en manos de los Polla Gordas; cuyo deseo sexual fue acompañado de deseo moral y el Beso acabó convirtiéndose en lo que llamarían Amor.

Un Beso que extinguió cuatro razas, pero que los Picha Gordas acabarían llamándose humanos y amando a sus mujeres, hombres y niños, dándose cariño y respeto mútuo y viviendo felices hasta el fin de sus días.

THE END.


Todos mis relatos tienen moraleja o sentido al final. Los que no conseguía sacarle nada bueno a la historia acababan muriendo. Y por eso cerré el blog. Porque llegó a ser muy gore. Mi imaginación y humor cruel hacía que las historias se salieran de madre y era imposible mejorarlo. Así que Booom, y se convirtió en Chocapic.

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1 comentario:

EriKa dijo...

Hola Misaoshi.
La verdad es que tienes mucha imaginación,aunque a ratos me perdia con tantopichi, quizás en el Señor de los Anillos hubiera venido bien incluir algún capítulo con esta marcha.

Besitos.