Seguidores de mis paranoias...

miércoles, 18 de julio de 2012

Situaciones incómodas: regalos.

En mi corta y miserable vida he vivido situaciones incómodas. Muchísimas.
Es una mierda, sinceramente.

Mucha gente considera incómodo tropezarse y que alguien le haya visto. O sacarse un moco en público (o esperando un semáforo en verde). O tirarse un pedo. Sí, son situaciones incómodas.
Pero para mí esas son las naturales de la vida. ¿Quién no se ha tropezado? ¿Quién no se ha sacado un moco en el coche o, sin darse cuenta, delante de alguien mientras estás en un bar? No porque quieras. He llegado a pensar que cuando uno no piensa la mano va directamente a la nariz. De estar hablando con alguien y ver que abría mucho los ojos mirando mi nariz y darme cuenta en ese momento que algo en mí me debió decir: esta conversación es pura mierda, haz algo útil con tu vida. Ese momento que hurgas y encuentras y no sabes donde pegarlo y te están viendo y no tienes clinex.

Sí, es incómodo también tener gases, pero quien no se haya coscado jamás en la calle, en el super, en el banco o en el trabajo: que tire la primera piedra (a la pantalla no, imbécil).

Pero son situaciones naturales, que aunque todos digamos "joder, qué asco" cuando no somos nosotros, las hemos vivido-hecho.

He relatado alguna situación muy incómoda, situaciones de tierra trágame que no sabes qué hacer.

Pero para mí las más incómodas del mundo son las que tienen que ver con regalos.

Cuando era pequeña recuerdo que cuando mi padre nos regalaba dinero por Navidad (normalmente eran cosas útiles: guantes, bragas, bufanda, bragas, calcetines, bragas... ¡¡un juego para hacer figuras de escayola!!) me alegraba muchísimo, pero me ponía a hacer cuentas (multiplicando por 8 el dinero invertido) y ya sentía un nudo en el estómago. Y recuerdo ir con mis hermanos pequeños a la tienda de "cien pesetas" con nuestro regalo de Navidad y dejarnos todo el dinero en regalos de Reyes para los otros hermanos, mis padres y mis tíos, y unas cuantas chucherías. Claro que esto significaba que todos tenían un montón de regalos y nosotros nos quedábamos sin nada. Los mayores nunca daban nada y encima les dábamos parte del nuestro... hay que ver qué tontos somos de pequeños.

Ya trabajando, me dejaba la paga extra de Navidad (RIP, TE ECHARÉ DE MENOS A PARTIR DE 2012) en cosas y cosas y cosas para mis tíos y los hermanos que mejor me caían. Y diréis: ¿y el momento incómodo?

Pues el momento incómodo es dar algo que sabes que a la otra persona le va a gustar, porque no miras precio. No miras nada. Sólo buscas algo que le pueda gustar. Una prenda. Un libro. Una película. Un juego. Una joya. Un accesorio.
Y de repente abrir tu regalo y ver algo que... que....:
Un monedero de flores de colores.
Un collar con un montón de piedras relucientes.
Una pulsera doradísima con mil cosas colgando.
Unos pendientes enorrrrrrrrrrrrrrrrrrrmes con un montón de piedrecitas colgando.
Muchísima bisutería de colores y formas enormes y diferentes.
Colonia (soy muy maniática con los olores, sólo han acertado 2 veces de las 18 que me habrán regalado colonias)
Y más cosas brillantes y relucientes.

Y miro los regalos y sus caras de felicidad y su frase estrella: LO VI, ME ENCANTÓ, Y ME DIJE: PARA TI y luego me miro a mí misma, vestida de negro. Con unas botas militares altas. Como mucho un reloj negro y una muñequera de pinchos (ahora no visto siempre de negro). No llevo casi nunca joyas. Mis únicos pendientes pueden ser unas bolas plateadas o de color neutro y aros plateados o negros. No me gustan. Todo el mundo sabe que no me gustan las joyas. Lo repito cada año en casa o a mi hermana cuando la veo toda emperifollada. Me ven vestir, joder. Como mucho un anillo de plata o acero. No llevo nada. No les pido nada. Saben que llevo cartera simple o de algún grupo heavy. No suelo llevar bolso. Saben que me gusta el manga, la lectura y las cosas MUY sencillas. Cuánto más friki mejor.

Y nunca he sabido qué cara poner.
Antes ponía sonrisa falsa y daba las gracias. Con los años he perdido la práctica de mentir. Simplemente doy las gracias seriamente y lo guardo donde estaba metido, la mayoría de las veces para no sacarlo ni verlo nunca más.

La única que acierta siempre es mi madre porque sabe que lo único que jamás podría fallar es en un libro, me pregunta un título y me compra ese libro. Acertó dos veces cuando le dije: me fio de tu criterio. Así que todos saben que los libros son lo único que jamás fallarían. Un regalo barato (si no hablamos de Canción de Hielo y Fuego y demás libros de la Editorial Gigamesh) y seguro.

Desde hace años odio la Navidad, el materialismo y la entrega y recibimiento de regalos. No sé si es precisamente porque casi nunca he recibido nada que me haya dicho: joder, esta persona se ha preocupado por intentar conocerme o pensar que nunca me escuchan o no me miran. Aunque una vez mi hermano me regaló un bolso friki de Pucca y lo he llevado bastante. Por una vez bien.O mi hermano pequeño sabiendo que apenas me gusta nada me regaló por mi cumpleaños una tarta de limón. Guay.
Una amiga del instituto antes de venirme a Madrid, me regaló un comic que hizo ella, que todavía guardo en una caja que tengo por mi habitación y una pulsera de pinchos. El detalle del comic y que se hubiera matado a dibujar y colorear me encantó. Muy personal, con situaciones que habíamos vivido.
Mi ex-compañero de piso me regaló una figurita de Luffy. Mi mejor amiga un peluche de cerdo y un collar simple que pega con todo tipo de situación y ropa que me ponga. Mi hermana mayor una figurita de Luffy y Chopper. Sí, creo que son los únicos regalos (que no sean bragas, calcetines y guantes) que puedo meter en la lista.

Ah, la Navidad.... para mí es el peor momento del año. Por participar me presento voluntaria con mis hermanos y parejas a hacernos "El amigo invisible".

En el juego del amigo invisible ponemos un límite el cual siempre supero (creo que soy la única, junto con mi hermana mayor, que lo superamos), porque nos molestamos en mirar más qué quieren, qué les gustaría, qué les haría falta.

Este último año ha sido el peor de todos, con diferencia.

Para qué veáis un ejemplo de lo que pasa cada año: le regalé a mi hermana pequeña un juego para el sake. Un libro de wok-recetas (le gusta cocinar). Un juego de palillos chinos para 4 personas. Y algo más pero no recuerdo, sé que eran 4 ó 5 paquetitos.
En cambio yo recibí por parte otra hermana... un collar con un colgante más grande que mi mano, obscenamente brillante, que hasta mi tía al verlo puso cara de: qué poco quiere a su hermana María.

No sé si alguien de mi familia leerá esto pero: si odio las entregas de regalos es por culpa vuestra.

Con los años me he puesto muy violenta y ya no sé ni cómo reaccionar.

En cambio yo soy de comprar a cualquier persona y sólo quiero ver la cara que ponen las otras personas al recibirlos. Con mi compañero de piso y mis amigos cuando vivía en Mallorca. Iba a algún lugar y traía para todos. Me dejaba medio sueldo en comprarles cosas. En invitarles. A mi tía y a mi madre. A mi hermana mayor. Al que me tocara del amigo invisible. A mi pareja cuando tengo (claro). Etc. Ir a una tienda, ver algo que creo le pueda gustar a alguien y sin motivo comprarlo y regalárselo. Porque me apetece. ¿Ha de haber una excusa? ¿El simple hecho de acordarte de esa persona al verlo no vale?

Pero cuando me lo hacen a mí, me guste o no, me pongo violenta. No sé dar las gracias. No tengo ilusión de abrirlos. Los quiero dejar aparte y no tocarlos nunca. Me cuesta mirarlos. Me cuesta cogerlos. Me cuesta que me miren cuando los abro.

Porque sé que no me va a gustar (excepto los libros de mi madre, que no los considero regalos, son compras que ella me hace).


O cuando alguien me da dinero. Oh, qué rabia. QUÉ RABIA. No soporto que me regalen dinero. Prefiero que no me den nada. No sé qué hacer.

"Cómprate lo que necesites", me dicen. Y yo intento devolverlo pero se echan para atrás. "¿Qué? ¡¡Quédatelo, es un regalo!! ¡¡NO!! Guárdalo, es tuyo, mujer."

Y yo no puedo dejar de pensar que cobro más que él/ella. O si yo tengo ahorrado. O ya tengo lo que necesito. O si quiero algo ya me lo he comprado. Cualquier cosa. No necesito que me regalen dinero. No me gusta aceptar dinero de la gente por... por... ¿porque es mi cumpleaños? ¿Navidad? Qué momento más incómodo y horroroso. No puedo. ¡¡No puedo!!

No soy rica. Pero no necesito que me regalen dinero, ¿es un problema esto?

Y se acerca una fecha horrorosa. En 5 días es mi cumpleaños.
El sábado pasado celebré mi cumpleaños con los del trabajo y un par de amigos y no recibí nada. Qué tranquilidad. Es algo que además no pienso, sucede en el acto y cuando mi amiga dijo: "perdona, no he podido traerte el regalo porque...."

Ah, momento incómodo.

No. No habléis de ese maldito momento.

No quiero nada. Déjame.

Pero lo hará. Pero si lo hace que no sea porque es mi cumpleaños. Si lo hace que sea porque ella quiere. No es ninguna obligación.

Y ayer. Creía que me moría.

Qué situación más... más que incómoda. No me esperaba algo así y juro que si el coche hubiera estado en marcha me habría tirado y el daño sufrido o la muerte no habrían sido menos dolorosos que tener que aceptar ese regalo.

Por primera vez en la vida un regalo no sólo me ha gustado, encantado y maravillado, sinó que lo necesitaba. Porque no puedo vivir sin ello y la que tenía se rompió en la playa al entrarle arena el mes pasado.

Yo que estuve una mañana en una tienda de comics diciéndole lo que me gustaba. Si hubiera esperado algo de esa persona tenía que ser algo friki. Incómodo, sí, pero me habría gustado y no me habría puesto tan imbécil.

Pero eso era perfecto. Ganó un +50 en carisma y otro tanto en encanto. Y otros +50 en: consigues sacar mi lado contradictorio.

Cualquier cosa friki me habría gustado pero él superó las barreras arquitectónicas de mi mente (porque tengo un muro de fuerza y altura descomunales) y me compró una maravillosa cámara de fotos a prueba de las fatalidades climatológicas, playeras y golpes de viajes, caídas y despistes. Porque una cosa es cierta: Misaoshi no puede vivir sin una cámara de fotos en el bolso cuando lo lleva y, según la ocasión, la cámara reflex de las ocasiones geniales, la muy cara y graaaande.

Y ahora mismo sólo puedo pensar en él como un héroe y a la vez me hace sentir mal. Pero a la vez me ha hecho muy feliz. Y a la vez no sé si pegarle. Y luego quiero violarle. Y luego matarle. Pero sólo me apetece cogerle y no soltarle. Y luego volverle a matar.

Eso no se hace. A mí los regalos no me gustan, no me regales algo que me obliga a tener esperanza en la humanidad.

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viernes, 6 de julio de 2012

¿Playa o montaña en verano?

El último fin de semana que estuve en junio en Mallorca, me dejé caer dos veces por la playa.

Estuvo muy bien, la compañía, tomar el sol, bañarse, comer masticando la arenilla que levantaba el viento con la ensalada y la sandía. Tomar el sol, bañarse. Tomar el sol. Bañarse... mmm... quemarse. Niños jugando con la pelota y tirándote la arena encima. Tostarte al sol. Cagarte en los niños. Bañarse. Asarte al sol. Entretenido.

...

O una pérdida de tiempo. Según cómo se mire.
Pero he de decir que la piel me quedó super bien.
A la playa se va con muy buena compañía o el hacer nada, que es a lo que se va, se hace muy aburrido. Tuve suerte y fui con gente entretenida para hacer lo mismo que haría sola, la diferencia es que hablaba y reía. Pero se va a hacer NADA.


Ese es el motivo principal que no me gusta la playa más que para ir un par de veces, un par de horas. Coger un color bonito de bronceado (y no como el naranja enfermizo de piscina que se coge en Madrid) y escuchar el sonido de las olas mientras el aire caliente y húmedo te roza la piel.


Pero... la montaña.

¡Oh! La montaña.



¿Por qué me enamoré de El Bierzo (León)?
Nunca me cansaba de mirar por la ventana del autobús cada vez que pasábamos el Puerto del Manzanal. En verano asándote o muriéndote de frío con el aire acondicionado roto de los mierdas autobuses Alsa. En primavera con esos tonos verdes y el contraste con las flores y el cielo tan azul y limpio. En invierno lleno de nieve, con sus atascos y sus curvas y dejando pasar las máquinas quitanieves. En otoño y el marrón que destacaba sobre el verde oscuro de las plantas y árboles.

Las montañas. Sus pueblos conservados con sus casas viejas y sus cuestas. Los pueblos de Molinaseca y Lombillo. Sus ríos. Esas aguas gélidas que caían de la montaña. Esos paísajes bucólicos y pastoriles. Las Médulas. El Pantano de Bárcena con sus culebras o serpientes de agua asomando, el asco que me daba meterme entera en el agua... pero lo bonito y bien que se estaba con únicamente los pies dentro del agua, refrescándote y viendo a los niños bañarse como si un pantano fuera la playa más limpia y maravillosa del Mundo de agua templada.

En la montaña si no vas a andar, vas a ver algún pueblo que haya. O un mirador. O hacer alguna actividad. O tirarte por algún sitio. O escalar. O bici. O piragüismo o canoa si hay río/lago. O lo que sea. Rutas a caballo. Tirolinas. Bici.

Si llevas a tu perro nadie te va a mirar mal como en la mayoría de las atestadas playas en verano.

En la montaña hay un sinfín de cosas que puedes hacer. Si hay nieve puedes estar horas haciendo el chorra con ella. Esquiar. Tirarte por la ladera. Más senderismo (pero con más cuidado)...

Cuando pienso en montaña veo todo eso. En cambio cuando pienso en playa sólo veo lo dicho arriba o alquilar por una hora la bici esa con tobogán y también, dejándote una buena pasta y que nunca he hecho aún siendo de Mallorca: motos de agua, paseo en lancha, esquí acuático, la banana esa, etc...


No, en la playa sólo me apetece tostarme al sol un rato. Cansa. Y lo otro no me llama. El mar... no. No me llama. Tampoco me gusta ir en barco. Ni que esté atestado de turistas. Esos viajes masivos aprovechando los pocos meses de playa que hay...

Y por eso estas vacaciones de verano de julio, que sólo cojo una semanita, iré cuatro días a casa de una amiga a conocer su pueblo. Y sí, tiene una casa casi a pié de playa, en la que me tumbaré a leer y beber cerveza mientras mantengo alguna conversación, sin moverme del sitio y dándome un baño de vez en cuando para no echar tanto culo y refrescarme ya de paso. Odiar a los que nos tiren arena encima con el balón y desear dar una vuelta y hacer algo de turismo por los alrededores ya que vamos en coche.



Y nada más llegar de allí ni darme tiempo a deshacer la maleta ni hacer una nueva en Madrid, ir a un par de pueblos otros 4 días en medio de la nada, con un río cerca, un embalse, unas sierras alrededor y entrar en simbiosis con la naturaleza. Además he encontrado una casa rural, lujosilla pero nada cara con todo lo que incluye: rutas a caballo, senderismo, piragüismo e ir en bici. Bañarse en la piscina, en el río y en el lago. Hacer cientos de fotos de todo y no tener tiempo de pensar, ni de leer. Que sea un no parar.


Y es, tras pensar en lo que voy a hacer en mis vacaciones esos 8 días, 4 en la playa y 4 en la montaña, ¿qué me llama más la atención y me parece  más entretenido?

- 4 días tomando el sol, cañas y tapas a pié de playa e ir a tomar una paellita por ahí.
- 4 días en la montaña, haciendo rutas en distintos medios de transporte, orgánicos e inorgánicos, y conociendo pueblos y comiéndome un bocadillo en un mirador en lo alto de una montaña.

¡Ay! Adoro la montaña.

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martes, 3 de julio de 2012

No... ¡¡¡NOOOOOOO!!!

Por favor, no me miréis así...


Estaba tan tranquila reposando la sandia que me he comido...


 ... después de ir a correr y ducharme.

Por favor, ¡¡a este me lo comía con patatas y ajito!!

Pero es que os miro con esas caritas tan tiernas. Esas patitas. Esos ojitos. Tan cansaditos y me entran unas ganas de abrazaros hasta asfixiaros y dejéis de hacerme sentir taaaaaaaaaaaaaaaaaan empalagosa:



Y me derrito.

Por los Diosex que me derrito.


NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO