Seguidores de mis paranoias...

viernes, 30 de marzo de 2012

Mi abuelo Francisco

Le he nombrado en ocasiones en este blog. Sobretodo porque es una muerte que no he superado y lloro al recordarle.


Ya empiezo a estar triste. Pero es que no puedo evitarlo. Ahora os contaré pequeños retazos de la parte de su vida que pude conocer...
 
Mi abuelo se llamaba Francisco y nació el 3 de diciembre de 1904.  Murió el 23 de febrero de 1999 a los 94 años. Yo tenía 13 años.
Todos pensábamos que nos acabaría enterrando. A sus 94 años tenía más salud que adultos de 50 años. Hacía la vida de un sesentañero a punto de jubilarse: trabajaba lo que podía para no sentirse entrando en la anciandad y estar a pocos años de cobrar su pensión.

Ha sido el único abuelo que he conocido realmente. Mi abuela materna falleció durante una operación de cáncer cuando mi madre era muy pequeña. Mi abuela paterna murió cuando yo tenía 4 años y no tengo recuerdos de ella (pero ninguno, aunque su muerte me traumó según mi madre).
Y mi abuelo materno apenas le veía y yo debía tener unos 6 años. Los únicos recuerdos que tengo son de él durmiendo. Murió durmiendo durante una comida en su casa con casi todos sus hijos (eran 9). Varios de mis tíos se dieron cuenta durante la comida que no estaba roncando en el sofá y se fijaron que no respiraba, y no avisaron a los demás hasta finalizar. Estaba mayor y algo enfermo.

Mi abuelo Francisco era el mejor abuelo del Mundo. He conocido abuelos de amigos, de parejas de mis hermanos, de mi ex (y he de decir que le cogí un cariño increíble a su abuela materna. la echo muchísimo de menos), abuelos desconocidos en viajes de autobús que despertaban mi instinto de adoración... pero él era el mejor. Porque era mi abuelo.


Nos encantaba pasear con él. Nos contaba historias de la guerra. De cómo huyó de España para no entrar en el ejército (estaba en estado de Guerra, con Primo de Rivera). En Francia hizo amigos y siguió viajando y aprendiendo francés hasta el bilingüismo. Tenía una estantería con libros antiguos en francés que a veces yo los ojeaba sólo para olerlos y ver las tapas, duras, hojas desgastadas, amarillentas... y luego él venía y me resumía un poco de qué iba ese libro. Casi todos eran de amor en tiempos de guerra y de Julio Verne (de ahí que leyera a Julio Verne de tan pequeña, aunque en castellano).

Escribió innumerables poemas. Amor y guerra. Su visión de la vida en verso. Cuando murió, mis hermanos nº3 y nº4, recopilaron los folios que encontraron en sus cajones, los pasaron a máquina, e hicieron libritos que repartieron a la familia el día de su funeral.

Era muy tranquilo. Apenas se enfadaba. Se pasaba el día tarareando y cantando el himno de Francia y canciones que aprendió allí. Nos cantaba las típicas canciones infantiles en francés también y nos intentaba enseñar las más fáciles inútilmente, como la de "palmas palmitas". Fuera del castellano y del mallorquín-catalán, no nos saquéis.

Un día no hace muchos años en casa de mi tía, mi padre nos contó a mi hermana y a mí algo que nosotras desconocíamos:

Cómo su padre (tras volver de Francia) y su madre cogieron a sus, por ese entonces, cuatro hijos (de cinco al final) y se metieron de polizones en un barco en Murcia. Cómo fueron descubiertos por uno de los marineros y cómo éste se calló y les ayudó durante el viaje al ver las caras de desesperación de esa familia (la mía). Así fue como acabaron en la isla de Mallorca.
Vivían de la construcción y mi padre desde pequeño trabajaba en el campo ayudando a recoger en los campos y pintaba cuadros (¡le expusieron uno en el Louvre! ganó un concurso pintando a mi madre). Cómo se ganaban la vida como podían y consiguieron huir con lo puesto de la pobreza de Murcia y empezar de cero en Mallorca.

El terreno donde construirían entre mi abuelo y mi padre la casa de campo en la que hoy viven mis padres en Inca, fue resultado del trueque que hizo mi abuelo a cambio de construirle a unos granjeros la casa en la que todavía hoy viven. Le dieron un terreno bastante grande a mi abuelo. Esa casa de campo en la que hemos hecho comuniones y bautizos impresionantes, donde se reunía la familia en verano, donde se celebraban las fiestas de cumpleaños de sus 8 hijos a la vez y multitudinarias...

La entrada y patio que rodea la casa está hecha con un collage de mármol pieza a pieza.

Mi abuelo era el "Señor que repartía caramelos en la puera del colegio". Tenía un don para atraer a los niños. Sólo tenía que meterse la mano en el bolsillo...... y sacar un manojo de caramelos que tiraba como si fuera el Rey Melchor en la cabalgata del 5 de enero. Les cantaba en francés, les contaba historias  surrealistas, supongo que leídas y traducidas de algún libro suyo francés. Les enganchaba. Los niños le adoraban. Mi abuelo era así.
Pero claro, repartir caramelos en la puerta del colegio tenía sus consecuencias. Los niños cuentan eso a sus padres y algunos iban a hablar con las profesoras. Algunas madres llegaron a conocer a mi abuelo porque como siempre estaba paseando no era muy raro verle, además que sólo tenía que asomarse a la puerta, y los niños ya le saludaban. Así que no todos los señores que repartían caramelos en la puerta del colegio, daban drogas a los niños para hacerles cosas malas. Vaya ideas nos metían de enanos, por los Diosex.

Todos conocemos a los típicos "personajes entrañables" a lo largo de nuestras vidas... mi abuelo fue ese para muchas personas. Sobretodo lo era para los que les hacía parar y contarles alguna anécdota, pedirle que repitiera tal trabalenguas, preguntarles la edad, vacilarles haciéndoles una subida de pierna hasta crear un ángulo de 120º y tocarse la punta del pié. Era entrañable, no pesado. No era esa clase de viejos que te paran para contarte su vida o cosas que no vienen a cuento. Mi abuelo veía algo en esa persona, y le preguntaba por ello. Si le costaba hacer algo, le retaba para ver si podía superarse. Le contaba alguna anécdota para animarle. O simplemente para bajarle los humos. Le encantaban las historias con moraleja y la gente se quedaba embelesada escuchándole. Niños, jóvenes, adultos y ancianos le escuchaban sin desánimo, sin pensar el típico "ya está el pesado este contándome mierdas". Porque no. Mi abuelo no contaba mierdas. Contaba lo que quería decir en el momento que había que decirlo.

Bueno, miento.

Mi abuelo sí contaba mierdas. Pero mierdas de caca. Algo raro tenía que tener ese señor entrañable...

Tenía una manía: sólo podía cagar en el campo. Así que allá que caminábamos, kilómetros paseando para que a mitad de camino dijera, a la altura de un solar detrás del canal que cruza el barrio de al lado:

- Parad un momento, es mi hora de plantar el pino.

Tras un largo rato de dar patadas a piedras, aparecía mi abuelo, caminando como si nada hubiera pasado y seguía con sus historias. Realmente cagar es tan natural que no ha pasado nada impactante. Pero había veces que venía raudo y veloz, con los ojos muy abiertos y gritando:

- Venid, ¡¡venid!! ¡¡Mirad esto!!

Sí. Quería que viéramos una mierda del tamaño de un macrofalo que había excretado de su interior.

A veces tenía ese tipo de detalles. Se sorprendía cuando era capaz de expulsar algo así. Y no es de extrañar, porque una mañana, muy a mi pesar, descubrí lo más asqueroso que una niña de unos 11 años podía visualizar:

- ¡¡Isabeeeeeeeeeeeel!!
- Abuelo, mamá no está. Sólo estoy yo.
- Pues María, ven, vente. Te necesito.

¿Y qué iba a hacer si mi abuelo me necesitaba?
Y ahí que entré yo, en su habitación. Y nada más entrar quise huir.
Lo encontré como su madre le trajo a la Tierra, a cuatro patas, con el culo en pompa mirando hacia la puerta y... ¿qué era eso?
Tenía el culo raro. Como pegado (pero sin el "como"). ¿De viejos se nos pegan los pliegues del culo? Quería que le echara yodo en el culo. ¿Por qué? Nunca lo sabré. Pero me sentí muy mal haciendo eso. Aunque fuera por su bien y su salud anal, pero me sentí muy, pero que muy mal.

Nos daba dinero cuando cobraba la pensión. Nos llamaba de uno en uno y salíamos al patio:

- ¡Ana!
- ¡Voy!
- ¡María!
- ¡Voy!




Y nos daba cien pesetas. Yo solía guardarlas en la hucha, pero a veces salíamos rapidísimo hacia el barrio de al lado a comprar chucherías; ya digo que a veces, porque como siempre que le acompañábamos a pasear nos compraba 100 pesetas de chucherías y patatillas (¡a cada uno que le acompañaba!) nos quitaba el mono. Al no tener paga eran muy bien recibidos.

Menos una vez, que empezó a llamarnos de nuevo (por orden) y llegó mi turno:



- ¡María!
- ¡Voy!
- Toma, tus cien pesetas.
- ... Abuelo no.
- ¿Hoy no quieres?
- Es que es un billete de mil pesetas.
- ¿No son cien pesetas esto?
- No, son mil pesetas. Cien pesetas es esto (y le saqué una moneda de la cartera).
- Pues entonces toma, mil pesetas.

Supongo que ese día quería probarnos y compensarnos de alguna manera. No lo sé ni lo recuerdo, pero seguro que me duraron muchísimo esas mil pesetas. ¡¡No sabía qué hacer con tanto dinero!! Es algo que me impresionó mucho. Tanto dinero junto en mi mano. Un billete. Joder, pero qué simple era.

Lo que peor llevábamos de él era cuando le daba por cocinar. Mi madre le prohibía la entrada a la cocina y cuando lo hacía discutía con él, aunque no hiciera nada. Pero cuando mi madre no estaba. Oh, No, No, No.

Un olor.
Una peste.
Un... un olor.

No os lo podéis imaginar.

Mi abuelo abría la nevera y los armarios y sacaba un poco (para una persona) de cada cosa: carne, pescado, embutido, salsas, hierbas, especias, fruta, hortalizas, queso, pasta, arroz, legumbres, leche, huevos, etc...
Luego echaba agua en una olla y lo metía todo a presión.

¿Os lo imagináis un poquito? Un poco, sólo.

Al meter un poco de muchas cosas, daba para comer más de veinte personas. Las 3 ó 7 veces que hizo ese mejunje mi madre lo miraba con cara de asco comer y tiraba el contenido de la olla cuando él no miraba. Apestaba toda la casa. Pero mi abuelo lo comía con ganas, ofreciéndonos. Mi madre jamás nos permitió aceptar una cucharada. Pero no hacía falta que nos lo prohibiera. Nuestro olfato y sentidos de autoprotección nos obligaban a rechazar cada ofrecimiento de mi abuelo.

Pero un soleado día de diciembre, cuando tenía 94 años, tras un largo paseo vino a casa a descansar. Cogió uno de sus libros en francés y se puso en calzoncillos a leer en el patio, al solecito. En Mallorca aunque haga sol y vayas en manga corta en diciembre, has de llevar una chaquetilla para cuando estás parado, porque el aire no es tan caliente como parece mientras estás caminando y cansándote.

Y ahí estaba él... sentado y empezando a incubar un constipado.

Y un constipado lleva a una gripe.

Y una gripe a una neumonía.

Y una neumonía, en un anciano de 94 años, aunque lleve una vida saludable, camine, haga gimnasia y no enferme casi nunca...
Pasó sus últimos días de vida en  un hospital. Agonizando sin poder respirar. Lo peor era verle en casa antes que lo ingresaran. Gritaba durante el día, por la noche. Tenía fiebres y mi padre tuvo que ponerle un candado a la ventana porque la abría de madrugada entre sudores y se ponía peor por la mañana tras coger todo el frío de la noche. Fueron unos días horribles.

Pero bueno, tuvo que ocurrir, desgraciadamente.

Lo que más me afectó era pensar en todos esos paseos en los que hablábamos que en el año dos mil iban a poner el euro. De las ganas que tenía de haber vivido un siglo entero y entrar no sólo en un nuevo siglo: sinó en un nuevo milenio. De oirlo hablar sobre cómo había avanzado la tecnología y cada vez más rápido. Seguro que ahora nos estaría llamando la atención, con sus casi 108 años, que estamos todo el día enganchados al móvil y el ordenador. Y fueron él y mi madre los que me engancharon a la lectura.

Qué tierno era...

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jueves, 29 de marzo de 2012

Y la historia se repite. Y se repite. Y se repite...

Qué cansada estoy de todo. Pero sobretodo de todos (masculino plural). De tonterías. De pensar una cosa y que suceda otra. Y cada vez me da más pereza empezar para saber que ocurrirá nada.

Y cada vez pasa más tiempo entre y entre. Y cada vez más desidia. Y cada vez menos deseos. Y cada vez más negatividad. ¡¡Más!!

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miércoles, 28 de marzo de 2012

Lo estoy petando

El pantalón de mi uniforme se está empezando a resentir de todo lo que como.

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miércoles, 21 de marzo de 2012

De requesadas y mariscadas...

Y hoy, sintiéndolo mucho... una entrada poco excitante. Una queja a la sociedad. Una crítica hacia la higiene genital masculina.

Una entrada simulando las peores pesadillas de las mujeres (y homosexuales) que comienzan con un pene hombre nuevo. Esa primera vez que juegas a la lotería. Ese primer contacto con el miembro de ese ser masculino ajeno. Ese primer vistacito. Esa mano que ha hurgado, que ha encontrado, que ha tocado por encima del pantalón y que por fin descubre lo que se encuentra bajo el calzoncillo tras todas estas preguntas que se nos ocurren en ese preciso momento: ¿estará limpia?, ¿olerá bien?, ¿se la habrá pasado por agua después de mear?, ¿tendrá fimosis?, ¿estará operado de fimosis?, ¿se la habrá pillado con la cremallera alguna vez en su vida?, ¿tendrá el capullo bien gordo?, ¿estará depilado?, ¿sus huevos serán gordos o dos colgajos de mierda ahí super tristes?, ¿sabrá bien?, ¿me cabrá en la boca?, ¿cómo le gusta que se la chupen?, ¿tendrá el capullo gordo y el tronco fino?, ¿el tronco grueso y el capullo fino?, ¿cómo será su puta polla, joder?

IMPORTANTE: también asegurarse de mirar el calzoncillo por si tiene manchas de excretación anal. Cosa que suele olvidárseme y... da miedo, ¿verdad?

Una entrada dedicada a las arcadas y vómitos de todas esas mujeres (y homosexuales) que se encontraron con un pene cubierto por una fina capa de leche mal lavada. Leche condensada. Leche atacada por la bacteria que crea ese queso que todos comemos gustosamente en taquitos en el supermercado, que compramos y que extraemos posteriormente cuando nos apetece de nuestros frigoríficos. Queso del bueno. Pero en este caso: queso del podrido. Queso mal curado. Queso requesonado. Requesón del bueno. Del que huele. Del que está rancio. Del que se mastica.


Requesón del caducado. Con grumitos. Hecho taquitos y con olor a semen requemado dejado reposar.

Me imagino la escena del hombre, adulto, joven, niño, haciéndose una maravillosa paja, llegando al punto más ansiado, al orgasmo masculino. Lleva rato con la mano, pene y testículos mojados por el líquido preseminal y por fin su ansiado semen es excretado con fuerza acompañado de espasmos y gemidos de satisfacción. Y me imagino a Semen; caliente, blanquecino, espeso, manchando su torso y dedos de la mano, rellenando su ombligo y salpicando su brazo derecho.

Y me imagino a Restos de Semen: ya frío, más espeso, enfadado... gritando:

- ¡¡Voy a asentarme sobre esta colina!! ¡¡Hasta que no me lleven a mi caliente humedal, no me moverán!! ¡¡NOOOO NOOO NO ME MOVERÁN!!

Y ya puede llover agua de ducha (¿la conocerá el dueño?), ya puede seguir excretando líquidos por su conducto urinario. Puede seguir maniobrando con la derecha... pero nadie puede mover a Restos de Semen de su cipote.

Y ahí, acumulado, esperando, acechando desde la oscura morada entre prepucio, sudor y calzoncillo... aparece esa mujer, u hombre, y le descubre. Y le recibe mal.

Restos de Semen esperando pacientemente su preciado y deseado destino dentro de un caliente humedal, y lo único que oye son arcadas, insultos y una caliente lluvia de agua y jabón.

Pobre Restos de Semen. Si en el fondo los guarros dan penilla.




Sí, hace un rato tengo a mi lado un sandwich de queso y me he acordado de una conversación con una chica que casi vomita al contarnos una asquerosa anécdota de cuando se cruzó con un cipote requesoneado.

Sí, me duele un poco la barriga y se me ha revuelto un poco al imaginarlo y describirlo.

Sí, tengo ganas de follar igualmente. Una cosa no quita la otra.

Sí, sé que hay mujeres que es mejor no se quejen del requesón, porque que un pene cree requesón: tiene la leche como ingrediente, algo es algo. Simplemente es que ha cuajado.
Pero hay mujeres que tienen ahí una mariscada de la que es mejor no imaginar, porque creo que es incluso peor que una fina o gruesa capa de requesón en la cima del cipote: la mariscada podrida del Mar del Sur. Esa mariscada que se cuece por fuera.... y por dentro.

Incomible. Impenetrable. La de almejas, mejillones, berberechos, langostas y alimañas que se esconden ahí dentro, esperando atacar y pudrir todo lo que toca a su paso. Por no hablar que funde compresas. Que traspasa bragas y destiñe pantalones. Que no es que menstrúe: es que su útero se cae a pedazos. Un viaje esperpéntico. Huye de su cárcel de putrefacción.

Horripilante, ¿verdad?



¿Véis esta foto igual que yo ahora?

Segovia

Tras nuestro viaje a Praga teníamos dos días para hacer algo por España. Así que optamos por ir a Segovia a hacer algo de turismo y ver algo de Madrid a la vuelta antes de llevar a Ana al aeropuerto.

Como no hay mucho que contar sobre allí os voy a avasallar a fotografías, aparte que vimos los monumentos más importantes en menos de una hora (y entrar nos daba pereza):

 El Acueducto romano, creado de hace más de 2000 años, sin argamasa ni ostias, ahí está.
 La Catedral. Nos recordó a Minas Tirith. En uno de esos pisos, con un poco de imaginación, se puede apreciar a Gandalf cabalgando raudo y veloz con Pippin para hablar con el Senescal de Gondor.

Y no podía faltar la cosa friki de Segovia que nos daba un poco de repelús, ese pedazo escaparate en un restaurante:

¿Qué mal rollo, verdad?

Luego fuimos a comer a un restaurante. El vino de la casa estaba riquísimo y, como el cerdo nos parecía demasiado grasiento, comimos cordero asado:


Por la tarde hicimos un poco de turismo por pueblos y castillos. Vimos Pedraza, a 40 minutos de Segovia:
 bonito pomo de Mushu:
 Bonito es mi coche recién lavado, ¿verdad?

Y también fuimos a La Granja. Nos pillaba de camino a la vuelta de Pedraza para Segovia, y vimos sus jardines, un poco, porque cerraban a las 18:30h y en media hora como que sus no sé cuántas cientas o miles de hectáreas pues no nos daba...:
 Este cisne me mordió la bota ¬¬ porque no teníamos para darle de comer. Muy cercano, la verdad, si no fuera porque cada vez que acercabas la mano a milímetros iba a morderte, tenía ganas de cogerlo y abrazarlo:

Y tras pasar la última noche en Segovia, madrugamos, pillamos coche y para Madrid.
La llevé a ver el Valle de los Caídos:
Y el Escorial:

Y en el Valle le hice una foto a una hormiga gigante. Qué chula:

 Luego fuimos a comer por Moncloa y dar paseos por el centro, tapeo y demás. Y comimos mi segundo trozo de pastel en la mejor pastelería (lo digo por la variedad de pasteles que tienen) que he conocido:


Y bueno, hasta aquí mi resumen de mierda, porque no he dicho nada de Segovia, pero es que me pareció tan aburrida después de ver Toledo y Ávila. El Acueducto, la catedral, las fachadas de algunos restaurantes y listos.

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martes, 20 de marzo de 2012

Respuestas: "¿Verdad o Mentira?"

Y hoy, tras mucho aburrimiento e intento de dormir, me he dado cuenta que tengo esto un poco muerto, así que voy a aprovechar para daros las respuestas al juego que os dejé ahí-ahí antes de irme de viaje para daros tiempo a responder: VERDAD O MENTIRA

1.- De pequeña me encontré una rata bajo la cama y cuando mi madre vino a ver por qué gritaba y lloraba, al ver la rata saltó sobre la cama y la partió, cayendo las dos al suelo. La rata escapó T_T.

MENTIRA. Mi madre cuando veía una rata tenía una habilidad tremenda para hacer aparecer en su mano una escoba y terminar con ella ipso facto.

 2.- Un día mi hermana pequeña me pidió un vaso de agua. Tenía las manos grises de haber tocado algo del trastero. Le di un vaso de agua, metió las manos para lavárselas y se bebió el agua gris (WHY?). Al rato se puso a vomitar y fuimos a urgencias. Intoxicación. Me castigaron por no pararle cuando iba a beberse el agua.

VERDAD. Creo que lo conté una vez en el blog y todo xD es que en ese momento lo encontré todo muy surrealista. No entendía nada y yo me dediqué a observarla. Ya de más mayor me parto cuando lo recuerdo. Y sí, mis padres me echaron un broncón del diecisiete.


3.- En una competición de atletismo en la que participaba de juez, me tocó medir dónde caía la jabalina. Tenía que ponerme a una distancia prudencial y seguir la jabalina e ir corriendo donde cayera metro en mano. Me gritaron con urgencia y miré hacia el lado donde todos miraban ojipláticos. Rápidamente tuve que esquivar no sólo una jabalina, sinó también un martillo que algún idiota se puso a practicar para lanzar después en la competición. Casi no lo cuento. Por suerte el lanzamiento fue nulo porque no vi donde cayó la jabalina (y no podría haberlo medido).

MENTIRA. Es la mentira elaborada que más me costó redactar. Sí, era juez de atletismo y sí, era medidora en lanzamientos también, pero durante una competición lo de tirar varios objetos de largo tiro... como que está muy controlado para que no haya accidentes.

4.- Mi padre imita genial a José Mota. No sólo se parece físicamente, sinó que cuando se aburre en casa, para hacer reir a mi madre, se pone a cantar y bailar imitándolo. Sobretodo le sale super bien el Tío la Vara.

MENTIRA. Mi padre físicamente se parece a José Mota. Es más, puse esta foto en Facebook y había gente que realmente pensó que era mi padre (habla torciendo la boca igual, llevó las gafas igual con cinta pegadas, IGUAL IGUAL IGUAL IGUAL ¡¡es que el de la foto es mi padre!!). Pero no, lo imita como el culo. En una boda le hice ponerse la servilleta anudada en la cabeza (gracias, vino y sorbetes de limón, por hacerlo fácil y accesible) y nada, que físicamente sí pasaría por su doble, pero lo de imitar se lo llevó todo José Mota.

5.- Me encantaba ir a pasear con mi abuelo. Siempre que le acompañábamos nos compraba de vuelta a casa cien pesetas de chucherías y era muy gracioso porque paraba a todos los viejecitos que iban con bastón, cojeando o arqueados y chuleaba con su edad. Jamás he visto a nadie de 93 años chulear delante de uno de 78 por tener más años. También era el hombre que repartía caramelos en la puerta del colegio :/ (sí, ese que vuestros padres os prohibían cogérselos porque tenían droga. Ese era mi abuelo. Pero no tenían droga, os lo digo yo que salí normal y tomaba los mismos).

VERDAD. Mi abuelo tenía don de gentes. Vacilaba a los setentañeros más jodidos físicamente (se ponía a hacer gimnasia, levantar la pierna hasta encima de la cabeza, estiramientos y casi el espagar) y nos peleábamos por ir a pasear con él. A veces íbamos la mitad de los hermanos a pasear sus tantos kilómetros diarios no sólo por escuchar sus historias y recibir sus caramelos, sinó porque nos hacía gracia las reacciones de los otros ancianos 20 años más jóvenes que él. 
Y sí... en la hora de los recreos (vivíamos frente a los colegios) se acercaba a las vallas y les regalaba a todos sugus y caramelos. Cuando murió, profesores, padres y niños cuando nos veían nos preguntaban por él.


6.- Un día hace muchos años, acompañé a mi madre a comprar al supermercado. Me solté de su mano para mirar un escaparate y luego se la volví a dar. Caminé un buen rato contándole lo que había visto en el escaparate que me gustaría tenerlo y me dijo con una extraña voz "claro, hija, claro". La miré y, aterrada, le solté la mano y caí de culo al suelo. ¡¡Mi madre se había convertido en una vieja zarrapastrosa!! Luego la escuché reir, pero la vieja sólo me miraba divertida. Miré un poco más al fondo y ahí estaba ella en la esquina, despollándose toda doblada. ¡¡La muy... !! Resulta que yo paré, ella siguió caminando y cogí la mano de la siguiente persona que pasaba por la acera.

VERDAD. Siempre he sido muy despistada con estas cosas. Me sumerjo en mi mundo y no me empano ya desde pequeña. De ahí que haya tenido tantos accidentes domésticos.

7.- Durante una práctica del carné de conducir nos cruzamos con mi tía en un paso de cebra. Le hizo tanta ilusión verme que me hizo abrir la ventanilla y se puso a preguntarle al profesor qué tal me portaba. El profe me hizo estacionar detrás del paso de cebra. Estuvo hablando con mi tía media hora (la clase duraba 45min), resulta que se conocían del barrio. Perdí 24€ de esa práctica porque el profe contó cada minuto hablado con mi tía como si hubiera estado dándome clase y tenia que coger al siguiente alumno. Hijo de puta.

FALSO. Lo que ocurrió es que casi atropeyo a mi tía porque pasó sin mirar por un sitio que ni era cruce ni había paso de cebra y el profe la insultó. No quise decirle que era mi tía.

8.- Una de las cosas más impresionantes he presenciado fue en una carrera de orientación (plano, brújula, encontrar balizas) por la montaña en el Parque Natural de Galatzò. Habían soltado un halcón (allí tienen domados que van y vuelven) que no se asustó ante mi presencia, levantó el vuelo desde el tronco hasta cierta altura y se dejó caer en picado hacia los hierbajos muy cerca de donde estaba yo. Volvió a alzar el vuelo y entre las patas llevaba una liebre todavía con vida.

SUPERMENTIRA. Están super vigiladas las aves y no las sacan sin supervisar. Sí, he presenciado cómo levantaban el vuelo pero ya después de la carrera de orientación, descansada, comiendo como una cerda recuperando fuerzas y también cómo cazaban pero un trozo de carne muerta que lanzaban con fuerza en la distancia.

9.- El primer trabajo que tuve fue en un restaurante sirviendo mesas y sacando platos y vasos del lavavajillas. Duré un par de noches. No aguantaba el estrés y la presión. Entonces dije que jamás sería camarera. Y espero no serlo jamás.

MENTIRA. La primera parte es verdad. Pero aguanté sólo unas horas. Dije que no volvería en la puta vida. Ésta la puse en modo menos drástico, queda más responsable si digo que aguanté unas noches XD

10.- La primera vez que me emborraché fue porque me tomé un montón de chupitos (no dejaban de invitar) y estuve toda la noche mareada y me daba llorera. Fue tan extraño todo, sobretodo el descubrir qué era la resaca, que tardé meses en volver a beber.

MENTIRA. Odiaba el alcohol (sólo porque no me molaba ver a la gente perder el sentido y también porque olía mal y fuerte) hasta los 21 años. Hasta que un día me dieron a probar una bebida maravillosa que sabía a caramelo y bebí hasta que empecé a hablar raro y sentirme muy mareada. Esa fue mi primera borrachera. Desde entonces me dió por salir y beber de eso hasta que acostumbré a mi paladar la ingesta de bebidas más fuertes.


Y ahora la lista de resultados............

Dra. Anchoa: 5, 8, 10
Apple: 10, 9, 2
Lyo:  2, 5, 10
JuanRa Diablo: 3, 6, 8
RdMichelle: 5, 7, 10
Jill: 2, 3, 8
Kurai: 3, 6, 8
Iris Vivaldi: 1, 3, 10
Níniel: 5, 6, 10 (gracias por pasar ^////^)

Con un doble empate de dos aciertos: LYO y NINIEL se han llevado el premio: mi reconocimiento y cariño por haber acertado dos de tres en un juego que, reconozco, he puesto muy, muy difícil.

Gracias por participar.

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jueves, 15 de marzo de 2012

PRAGA

Qué corto se nos hizo, madre mía.

¿Por dónde empiezo?

Cuando le comenté a un compañero de trabajo que me iba a Praga, me recomendó encarecidamente que cogiera un tour gratis con unos españoles que había allí, e insistió que hiciera varias rutas que organizaban a 11-12€, y más si íbamos tan poco tiempo. Al final reservé sólo el tour gratis porque...joder, no apetecía pagar para ver algo que se veía a simple vista.

Se puede decir que tras perder un día de aeropuertos, sólo estuvimos dos días y medio en la ciudad, y el sábado por la mañana agradecimos muchísimo la vuelta con el guía turístico que nos explicaba toda la historia desde que se fundó Praga hasta la actualidad, mostrándonos edificios y contándonos curiosidades sobre reyes y reinas, matrimonios a lo "no hay huevos", el por qué de tal corte en un edificio, escritores, filósofos, músicos e intelectuales de cada momento.

Al final acabamos comprando tiquets para dos tours más: La Ruta del Castillo y La Ruta de la Cerveza (o de la Felicidad). Y así es como conocimos Praga, una ciudad mágica y maravillosa. Antigua y con mucha historia, feliz y triste... pero sobretodo: MUY TRISTE.

Porque estar en el medio de Europa todo tiene que pasar por ahí.... y como no ha habido guerras, cuentan los libros de historia...
Y si a ello le sumamos las guerras internas religiosas entre cristianos, judíos y protestantes. Y que si luego la peste. Es que se lo han comido todo. Desgraciadillos. No sabíamos si reír con los comentarios o llorar de pena. Pero como decía nuestro guía: tener tantos problemas les ha obligado a desarrollar un humor bastante negro.

Hay que decir que con los extranjeros, a pesar de ser una ciudad muy turística, son bastante bordes en ocasiones y que algunos turistas, sobretodo los menos avispados y confiados, pueden ser timados con lo del cambio de moneda. Pero en general no hay ningún problema con ello. Al menos nosotras no tuvimos ningún motivo para quejarnos de la gente, pero durante una de las rutas varios españoles se quejaban de ello y el guía les dio la razón, que a veces pueden llegar a ser algo rancios.

Pero bueno, como de historia de Praga podéis ver documentales como éste, donde sale nuestro guía (el primero que entrevistan):


Y ahora os dejo con alguna anécdota y fotografías varias:

Nada más llegar a nuestra parada de metro, policías cortaban la carretera por donde teníamos que pasar. Hubo un accidente de tranvía se ve, y para rematar al llegar al hotel nos dicen que nos realojan en otro porque en el nuestro están de obras...

Realmente nos quedamos con la duda si era por obras o porque no dejaban de repetir "bomba bomba". No sabemos lo que significa en español si es una palabra checa, o es lo único que sabían decir en español acojonándonos un poco, la verdad.
Nos enviaron un taxi. El recepcionista del hotel nos llevó las maletas hasta el taxi. Muy majos todos, la verdad.

Hasta que vimos el taxi y el taxista.

Un coche negro y un calvo alto, grande, musculado... un chulo de gimnasio tipical spanish, diría. Llevaba un pinganillo en la oreja y sus movimientos eran ágiles, pero seguros. Se le veía fuerte. Su mirada era severa, pero muy firme.
Sobretodo cuando otro taxista estaba aparcado en frente y no se movía, dejándonos encerrados entre unas obras y una pared y no se quería mover.
El calvo salió del coche amenazante. Sacando pecho y elevando los hombros. Estirando el cuello en modo hombre dominante. Imponiendo. El otro taxista dió la vuelta dejándonos pasar ipso facto. Y Ana y yo acojonaditas.

Al salir del taxi en nuestro nuevo hotel yo tenía mucho miedo. Pero el hombretón alto y calvo, fuerte y musculoso, nos sacó las maletas y nos miró con su mirada severa, intento de ser amable, sonrisa forzada, acojonándonos un poquito más.

Me recuerda un poco a cuando llegamos a Roma: una primera impresión un poco chunga de la ciudad xD

El hotel no estaba mal, pero era mega antigua la habitación. La cama incómoda y si te salías del colchón ahí estaban las maderas para avisarte a golpes. Lo único bueno es que en la entrada del hotel estaba la boca de la Verita que no pudimos ver en Roma y nos hicimos la foto de honor:


Nada más dejar las maletas, estábamos hambrientas. En el avión nos daban de comer, pero no es lo mismo que comer-merendar algo sólido. Y de paso ya cenábamos.



Nos dimos una vuelta por los alrededores del hotel y acabamos cenando de cervezas y tabla que quesos y salchichas con salsa picante buenísimas. Y Ana no sé, pero yo acabé bastante contentilla. Vamos, que dormí de maravilla la noche del viernes.


El sábado tocaba rutas turísticas: el Free Tour y la Ruta del Castillo.
Nos lo pasamos muy bien, a pesar del cansancio. Desde las 11 de la mañana hasta las 7 y pico que estuvimos dando vueltas, parando únicamente para comer. Aprendimos mucho sobre Praga y pudimos ver, y saber gracias a las explicaciones, todo sobre la ciudad.


Me enamoré de sus calles. Vimos el Castillo, la Catedral y el Callejón del Oro. 

Caminamos más y también nos hicimos una foto con una estatua que me resulta bastante preocupante el acto: la gente le toca el pene a una estatua que representa un niño de unos 13 años, para conseguir una juventud más duradera, me parece. Finalmente Ana no quiso tocársela. El grupo estaba cortado y nadie quería tampoco, así que tuve que romper el hielo y me sentí muy extraña tocándole el pene a un jovenzuelo, aunque fuese de bronce. 

También había pelotazos por doquier. Sinó, mirad estas farolas:




Lo que me gustó de hacer la ruta y nos lo explicaran todo, fue la parte del Puente de San Carlos. 
La gente hace fotos y pide deseos a monumentos y estatuas. Las tocan porque creen que así volverán, o así les será concedido algo... 
Bien, el guía nos decía que observáramos a la gente y luego nos explicó cómo se hacía todo. La mayoría de la gente lo hacía mal. No vimos a nadie hacer bien lo de los deseos. 
Nos explicó que teníamos que pedir cinco deseos y sólo se te concedería uno. Se ha de poner un dedo en cada estrella de la cruz y el pié derecho sobre un botón que hay en el suelo. El truco está en pedir cuatro imposibles y luego uno que no costara mucho a San Juan Nepomuceno concedérnoslo. Resulta que el pobre hombre fue arrojado al río desde el Puente de San Carlos. El pobre. 


Lo que me gusta de la historia de Praga es que, así como en España se cuenta la historia por Repúblicas, Revoluciones, etcétera... en Praga se cuenta por 1ª Defenestración, 2ª Defenestración, 3ª Defenestración, 1ª Despontificación... etcétera... 





Luego nos explicó otra de las cosas que me obligaban a gritar "NO" desesperadamente cada vez que veía a alguien tocar a la Mujer. 
¡¡La mujer no se toca!! Es la traición. La imagen representa a Nepomuceno siendo arrojado al río, mientras la mujer pasa de la escena tranquilamente, porque es mala y perversa. Es una ponecuernos. 
Nos decía que si queríamos volver a Praga había que tocar al perro o a Nepomuceno, que es al que arrojan del puente. 


La penica que me dió ver un japonés de unos 134 años tocando a la mujer y alejarse del monumento con una sonrisa super feliz, pensando: "soy viejo, pero volveré, porque he tocado a la mujer".


Me daban ganas de llorar. 


Vas a morir, viejo. No vas a vivir lo suficiente para volver a Praga. Lo siento.




Tras tanta caminata volvimos al hotel a descansar y a buscar un lugar para cenar, recomendado por google y por el guía: NOVOMESKI PIVOVAR.
Cenamos de entrante queso con cosas, y para las dos ir probando comida checa un goulash y otro plato de pollo con cebolla frita y salsa rara. Cerveza casera y de postre un paseo.




Tras la copiosa cena, a dormir bien. Que al día siguiente teníamos la mañana para pasear, comprar, tomar algo, probar más cosas típicas y descansar antes de la Ruta de la Cerveza.
Así que el domingo tras mucho caminar y comprar recuerdillos y probar dulces del lugar, comimos unos langoses raros. Sabían a gloria y mis papilas gustativas explotaban de placer cada vez que esa masa de patata y lo que sea rozaba parte de mi lengua. Sabía a amor. Ese toque a ajo maravilloso me traía recuerdos de mi país, España, con un regustillo a ketchup que me recordaba a tiempos pasados, remotos, de una juventud casi olvidada, entre McDonals y McDonals. Y ese queso... esa mozzarela, fresca, recién sacada del plástico. Uf. Me corría a cada bocado.

Parece mentira que algo tan vulgar como ketchup, ajo y mozzarela fresca me resultara tan excitante... ¡¡ERA LA MASA!! Esa masa esplendorosa que convertía todo lo que le ponías encima y supiera a amor puro del duro.
 Después de una siesta nos fuimos de cervezas e historia de la cerveza. Allí la cerveza no se sirve de barril. Sinó de tanques. La Budweiser la exportaron y desgraciaron los americanos. Una cerveza que no me gusta nada, cómo podía ser que en Praga me supiera a sexo del bueno. Cada sorbida de esa jarra me excitaba. De verdad, la cerveza hecha en Praga no tiene nada que ver con ninguna que haya probado antes. En España o la mezclo con limón o prefiero una coca-cola. No soy nada cervecera, no me gusta sola. Me sabe rancia, fuerte y... asquerosa la mitad de las veces. Pero allí, la simple idea de envenenarla con limonada me hacían entrar ganas de suicidarme. Está tan buena...
La cerveza negra.


Uf. Me pone. Y no sube apenas nada. Ni llena. Puedes tomarte varias jarras, salir en pié y haber cenado como un cerdo. Porque no te hincha. No tiene ese gas. La espuma es tan densa que hicimos la prueba de tirar un palillo y se quedaba clavada la punta y el resto bien firme, erecto, no se movía.
También nos enseñaron cómo elaboraban la cerveza en la parte superior de un restaurante.

Porque allí, en Praga, la verdadera religión sólo es esta:


Para finalizar, si alguien tiene pensado ir a Praga y ha de hacer transbordos... nosotras fuimos con la compañía Swiss Air. Aparte que no pasas hambre en sus vuelos, lo cierto es que me sentía muy segura con ellos. Coincidió el buen tiempo y ninguna turbulencia. Aparte que nos cebaron tanto para ir como para volver. Si sobraban bocadillos o napolitanas allá que volvían a pasar con el carrito. Y beber, hasta vino si querías.
Es la primera vez que no veo en un avión (y mirad que he ido con muchas compañías) carta de comida a bordo. Porque ya te abastecen ellos lo que necesites. Aparte antes o después del vuelo te pasaban una bandeja con chocolatinas. Primero cogí una, luego de dos en dos.



Escondí un Diablo en una de las estatuas de la entrada del Muzeum. Ya te enviaré el mail cuando tenga un momento, JuanRa (llevo desde las 7:30h a.m. con esta entrada y van a ser las 13h...). Y o no busqué bien (iba de memoria), o no encontré el otro papelillo de la Torre del Reloj >///<

 Que por cierto, qué bonita era de noche, toda dorada... 


En Praga había unos topos en modo peluche, llaveros y juguetes por todo. El que más gracia me hizo, sin duda, fue éste:

A puntito estuve por entrar en la tienda y pillármelo, que me escarbara bien escarbada...


Y para frikadas, mi nueva mascota:


Y para recuerdos, el vodka cannabis que pensé nos quitarían en la aduana de Suiza cuando nos hicieron pasar las maletas por el escáner y las hierbas típicas checas:


Y hasta aquí el pequeño resumen de nuestro viaje a Praga. En entradas posteriores:

- Respuesta al juego de "verdad o mentira"
- Segovia: la ciudad que se ve en una hora y un par de pueblos.

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