Seguidores de mis paranoias...

jueves, 16 de agosto de 2012

Mi nuevo barrio

Vivo en un barrio cercano a la Universidad.

¿Significado?

Bares, restaurantes, bares, bares, tiendas variadas, chinos de emergencia para las noches de frikismo, tranquilidad en verano, tranquilidad en época de exámenes, tranquilidad porque es tranquilo y con bullicio donde debe tenerlo, zonas de aparcamiento por doquier, más bares, supermercados y tres centros comerciales a 8km a la redonda y....


... niños.


Niños por doquier.

El primer día que vinimos a ver el piso vimos niños en la calle, niños en el parque, niños en la piscina. Pero no niños de: "he visto un grupito de niños ahí".

Niños de: "¿DÓNDE COÑO ESTÁN LOS PADRES? Porque si multiplicamos que por cada niño hay dos adultos, aquí no cabemos. ¡¡AQUÍ NO CABEMOS!!"


Tantos niños que, si es cierto eso que ha descendido la natalidad con esto de la crisis, te quedas dudando si no han parido todas las mujeres de este barrio para subir un poco la media.

Tantos niños que a cada paso que das has de ir quitándotelos de encima. Pero siempre con la misma pregunta: ¿dónde están los padres? Porque están solos. A lo mejor ves un adulto en un banco mirando, pero es el mismo hombre de siempre, con pinta de borracho, que duerme la siesta en ese mismo banco frente al parque y es el único que les vigila. Da una confianza...
De salir para trabajar a las 7h a.m. y seguir ese hombre en el banco.

Sí, debe haber 3 niños por cada habitante. Es un buen barrio para rodar una nueva entrega de Los Chicos del Maíz. Sólo hay que poner una cámara al lado del parque y van apareciendo solos.

Pero eso no es lo peor.

Lo peor es por la noche.

Consecuencias de mudarse en verano a un barrio con mayoría infantes menores de 8 años.

La Comunidad donde vivo se compone de 7 portales de 6 plantas cada uno rodeando una piscina. Mi Comunidad es medio barrio. Y, por suerte o por desgracia, el 85% de los niños del barrio viven en ella.

Gritan hasta pasada la madrugada jugueteando por la zona de los portales (es enorme) y gritan. Gritan. ¡¡¡¡Tocan la flauta!!!! Corren. Gritan. ¿Y los padres? ¿Nadie les dice nada? ¿7 edificios de 6 plantas x 3 puertas por planta y nadie les dice nada? A mí es que me da vergüenza. Y miedo...

Miedo porque justo debajo de mi ventana, 5 pisos más abajo, se encuentra:

EL MERCADO NEGRO.


El otro día entré con Karate (algún día hablaré de él...) tranquilamente por la puerta principal cuando, de repente, el grupo de niñas que da la lata hasta la madrugada, grita, corre y grita (porque no saben hacer otra cosa), empieza:

- Psch! Psch!!! Eeeh!! Señora!!
- Hola, ¿qué pasa?
- ¿Nos compras una pulsera?
- Eeeh...
- Hay muchas, son muy bonitas. Cómpranos una pulsera. ¡¡Mira!!
- ... No, lo siento.

Las tenían extendidas entre los barrotes colgadas y expuestas sobre las macetas. Pulseras de colores, brillantes, rosas, rosísimas y supermegaultrahiper rosas.

Se han agenciado del portal para vender pulseras a diestro y siniestro.

Ayer volvía de comprar y seguían allí. ¿Qué digo? Siempre están allí. Es su lugar. Pero ayer se lo habían currado un poco más: tenían un cartel con el precio de las pulseras, colgado hacia la calle para que la gente supiera qué podían encontrarse tras esos barrotes, aparte de un grupo de niñas mirándote con cara de pocos amigos si no les compras. Y son baratas: 30 céntimos cada una.
Pues me reconocieron, para mi desgracia, y me empezaron a hacer pedorretas al pasar. Malditas crías. ¿Y si mañana me encuentro un gato muerto en la puerta de casa?

Creo que hoy al volver del trabajo les compraré 3 y les daré los 10 céntimos de propina para ver si hago mis primeras amigas de la Comunidad. Además si nadie les dice nada es porque son importantes, respetadas y... peligrosas. Estaría bien hacerme con esas mafiosas.

Y he pensado en septiembre aumentarle el negocio a Karate: voy a ir a todos los adultos que me cruce (alguien tiene que ser el padre de esos niños) a ver si quieren apuntar a sus hijos a algún arte marcial y les mandaré al polideportivo de al lado (hay 2 a menos de 10 minutos) donde da clase y le pediré un tanto por ciento por cada niño que le lleve. Estoy segura que cualquier negocio que tenga que ver con los niños nos sacaría de la pobreza.


Pero todo barrio tranquilo, con gente tranquila y muchos bares y gente confiada, tiene sus consecuencias: el martes vi a dos moritos corriendo con una bolsa y una mochila dirección la estación de cercanías.
Cuando casi los había perdido de vista dos jóvenes me preguntaron si había visto a dos tíos corriendo: les habían robado en una terraza.


Y bueno, así es mi vida y el motivo por el que vengo agotada a trabajar: me voy a dormir super tarde porque hasta la 1 ó 2h a.m. están dando guerra por abajo los niños sin control ni vigilancia de adultos. Sin que les llamen la atención. Campan a sus anchas. Pero en septiembre... qué ganas tengo que llegue septiembre y se termine lo de trasnochar. Que empiece el puto colegio ya. Excepto por lo de que lleguen los universitarios y me empiece a costar aparcar cerca de casa...

.

5 comentarios:

David Azcárate dijo...

Lo de las pulseras me recuerda a mi sobrina, que también las hacía y vendía, obteniendo pingües beneficios. Además yo le suministraba el material comprado en Madrid (calle amparo, está todo) y se tenía que regalar, por lo que el coste de producción era 0 y todo iba a beneficios. Así que no sabía lo que era una crisis, jejejeje

Jana la de la niebla dijo...

Mujer, cómprales las pulseras, la ilusión de venderlas tiene que ser la caña, y si les preguntas quién las hace y tal ya las haces felices.
Mil besitos, guapa, que ya mismo está aquí septiembre.

Kurai dijo...

En el edificio que vivo yo hay un cartel que dice que está prohibido hacer ruido en las zonas comunitarias a la hora de la siesta y a partir de las 20:30. La verdad es que hay muy pocos niños, pero en el tuyo deberían hacer algo así >.<!

Es que si encima madrugas, vaya gracia...

Arald dijo...

Usa condón.
Nada más que añadir, señoría.

Misaoshi dijo...

Hace un par de días que no veo a las niñas. Se acabó el mercado y no he hecho amigas...

Kurai, ojalá, PERO OJALÁ, pusieran algo así aquí, es una burrada lo grande que es la comunidad donde vivo y la cantidad ingente de niños y la de ruido que generan. No entiendo cómo la gente que madruga no ha saltado ya. Un dia se me acabará la paciencia y tendré que dar el primer paso.