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viernes, 6 de julio de 2012

¿Playa o montaña en verano?

El último fin de semana que estuve en junio en Mallorca, me dejé caer dos veces por la playa.

Estuvo muy bien, la compañía, tomar el sol, bañarse, comer masticando la arenilla que levantaba el viento con la ensalada y la sandía. Tomar el sol, bañarse. Tomar el sol. Bañarse... mmm... quemarse. Niños jugando con la pelota y tirándote la arena encima. Tostarte al sol. Cagarte en los niños. Bañarse. Asarte al sol. Entretenido.

...

O una pérdida de tiempo. Según cómo se mire.
Pero he de decir que la piel me quedó super bien.
A la playa se va con muy buena compañía o el hacer nada, que es a lo que se va, se hace muy aburrido. Tuve suerte y fui con gente entretenida para hacer lo mismo que haría sola, la diferencia es que hablaba y reía. Pero se va a hacer NADA.


Ese es el motivo principal que no me gusta la playa más que para ir un par de veces, un par de horas. Coger un color bonito de bronceado (y no como el naranja enfermizo de piscina que se coge en Madrid) y escuchar el sonido de las olas mientras el aire caliente y húmedo te roza la piel.


Pero... la montaña.

¡Oh! La montaña.



¿Por qué me enamoré de El Bierzo (León)?
Nunca me cansaba de mirar por la ventana del autobús cada vez que pasábamos el Puerto del Manzanal. En verano asándote o muriéndote de frío con el aire acondicionado roto de los mierdas autobuses Alsa. En primavera con esos tonos verdes y el contraste con las flores y el cielo tan azul y limpio. En invierno lleno de nieve, con sus atascos y sus curvas y dejando pasar las máquinas quitanieves. En otoño y el marrón que destacaba sobre el verde oscuro de las plantas y árboles.

Las montañas. Sus pueblos conservados con sus casas viejas y sus cuestas. Los pueblos de Molinaseca y Lombillo. Sus ríos. Esas aguas gélidas que caían de la montaña. Esos paísajes bucólicos y pastoriles. Las Médulas. El Pantano de Bárcena con sus culebras o serpientes de agua asomando, el asco que me daba meterme entera en el agua... pero lo bonito y bien que se estaba con únicamente los pies dentro del agua, refrescándote y viendo a los niños bañarse como si un pantano fuera la playa más limpia y maravillosa del Mundo de agua templada.

En la montaña si no vas a andar, vas a ver algún pueblo que haya. O un mirador. O hacer alguna actividad. O tirarte por algún sitio. O escalar. O bici. O piragüismo o canoa si hay río/lago. O lo que sea. Rutas a caballo. Tirolinas. Bici.

Si llevas a tu perro nadie te va a mirar mal como en la mayoría de las atestadas playas en verano.

En la montaña hay un sinfín de cosas que puedes hacer. Si hay nieve puedes estar horas haciendo el chorra con ella. Esquiar. Tirarte por la ladera. Más senderismo (pero con más cuidado)...

Cuando pienso en montaña veo todo eso. En cambio cuando pienso en playa sólo veo lo dicho arriba o alquilar por una hora la bici esa con tobogán y también, dejándote una buena pasta y que nunca he hecho aún siendo de Mallorca: motos de agua, paseo en lancha, esquí acuático, la banana esa, etc...


No, en la playa sólo me apetece tostarme al sol un rato. Cansa. Y lo otro no me llama. El mar... no. No me llama. Tampoco me gusta ir en barco. Ni que esté atestado de turistas. Esos viajes masivos aprovechando los pocos meses de playa que hay...

Y por eso estas vacaciones de verano de julio, que sólo cojo una semanita, iré cuatro días a casa de una amiga a conocer su pueblo. Y sí, tiene una casa casi a pié de playa, en la que me tumbaré a leer y beber cerveza mientras mantengo alguna conversación, sin moverme del sitio y dándome un baño de vez en cuando para no echar tanto culo y refrescarme ya de paso. Odiar a los que nos tiren arena encima con el balón y desear dar una vuelta y hacer algo de turismo por los alrededores ya que vamos en coche.



Y nada más llegar de allí ni darme tiempo a deshacer la maleta ni hacer una nueva en Madrid, ir a un par de pueblos otros 4 días en medio de la nada, con un río cerca, un embalse, unas sierras alrededor y entrar en simbiosis con la naturaleza. Además he encontrado una casa rural, lujosilla pero nada cara con todo lo que incluye: rutas a caballo, senderismo, piragüismo e ir en bici. Bañarse en la piscina, en el río y en el lago. Hacer cientos de fotos de todo y no tener tiempo de pensar, ni de leer. Que sea un no parar.


Y es, tras pensar en lo que voy a hacer en mis vacaciones esos 8 días, 4 en la playa y 4 en la montaña, ¿qué me llama más la atención y me parece  más entretenido?

- 4 días tomando el sol, cañas y tapas a pié de playa e ir a tomar una paellita por ahí.
- 4 días en la montaña, haciendo rutas en distintos medios de transporte, orgánicos e inorgánicos, y conociendo pueblos y comiéndome un bocadillo en un mirador en lo alto de una montaña.

¡Ay! Adoro la montaña.

.

6 comentarios:

JuanRa Diablo dijo...

Te diré Misa que estoy en la montaña desde hace unos días: Sierra de la Magdalena, entre Yecla y Jumilla. Campo, silencio, grillos y brisa entre los pinos.

Gozada.

Claro que al menos una vez al año necesito ver el mar, eso también.

Tienes un plan envidiable, chiquilla :O

Rafa dijo...

sin duda la montaña es lo mejor :)

Kurai dijo...

A mi no me gusta nada la playa por todo lo que dices

Y en la montaña me siento realmente torpe, pero lo prefiero 100 veces más =D

Ya pondrás fotos!

Iris Vivaldi dijo...

Por gustos yo me quedaria con la montaña, aunque haya mosquitos y bichos pero la playa no está mal tampoco.

Misaoshi dijo...

Con esto digo que no me guste la playa, digo que la prefiero. Me lo paso bien un rato, y relaja otro tanto, pero ya está. Las actividades son limitadísimas comparado con la montaña :D

Qué ganas llegue esa semana. Dos semanitas nada más.

Saludos y gracias ^^

(JuanRa, voy por ahí cerquita de Elche)

Diego Vargas dijo...

He vivido toda la vida al lado de la playa y nunca me ha terminado de convencer. Ahora que vivo lejos no la hecho de menos. Claramente la montaña :)