Seguidores de mis paranoias...

jueves, 15 de marzo de 2012

PRAGA

Qué corto se nos hizo, madre mía.

¿Por dónde empiezo?

Cuando le comenté a un compañero de trabajo que me iba a Praga, me recomendó encarecidamente que cogiera un tour gratis con unos españoles que había allí, e insistió que hiciera varias rutas que organizaban a 11-12€, y más si íbamos tan poco tiempo. Al final reservé sólo el tour gratis porque...joder, no apetecía pagar para ver algo que se veía a simple vista.

Se puede decir que tras perder un día de aeropuertos, sólo estuvimos dos días y medio en la ciudad, y el sábado por la mañana agradecimos muchísimo la vuelta con el guía turístico que nos explicaba toda la historia desde que se fundó Praga hasta la actualidad, mostrándonos edificios y contándonos curiosidades sobre reyes y reinas, matrimonios a lo "no hay huevos", el por qué de tal corte en un edificio, escritores, filósofos, músicos e intelectuales de cada momento.

Al final acabamos comprando tiquets para dos tours más: La Ruta del Castillo y La Ruta de la Cerveza (o de la Felicidad). Y así es como conocimos Praga, una ciudad mágica y maravillosa. Antigua y con mucha historia, feliz y triste... pero sobretodo: MUY TRISTE.

Porque estar en el medio de Europa todo tiene que pasar por ahí.... y como no ha habido guerras, cuentan los libros de historia...
Y si a ello le sumamos las guerras internas religiosas entre cristianos, judíos y protestantes. Y que si luego la peste. Es que se lo han comido todo. Desgraciadillos. No sabíamos si reír con los comentarios o llorar de pena. Pero como decía nuestro guía: tener tantos problemas les ha obligado a desarrollar un humor bastante negro.

Hay que decir que con los extranjeros, a pesar de ser una ciudad muy turística, son bastante bordes en ocasiones y que algunos turistas, sobretodo los menos avispados y confiados, pueden ser timados con lo del cambio de moneda. Pero en general no hay ningún problema con ello. Al menos nosotras no tuvimos ningún motivo para quejarnos de la gente, pero durante una de las rutas varios españoles se quejaban de ello y el guía les dio la razón, que a veces pueden llegar a ser algo rancios.

Pero bueno, como de historia de Praga podéis ver documentales como éste, donde sale nuestro guía (el primero que entrevistan):


Y ahora os dejo con alguna anécdota y fotografías varias:

Nada más llegar a nuestra parada de metro, policías cortaban la carretera por donde teníamos que pasar. Hubo un accidente de tranvía se ve, y para rematar al llegar al hotel nos dicen que nos realojan en otro porque en el nuestro están de obras...

Realmente nos quedamos con la duda si era por obras o porque no dejaban de repetir "bomba bomba". No sabemos lo que significa en español si es una palabra checa, o es lo único que sabían decir en español acojonándonos un poco, la verdad.
Nos enviaron un taxi. El recepcionista del hotel nos llevó las maletas hasta el taxi. Muy majos todos, la verdad.

Hasta que vimos el taxi y el taxista.

Un coche negro y un calvo alto, grande, musculado... un chulo de gimnasio tipical spanish, diría. Llevaba un pinganillo en la oreja y sus movimientos eran ágiles, pero seguros. Se le veía fuerte. Su mirada era severa, pero muy firme.
Sobretodo cuando otro taxista estaba aparcado en frente y no se movía, dejándonos encerrados entre unas obras y una pared y no se quería mover.
El calvo salió del coche amenazante. Sacando pecho y elevando los hombros. Estirando el cuello en modo hombre dominante. Imponiendo. El otro taxista dió la vuelta dejándonos pasar ipso facto. Y Ana y yo acojonaditas.

Al salir del taxi en nuestro nuevo hotel yo tenía mucho miedo. Pero el hombretón alto y calvo, fuerte y musculoso, nos sacó las maletas y nos miró con su mirada severa, intento de ser amable, sonrisa forzada, acojonándonos un poquito más.

Me recuerda un poco a cuando llegamos a Roma: una primera impresión un poco chunga de la ciudad xD

El hotel no estaba mal, pero era mega antigua la habitación. La cama incómoda y si te salías del colchón ahí estaban las maderas para avisarte a golpes. Lo único bueno es que en la entrada del hotel estaba la boca de la Verita que no pudimos ver en Roma y nos hicimos la foto de honor:


Nada más dejar las maletas, estábamos hambrientas. En el avión nos daban de comer, pero no es lo mismo que comer-merendar algo sólido. Y de paso ya cenábamos.



Nos dimos una vuelta por los alrededores del hotel y acabamos cenando de cervezas y tabla que quesos y salchichas con salsa picante buenísimas. Y Ana no sé, pero yo acabé bastante contentilla. Vamos, que dormí de maravilla la noche del viernes.


El sábado tocaba rutas turísticas: el Free Tour y la Ruta del Castillo.
Nos lo pasamos muy bien, a pesar del cansancio. Desde las 11 de la mañana hasta las 7 y pico que estuvimos dando vueltas, parando únicamente para comer. Aprendimos mucho sobre Praga y pudimos ver, y saber gracias a las explicaciones, todo sobre la ciudad.


Me enamoré de sus calles. Vimos el Castillo, la Catedral y el Callejón del Oro. 

Caminamos más y también nos hicimos una foto con una estatua que me resulta bastante preocupante el acto: la gente le toca el pene a una estatua que representa un niño de unos 13 años, para conseguir una juventud más duradera, me parece. Finalmente Ana no quiso tocársela. El grupo estaba cortado y nadie quería tampoco, así que tuve que romper el hielo y me sentí muy extraña tocándole el pene a un jovenzuelo, aunque fuese de bronce. 

También había pelotazos por doquier. Sinó, mirad estas farolas:




Lo que me gustó de hacer la ruta y nos lo explicaran todo, fue la parte del Puente de San Carlos. 
La gente hace fotos y pide deseos a monumentos y estatuas. Las tocan porque creen que así volverán, o así les será concedido algo... 
Bien, el guía nos decía que observáramos a la gente y luego nos explicó cómo se hacía todo. La mayoría de la gente lo hacía mal. No vimos a nadie hacer bien lo de los deseos. 
Nos explicó que teníamos que pedir cinco deseos y sólo se te concedería uno. Se ha de poner un dedo en cada estrella de la cruz y el pié derecho sobre un botón que hay en el suelo. El truco está en pedir cuatro imposibles y luego uno que no costara mucho a San Juan Nepomuceno concedérnoslo. Resulta que el pobre hombre fue arrojado al río desde el Puente de San Carlos. El pobre. 


Lo que me gusta de la historia de Praga es que, así como en España se cuenta la historia por Repúblicas, Revoluciones, etcétera... en Praga se cuenta por 1ª Defenestración, 2ª Defenestración, 3ª Defenestración, 1ª Despontificación... etcétera... 





Luego nos explicó otra de las cosas que me obligaban a gritar "NO" desesperadamente cada vez que veía a alguien tocar a la Mujer. 
¡¡La mujer no se toca!! Es la traición. La imagen representa a Nepomuceno siendo arrojado al río, mientras la mujer pasa de la escena tranquilamente, porque es mala y perversa. Es una ponecuernos. 
Nos decía que si queríamos volver a Praga había que tocar al perro o a Nepomuceno, que es al que arrojan del puente. 


La penica que me dió ver un japonés de unos 134 años tocando a la mujer y alejarse del monumento con una sonrisa super feliz, pensando: "soy viejo, pero volveré, porque he tocado a la mujer".


Me daban ganas de llorar. 


Vas a morir, viejo. No vas a vivir lo suficiente para volver a Praga. Lo siento.




Tras tanta caminata volvimos al hotel a descansar y a buscar un lugar para cenar, recomendado por google y por el guía: NOVOMESKI PIVOVAR.
Cenamos de entrante queso con cosas, y para las dos ir probando comida checa un goulash y otro plato de pollo con cebolla frita y salsa rara. Cerveza casera y de postre un paseo.




Tras la copiosa cena, a dormir bien. Que al día siguiente teníamos la mañana para pasear, comprar, tomar algo, probar más cosas típicas y descansar antes de la Ruta de la Cerveza.
Así que el domingo tras mucho caminar y comprar recuerdillos y probar dulces del lugar, comimos unos langoses raros. Sabían a gloria y mis papilas gustativas explotaban de placer cada vez que esa masa de patata y lo que sea rozaba parte de mi lengua. Sabía a amor. Ese toque a ajo maravilloso me traía recuerdos de mi país, España, con un regustillo a ketchup que me recordaba a tiempos pasados, remotos, de una juventud casi olvidada, entre McDonals y McDonals. Y ese queso... esa mozzarela, fresca, recién sacada del plástico. Uf. Me corría a cada bocado.

Parece mentira que algo tan vulgar como ketchup, ajo y mozzarela fresca me resultara tan excitante... ¡¡ERA LA MASA!! Esa masa esplendorosa que convertía todo lo que le ponías encima y supiera a amor puro del duro.
 Después de una siesta nos fuimos de cervezas e historia de la cerveza. Allí la cerveza no se sirve de barril. Sinó de tanques. La Budweiser la exportaron y desgraciaron los americanos. Una cerveza que no me gusta nada, cómo podía ser que en Praga me supiera a sexo del bueno. Cada sorbida de esa jarra me excitaba. De verdad, la cerveza hecha en Praga no tiene nada que ver con ninguna que haya probado antes. En España o la mezclo con limón o prefiero una coca-cola. No soy nada cervecera, no me gusta sola. Me sabe rancia, fuerte y... asquerosa la mitad de las veces. Pero allí, la simple idea de envenenarla con limonada me hacían entrar ganas de suicidarme. Está tan buena...
La cerveza negra.


Uf. Me pone. Y no sube apenas nada. Ni llena. Puedes tomarte varias jarras, salir en pié y haber cenado como un cerdo. Porque no te hincha. No tiene ese gas. La espuma es tan densa que hicimos la prueba de tirar un palillo y se quedaba clavada la punta y el resto bien firme, erecto, no se movía.
También nos enseñaron cómo elaboraban la cerveza en la parte superior de un restaurante.

Porque allí, en Praga, la verdadera religión sólo es esta:


Para finalizar, si alguien tiene pensado ir a Praga y ha de hacer transbordos... nosotras fuimos con la compañía Swiss Air. Aparte que no pasas hambre en sus vuelos, lo cierto es que me sentía muy segura con ellos. Coincidió el buen tiempo y ninguna turbulencia. Aparte que nos cebaron tanto para ir como para volver. Si sobraban bocadillos o napolitanas allá que volvían a pasar con el carrito. Y beber, hasta vino si querías.
Es la primera vez que no veo en un avión (y mirad que he ido con muchas compañías) carta de comida a bordo. Porque ya te abastecen ellos lo que necesites. Aparte antes o después del vuelo te pasaban una bandeja con chocolatinas. Primero cogí una, luego de dos en dos.



Escondí un Diablo en una de las estatuas de la entrada del Muzeum. Ya te enviaré el mail cuando tenga un momento, JuanRa (llevo desde las 7:30h a.m. con esta entrada y van a ser las 13h...). Y o no busqué bien (iba de memoria), o no encontré el otro papelillo de la Torre del Reloj >///<

 Que por cierto, qué bonita era de noche, toda dorada... 


En Praga había unos topos en modo peluche, llaveros y juguetes por todo. El que más gracia me hizo, sin duda, fue éste:

A puntito estuve por entrar en la tienda y pillármelo, que me escarbara bien escarbada...


Y para frikadas, mi nueva mascota:


Y para recuerdos, el vodka cannabis que pensé nos quitarían en la aduana de Suiza cuando nos hicieron pasar las maletas por el escáner y las hierbas típicas checas:


Y hasta aquí el pequeño resumen de nuestro viaje a Praga. En entradas posteriores:

- Respuesta al juego de "verdad o mentira"
- Segovia: la ciudad que se ve en una hora y un par de pueblos.

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6 comentarios:

apple dijo...

praga es como un joyerito o al menos esa fue mi impresión. Y la cultura de la cerveza para que mas.

Kurai dijo...

Joder, me encantan tus posts sobre viajes >.<

Iris Vivaldi dijo...

Joe que bien te lo pasas.xD

Doctora Anchoa dijo...

Me encanta, Praga es una de las ciudades a las que tengo que ir sí o sí, y después de tu post todavía estoy más convencida.

JuanRa Diablo dijo...

¡¡Bien!! Ya tengo diablos cerdúpedos empragaos ^O^
(Lástima que no encontraras el de la torre)

Me quedo con el peazo jarras de cerveza negra. Yo me hubiera puesto morao.

Buen viaje, sí señora. Y encima te vienes con una juventud más duradera xDD

Royaleconqueso dijo...

Me has puesto los dientes larguísimos. Quiero ir T_T