Seguidores de mis paranoias...

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Las Crónicas de Alemania (II)

La siguiente ciudad destino era: Coblenza.

Teníamos hostal para pasar una noche. Nada más llegar el tío nos dice que nos esperaba para ayer y que... ¿qué hacíamos allí, un lunes, en un hostal a las afueras de la ciudad?

......

No sé, dígamelo usted.
Le enseñamos la reserva y ponía claramente que era para el lunes, salida el martes, y no puso más objeción.

Nuestro hostal es el del medio que pone: Hotel
La verdad es que tras la primera extraña impresión del hombre, alemán alto desaliñado, barbas y pelo mal llevado, barrigón y ropa sucia, nos empezó a caer bien a todos. Acompañado del que debía ser su hijo o sobrino (un niño, que luego arregló la habitación individual para que durmiera yo), nos llevaron a las habitaciones y ahí nos quedamos, en lo más alto del edificio con unas vistas estupendas del Río Rin. Y el hostal era antiguo, con cuadros por todas las paredes tipo la escuela de Harry Potter, con imágenes de bosques, personas, animales, bodas, etc... todo muy tétrico y oscuro. La casa, vieja, crujía a cada paso. Daba mal rollo. Las escaleras, estrechas, de madera, todo estaba tapizado y lleno de alfombras. La calefacción no funcionaba, pero todo estaba tan resguardado y alfombrado que tampoco se notaba el frío.

Pensamos, y creo, acertadamente, que nos dieron las habitaciones de la planta más alta para que no les molestáramos con los pasos a la familia dueña del hostal, que estaba en la primera planta. Para las vistas molaba, para subir y bajar: no.

Nuestra compañera de viaje salió de Bacharach con una fuerte migraña, y se quedó la tarde descansando en el hostal. Nosotros fuimos a comer por Coblenza después de pegarnos una paliza al Blood Bowl. Ya os dije que acabamos viciados a ese juego, y nos dejaron la caja para que nos entretuviéramos en los ratos libres. Y no fueron pocos. Y yo empecé a ganar... y a sentir ganas de querer comprar el jueguecito cuando lo traduzcan al castellano si no ha salido ya...


Dimos un paseo cruzando el primer puente que había entre Bacharach y Coblenza (a más de una hora de camino en coche a 130km/h... ya me dirás, si tienes una emergencia en el pueblo que esté en una orilla y el hospital más próximo físicamente está en frente...) y entramos en la ciudad. Eran las 15h. Los restaurantes estaban cerrados. Lo único abierto para comer a esa hora eran los puestos navideños, que, tras buscar y preguntar en unos cuantos restaurantes, optamos por unas salchichas y unas patatas fritas. A-D-O-R-O la paprika que le echan a las patatas. La busqué más adelante en un supermercado, pero compré pimentón dulce normal y lo abandoné en el apartamento. Tengo que comprarla, no sé dónde, pero he de conseguirla. Quiero tener siempre en mi casa esa sal roja picante. Todos deberíamos tener xD.

Luego volvimos al hostal y estuvimos matando el tiempo a siestas cortas y un paseíllo por la orilla hasta la cena (las 19h ese día), y marchamos a la ciudad donde comimos unas flammkuchen. Buscábamos pizzas y acabamos comiendo eso. Cosa que nos gustó bastante, porque al menos era algo típico alemán y estaba de muerte y no te dejaba el estómago a reventar, que para cenar es malo.
Lo que nos mató fue lo del agua con gas. Ya habíamos advertido que comprar agua sin gas en el supermercado era raro, porque todas pone NATURAL.
Pedimos agua NATURAL en este restaurante y nos dijo que era el agua que nos habían servido. Decíamos sin gas y: no. No tenían más que del grifo (que te cobraban a precio refresco). Así que acabamos bebiendo agua con gas y los demás iban al baño a pegar sorbos del grifo cuando tenían mucha sed XDDDDDDDDDDD

Volvimos al hostal tras un paseo nocturno (las 20h?) y tras hincharnos a bolitas de queso y beber refrescos de vodka que sabían a granizado, nos fuimos temprano a dormir.

Al día siguiente, tras desayunar en el hostal un preparadísimo desayuno que nos brindaron los dueños, nunca había desayunado un plato almendras y avellanas, ni tomado café en una porcelana megafina. La verdad es que era super cool la colocación, la cubertería de la mesa... me daba pena coger las cosas. Me pierdo. Tras desayunar, cogimos el coche y nos fuimos hacia el Castillo de Stolzenfels, donde pagamos una entrada para no entender nada del alemán que nos decía, no poder hacer fotos, y no poder tocar nada. Eso sí, los frescos y cuadros estaban geniales y bailar y hacer el mongolo con las zapatillas horrorosas de lana basta que nos teníamos que poner para no dañar la madera del suelo recién puesta, no tenían precio.
Lo mejor de la excursión al castillo era la montañita que había que subir, el paseo tapado por capas y capas de hojas de los árboles (gracias otoño, por brindarnos estos paisajes y colores) y la niebla que no dejaba ver más allá de 50 metros.


 Y tras la visita del castillo y el consiguiente paseo de vuelta, marchamos hacía Dusseldorf.

Pero...

Pero...

Teníamos que comer y llegaríamos tarde.

Así que había que hacer una parada.

¿Dónde?

¿En Colonia, más antigua con una catedral inmensa que ya habíamos visto, o en Bonn, que también nos pillaba de camino y es algo moderno?

COLONIA. Sin duda alguna. Esa catedral hay que admirarla. Y no podíamos dejar que el que no vino el año pasado se quedara sin admirar esa obra de arte, inmensa, hermosa. Eso sí, esta vez no subimos la torre y sus tropecientos escalones.

Además, gracias a las luces de navidad de los puestos, todo era como más...dorado. Más romántico. Y me reenamoré. Cuánto más cerca, más detallado, más real, más... perfecto. Quiero vivir allí.


Y comimos en una pizzería donde cometimos el error del agua de nuevo. Nos cobraron por un vaso de agua de grifo 1,90€. No más agua. No más agua. Refresco o birra.

Y coche hacia Dusseldorf. Ahora sí. Visita a la gran ciudad...


CONTINUARÁ...

.

4 comentarios:

Kurai dijo...

Repito:

Envidia

Quiero irrrr!! >.<

apple dijo...

Tu lo has dicho lo mejor birra, lo de agua one gas no lo pillan.

Jana la de la niebla dijo...

Qué maravilla, Misaoshi, como para no envidiarte. Me encantan las fotos que nos has puesto, aunque las de los bosques son mis preferidas, lo que daría por ver bosques así en otoño, tiene que ser algo impagable.
Me encantó en la 1ª entrada lo de "habitación de la torre", parece sacado de una novela gótica, ¡y el pimpón, qué genial, hace años que no juego y me encanta! Nada, que te envidio y me alegro muchísimo de que hayas disfrutado tanto, ¿ves, tontita, cuando te encuentras deprimida y tal, como luego vienen momentos así de maravillosos?
Mil besos, guapa, y gracias por estas entradas que hacen soñar.

JuanRa Diablo dijo...

¡Vaya pasote de viaje, Misa! Disfrutar de vistas desde un castillo debe ser algo único.

Y las fotos de la catedral dejan ver lo impresionante que debe ser estar a sus pies. No me extraña que quisieras volver. :o

Un saludo