Seguidores de mis paranoias...

jueves, 29 de septiembre de 2011

Mis primeros zapatos de tacón

El haber hecho deporte casi toda mi vida y el adorar caminar han llegado a provocar en mí unas arcadas profundas por el tacón femenino. Esas arcadas han ido convirtiéndose poco a poco en una mezcla de sentimientos comprendidos entre el odio y la envidia.

Nunca comprendí por qué las mujeres preferían la incomodez de calzar altas cuñas de aguja, estrujando los dedos en una terminación en punta o simplemente dejar que toda la sangre termine en los dedos de los pies  tanto en verano como en invierno. Caminar o estar de pié durante horas con ese calzado. Ir al super con tacones a comprar...

La risa, odio y pena que despiertan en mí las mujeres que no saben caminar con tacones poniéndose unos zancos enormes para estar "guapa" y parecer un puto pato, escocido y sin atractivo alguno, "caminando" bien despacito para no tropezar consigo misma. Si no se saben llevar, no se llevan Y PUNTO. Seguid mi ejemplo, nenas, hay sandalias preciosas y casi siempre son cómodas.

Luego veía mujeres lucir tacones como si llevaran sandalias; una facilidad al caminar increíble e incluso darme morbo con ese calzado. Sentía envidia por cómo algo que parece tan sencillo como ponerse un zapato y caminar, podía ser tan complicado para algunas, incluyéndome, y cómo ellas podían soportar estar de pié horas y yo no conseguía dar dos pasos sin tropezar (en las bodas, por suerte, permanezco sentada la mayor parte del tiempo y para bailar me pongo zapato plano).

En resumen. Los tacones siempre han provocado en mí tanto odio como morbo, dependiendo del zapato y la mujer que lo lucía.

También tiene que ver el que a mí los zapatos nunca han despertado esa vena consumista. Siempre he tenido los zapatos justos para pasar las temporadas y repetir durante años hasta que se rompen. No soy fetichista. No es algo que vea en un escaparate y tenga que entrar obligatoriamente a probármelo porque no me llaman la atención.

Hasta ahora.

Creo que es la edad.

Creo que toda mujer llega a una edad en que la madurez la convierte en consumista o algo. No lo sé. Pero desde antes de verano sentía la necesidad de comprarme unos zapatos de tacón.

¡¡La necesidad!!

Empecé a llevar en agosto el uniforme femenino en el trabajo tras adelgazar con la dieta los kilos y volumen que quería. Pasé del pantalón, camisa y zapatos de hombre a la camisa, falda, medias y tacones de mujer.
La primera semana la pasé bastante mal. Caminar con tacones no era tarea fácil. Las medias provocaban que el zapato se me saliera y me costaba volver a meterlo mientras caminaba. Era difícil, ¿sabéis? No controlar tu cuerpo por culpa del calzado.

Ya llevo más de un mes llevando diariamente tacones. Me veo capaz de caminar kilómetros. Incluso he corrido para abrir la puerta y subido y bajado escaleras sin problema. Nadie se ha quejado que parezco un pato e incluso en el ascensor me he mirado la pose y caminado para ver si se notaba que era nueva en esto de los tacones, y parezco una experta y todo.

Siempre que he comprado tacones (2 veces) han sido por bodas. Esa sensación de obligación de llevar tacones porque no te gusta cómo quedan los zapatos planos con el vestido. Gustarte algo pero no verte bien. No sentirte cómoda con lo que compras y saber que sólo lo vas a llevar una vez en tu vida...

Pero últimamente he sentido la obligación de cambiar. Durante meses los he buscado. Durante meses los he ansiado. Durante meses me he decepcionado al probarme alguno y decir: "qué feo" "es incomodísimo" "¿alguien se va a poner eso?" y un largo etcétera de adjetivos descalificativos.

Lo busqué mucho hasta...

Hasta que el otro día fui de compras con mi compañera de secretaría. Vi unas botas Mustang guapísimas (55€, no encuentro foto) y decidí comprarlas al día siguiente. Como también decidí comprarme tres pantalones vaqueros (no tenía pantalones me quedaban todos grandes), varias camisetas y un jersey negro. Tras probarme varios zapatos de tacón incomodísimos en incontables tiendas, decidí ir a recoger el coche e ir al Mercadona a comprar la cena... y entonces entré en la tienda más cara y la que nunca me digné a entrar porque siempre me han parecido de modernos: feos, los zapatos del escaparate. Hasta ese día.

Me llamaron la atención unos botines y unos zapatos de tacón multicolor. No me los iba a comprar, pero parecían cómodos y quería ver si tenían más variedad y en color negro.

Y sí.

Sí.

Sí.

¡¡¡SÍ!!!

Ahí tenían en exposición un tacón negro, precioso, de mi número. El 38. Qué casualidad. El zapato me llamaba. Le pedí una media y me la ofrecieron. Tenía una media. Tenía un zapato de mi número. Me lo probé y... ¿y el tacón? Llevaba tacón alto pero sentía que caminaba sobre... sobre una nube. ¿Cómo podía ser cómodo un zapato de tacón? Si los de la oficina me revientan y tienen menos tacón. Camina un poco, María. Joder, qué cómodo que era.

- ¿Cuánto cuesta?
- Lo pone aquí.

Miro.

- Ah... bueno... cuando cobre la semana que viene lo miro...


Me fui. 150€. Tu puta madre. Todavía no había llevado el coche al taller. Ya miraré.

El martes llevé el coche al taller. Me cambiaron la vida entera del coche y me sablaron 600€. Sólo el motor de la ventanilla eran 300€. Encima se olvidaron de ponerme los tornillos en la puerta y estaba suelta. ¡¡600€ y me dejan el trabajo a medias!! Increíble. Volví ayer, miércoles, con mi compañero de curro. Atornillaron la puerta y se disculparon por la chapuza. La cara chapuza. Para rematar dando marcha atrás di a una moto y tengo otro rayón más. Y para re-rematar se me soltó de nuevo la parte de abajo del paragolpes de la parte delantera xD. Un día lo pegaré con celo todo cutre.

Y así fue como terminé en Moncloa tomando algo con mi compañero, y a la vuelta del 100 Montaditos tras hablar de mis amados tacones... mi compañero me convenció que entrara en CAMPER y los comprara.

Me los volví a probar por si de repente me parecían menos cómodos. Pero eran todavía más cómodos que la semana anterior.

La chica se acordaba de mí y de mi frase: "cuando cobre la semana que viene ..."

No era una promesa incumplida.

Saqué mi tarjeta de débito.

Compré hasta la cera para darles brillo.

Estos los voy a cuidar como si fueran mis hijos. Mis hijos de 150€. Maravillosos. Cómodos y... tan ansiados.

Los únicos tacones que han llamado mi atención.



Por si a alguien le interesa: SON ESTOS.

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7 comentarios:

Mad monk dijo...

Aunque sean los primeros, por lo menos tienes buen gusto...eso si que es dificil de encontrar ajjajaa

Doctora Anchoa dijo...

A mí me encantan los tacones, pero tengo dos problemas: que lo tengo difícil para conseguir de mi talla, y que la gente me mira raro cuando me los pongo (mido metro ochenta sin ellos, así que empieza a sumar). Y sí, tengo con los zapatos toda la obsesión que no tengo con la ropa. Por cierto, los que te has comprado son preciosos.

Jana la de la niebla dijo...

Nena, es que una vez aprendes a ir con ellos, parece que caminas con música; será consumismo o lo que digan, pero te sientes más femenina, más sexy, más atractiva, más de todo, y te miran de otra manera. Yo ya apenas los uso porque cuando voy a bailar quiero bailar hasta morir, y para andar mucho, pupa; pero cuando me los pongo soy otra, te lo juro, es que hasta cambia la mirada.
Los que has elegido son la caña, qué bien que encima sean cómodos.
Mil besitos.

Speedygirl dijo...

Los tacones llegan más tarde o más temprano a la vida de todas las mujeres... era tu hora... nadie se libra cuando es su hora! XD

Jan Berg dijo...

Ays, la niña se nos está haciendo taaaaaan mayor...

apple dijo...

El amor a primera vista existe! muy bonitos los zapatos

cristina dijo...

Tacones
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