Seguidores de mis paranoias...

jueves, 19 de mayo de 2011

Juego de Tronos en estado puro (II)

Kurai lo está petando en el blog con su traje e historia. El mío está casi finiquitado, a excepción de guantes y muñequeras. Al final llevaré las botas militares altas, aunque si me canso por lo que sea llevaré las deportivas negras con retales de tela para ponerlos por encima tipo botín.

Lo cierto es que me está soprendiendo cómo lo están llevando los Masters. Nunca he jugado a rol en vivo y todo me impresiona. Cómo cogen nuestras historias, nos caracterizan el personaje según lo que ha vivido y nos dan rasgos con los que tenemos que actuar. Nos recomiendan cómo tenemos que actuar según la situación y cómo tomarnos las cosas si alguien no está cumpliendo con las normas, sin salir del personaje y sin estropear el juego.

Parece fácil, pero estoy practicando con mi personaje y me entra la risa. Quizás es que verme en el espejo me hace sentir estúpida xD. También es que con lo que he pasado mi personaje es muy serio y melancólico, y yo soy todo lo contrario, así que por mi actuación, si sale bien, mereceré mínimo un Oscar e incluso la Palma de Oro.


Así queda el traje, cortado y cosido por la madre de Sergius y tuneado (hombreras) por mí en un momento de aburrimiento:

Así estaba después del trabajo de la suegra xD
Y ayer le cosí la pechera y hombreras. ¡Que las pieles me protejan!


Así queda con las botas altas, son cómodas, pero al cabo de 10h estaré hasta el culo de ellas, sobretodo mis dedos gordos del pié.

Y ahora os dejo con la historia tuneada por el Master, ya os relaté mi historia, pero esta es aún mejor, porque gracias a ella mi personaje tiene un carácter y personalidad propios:


Los bardos cantan sobre las penurias de los enamorados que no pueden disfrutar del objeto de sus deseos, y los señores se quejan sobre malas cosechas, la muerte de su corcel favorito o el estado de la comida, pero ninguno de ellos tienen ni la más remota idea de lo que es estar jodido de verdad, de ser utilizada todos los días como divertimento por borrachos e inútiles bajo la atenta mirada de tus propios padres, de las palizas constantes y la degradación. Y esa fue tu vida durante 17 años, te gustaría haber visto en tu lugar a uno de esos enamorados de las canciones, o a las señoras que lloran por su halcón muerto. ¡Ja! Seguro que no duraban ni medio día…

Sin embargo tú, una simple plebeya, la hija de un tabernero, lo sufriste sin decir palabra, y aún sacaste fuerzas para salir de esa basura de vida que los Siete te habían destinado y casarte con Rickard, el joven molinero y único hombre de los alrededores que te trató bien y que se ganó tu afecto sin pagar… y a tu padre, aunque esta vez sí fue necesaria una generosa cantidad de dinero. De los 11 a los 17 abusaron de ti como quisieron, pero el día que saliste de la taberna, con un bebé de dos años bajo un brazo y con el otro agarrando fuertemente a Rickard, te prometiste a ti misma que no volverías a caer tan bajo, que las fuerzas no flaquearían cuando fuera necesario y lucharías para evitar regresar a la esclavitud y las continuas violaciones.

Sin embargo, los Siete no estaban dispuestos a ponértelo tan fácil, y cuando creías que ya todo había quedado atrás y acunabas a tu segundo hijo, fruto del amor y no de la violencia, la guerra estalló. Es una guerra de señores, una guerra por un trozo de hierro y por estúpidos derechos de sucesión, pero es el pueblo llano la sufre, mientras los señores se sientan en sus castillos y se rodean de carniceros y asesinos. Y entre estos destacan como un farolillo en una noche sin luna los Buitres de Guerra, una compañía mercenaria que cayó sobre vuestra aldea, al parecer por orden de algún señor de las inmediaciones. Asesinaron, saquearon y violaron, y para cuando las llamas se apagaron, de una pequeña aldea, moderadamente rica, sólo quedaban dos personas con vida: tu hermana y tú. Incluso tus pequeños habían sido asesinados, y tu marido recibió un tajo cuando intentó salvarlos y le dejaron allí tendido, dentro de su molino en llamas, mientras aplastaban la cabeza de los pequeños contra las piedras y se lanzaban los cadáveres los unos a los otros.

Tu hermana y tú no fuisteis salvadas por compasión, en todo caso. Durante semanas abusaron de las dos, os
vejaron y golpearon, hasta que tu hermana no pudo más y su llama se apagó. Cuando contemplaste sus ojos
muertos y su cuerpo flácido bajo la figura oronda de un bruto de nariz rota, la rabia te poseyó y una neblina roja se formó ante tus ojos. Como te habías prometido hace años, las fuerzas no te flaquearon, y agarrando un hacha que alguien había dejado olvidada en un tocón le cortaste al gordo un brazo, después el otro y finalmente de su garganta brotó un hilillo de sangre, manando sin cesar de la herida que lo mató. Uno de sus compañeros, que le jaleaba borracho mientras se trajinaba el cuerpo muerto de tu hermana, no corrió mejor suerte, y antes de que pudiera hacerte frente acabaste también con su vida. Y con la de un tercero, que acudió a ver qué sucedía, aunque éste te supuso un trabajo más arduo, ya que se defendió con uñas y dientes. De poco le sirvió, pues acabaste por enterrarle el hacha en la cabeza, hendiendo su cráneo.
Desarmada y desesperada, la desesperación te tomó en sus brazos y te hizo caer de rodillas, esperando tan solo que la muerte fuera rápida y en lo posible indolora. Los hombres acudían ya a la zona de la masacra con las armas desenvainadas, dispuestos a acabar contigo, pero una voz se alzó sobre el tumulto. 
Su jefe, un tipo algo raro y el único de todo el grupo, mujeres incluidas, que no había abusado de tu hermana o de ti, les obligó a detenerse; les dijo que lo que había sucedido no era ningún accidente, que únicamente una mujer tocada por los dioses era capaz de matar a tres de los Buitres sin inmutarse, y que sin duda el Guerrero quería algo de ti, o te hubiera dejado morir en las semanas de maltrato y abuso.

Poco sabía él, Bengt Renzus, que las pocas semanas que habías pasado con ellos, por duras que hubieran sido, apenas podían compararse con los años que habías pasado con tus padres sirviendo en la taberna, pero no tenías intención de sacarlo de su error. Limpiaste el hacha como pudiste, te llevaste el cuerpo de tu hermana para enterrarlo, y durante unos días no te moviste de su tumba, mientras las últimas desventuras vividas se desarrollaban una y otra vez en tu cabeza, hasta que los cadáveres de tus hijos, de tu esposo y de tu hermana giraban a tu alrededor, pidiendo justicia para el pueblo y un adalid que les protegiera de los desmanes de los señores.

Dado que no podías vengarles a todos, pues los Buitres eran demasiados y, en todo caso, no eran sino una de las muchas bandas de asaltantes que pululaban por las tierras de los Ríos con la llegada de la guerra, decidiste unirte a ellos. Tal vez desde dentro pudieras hacer algo, salvar a alguna muchacha campesina o al menos acabar con su sufrimiento de forma expeditiva, y además la banda mercenaria marchaba hacia una importante batalla, en la que esperaban obtener un gran botín. 

En esa batalla habría numerosos caballeros y nobles, y era una oportunidad de oro para hacerles sufrir en sus carnes la desgracia que con tanta tranquilidad asumían, cuando sólo afectaba a sus vasallos.

No sabes si es el Guerrero el que te guía, o son la ira y la locura, pero ahora eres una Buitre de Guerra, habéis sido contratados para luchar, y no piensas defraudar a tus parientes muertos, ni al capitán mercenario que te salvó la vida. Ahora les toca sufrir a esos señoritingos, y que los carroñeros se alimenten de sus entrañas.


Y tampoco creo que actualice hasta que lleguemos de Cuenca, así que buen fin de semana a todos ^^.

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4 comentarios:

Doctora Anchoa dijo...

Buen fin de semana. Pásatelo muy bien.

Akede dijo...

Aprovecha este finde Misa y cuéntanos algo en cuanto puedas!!

Muy chulo el traje, las hombreras peluditas quedan muy bien, y el vestido, un ole a tu suegra^^

Pocas.Pecas dijo...

Me encanta el vestido y te sienta que te mueres... creo que te equivocaste de época para nacer!!! jejeje
Pásalo bien pequeña!

Pecosa dijo...

Pero mira qué bien te queda, nena! ¿Ves como la dieta te sienta de perlas? Que lo pases bien!