Seguidores de mis paranoias...

martes, 5 de abril de 2011

Las Crónicas de Roma (III)

El viernes desayunamos en el buffet libre del hotel, como habíamos propuesto.
Descubrimos el sabor del zumo de naranja roja. A mi gusto estaba buenísimo, bebí tres vasitos de zumo y unas cuantas tostadas, croasán, embutido y... nocilla. Porque otra cosa no, pero en Roma la nocilla debe ser sagrada, y los kinder. También ese día tomé un helado de nutella, kinder y cookie (sabía a galleta chiquilín!) después de comer que... que... qué maravilla.

Pero al tema...

Ese día había huelga de metro y autobuses y teníamos previsto visitar el Vaticano, en la otra punta de la ciudad, que sí, era 1h andando pero... daba pereza tras lo caminado el día anterior.

Tras estar 10min. comentando la huelga con dos hermanas argentinas y gastar dinero estúpidamente en los tickets de autobús, vino uno que se dirigía a la Plaza de San Pedro. Toda la gente de dos paradas corrieron a meterse en el único autobús en toda la estación. El único que quizás pasara en una hora... Había sangre y lágrimas por entrar, nos chafaban y empujaban para dentro unos, para fuera otros... era horrible... nos metimos por la puerta de en medio con las argentinas y nos sentimos bajitas... muuuuuy bajitas.

Contaré mi experiencia personal en ese autobús y lo que aprendí de anatomía.

Horrible sería una palabra bellísima para describir la asfixia y angustia que sentía entre una polla y dos cojones, un señor cabrón de mierda que me empujaba con su espalda y culo, Ana y Boby.



La polla y huevos eran de uno que me los clavaba en la cadera (un hombre calvo que no dejaba de hacer "pffffffffff pfffffffff"). Estábamos tan apretados que sentía cada uno de sus testículos clavados en lo alto de mi cadera... por no nombrar su bulto excretor. Mi cara era de suplicio. Me sentía sumamente violada y las risas de Ana y su amigo Boby (la capucha de lana de una chaqueta que se apoyaba en su hombro, y ella le puso nombre porque le acompañó durante todo el viaje), pues qué queréis que os diga, no ayudaban.
Tampoco ayudaba en absoluto un señor hijo de su puta santa madre, que necesitaba dos metros de espacio vital para proteger a su mujer entre sus brazos, no fuera a ser que otro hombre le clavara el pene en un costado como ocurría a aquesta vuesa narradora. Ese señor no facía más que empujarme contra los genitales del otro señor y Ana, y ese señor no se movía (el calvo del "pfff") y Ana era empujada por mí, empujada por ese señor protegiendo a esa mujer, contra Boby y una maleta que había en el suelo y una de las argentinas.

- Una persona... A person... with live, jier jier. ¡¡¡Aquí!!! ¡¡¡Air, Air!! (una persona, con vida, aqui aqui, aire, aire)

Yo gritaba eso y el señor que no paraba de empujar decía que no con la cabeza y me empujaba más fuerte. Podria sentir hasta las venas del pene del calvo en mi cadera. Las risas de Ana diciendo "está diciendo no jajajajajaja", Boby con su mirada inexpresiva (¡¡era una puta capucha, no tenía ni ojos!!) y la argentina buscando a su hermana. El calvo se reía de los comentarios, la argentina preguntaba a Ana si veía a su hermana. "Veo su oreja, está viva". Y yo: "no, está de pié". Porque había una gran diferencia. Podría estar desmayada que no caería al suelo. Como dijo Ana algo así como "seguro que aquí cuando bajemos todos caerán los dos cadáveres que están en pié por aquí metidos". Y a cada parada bajaban 2 y subían 10... ¡¡10!!

Llegamos al Vaticano.

No había casi nadie, debido seguramente a la huelga, la gente llegaría caminando más tarde.
Hicimos unos 10 minutos de cola esperando que arrancara la cola de venta de entradas para visitar la Cúpula, 520 escalones-pasos. 5€... ¿compensa?

Viendo la Cúpula desde dentro
Los primeros 200 escalones molaron. Eran de estos largos que das dos pasos entre cada y cada, finitos no costaban mucho. Llegué incluso a correr de un piso a otro, porque me apetecía, yo que sé por qué me dio por correr.


Teníamos que subir esta Cúpula
Pero cuando llegamos a la segunda planta y vimos... vimos... los escalones que me prohibí volver a subir tras haber subido a la cúpula de la Catedral de Colonia (Alemania). Lo pasé fatal. Un mareo insoportable, falta de aire y agobio por las estrechas paredes y dando vueltas y vueltas. Eran 200 escalones menos en el Vaticano pero casi igual de insoportables. El único consuelo es que las paredes no eran de piedra, sinó que estaban embaldosadas, y no había tanta sensación de asfixia porque había unos para subir y otros para bajar, y no como en Alemania que tenías que dejar pasar por un minihueco a otra persona dándote la sensación de caer en cualquier momento.


En serio, personas como yo que le agobian los lugares estrechos, abstenerse o sacrificáos por unas vistas impresionantes desde lo más alto del Vaticano.

 

Después de esto tocaba bajar...

 

Y tras ver la Cúpula vimos el interior del Vaticano. Buscamos la Capilla Sixtina por dentro y por fuera e íbamos a entrar al Museo del Vaticano pero era muy caro (demasiado). En Italia fuman con los precios o algo...

Tras buscar la Capilla Sixtina y quedarnos con ganas de ver en directo la obra de Miguel Angel, y comprar algunos recuerdos nos dispusimos a buscar un lugar donde comer. Espaguetis y ensalada. Para seguir caminando comiendo un helado.

Llegamos al restaurante donde comimos el día anterior para conectarnos al wifi tomando un café y llegamos OTRA VEZ al Coliseo...

Tras eso dijimos de ver algo nuevo: las Termas de Caracalla.

Madre mía, qué preciosidad, el imaginarse ahí bañándose, todo el suelo con pequeños baldosines, el mármol, todo, en ruinas, sí, pero te haces una idea aproximada de cómo vivían antes y se bañaban sin pudor entre miles de personas.

Aquí nos llamó la madre de Ana y le preguntó dónde estaba la Capilla Sixtina y dijo: "EN EL MUSEO DEL VATICANO". Casi se nos cae el alma a los pies, porque no entramos para no pagar una entrada de precio desorbitante... bé, no pasa nada.

En cuanto el lugar dónde estábamos en ese momento, llegamos a la ferviente afirmación que tenemos que buscarnos un hombre rico que nos construya unas termas de Caracalla. Tener un esclavo que nos llame Domina y nos abanique en verano y dé calor en invierno (y en verano, ¡qué coño! ya me abanicará luego). Un gladiador esclavo todo buenorro al que poder decirle: "quítate el subligaculum" y... que la tenga a lo Segovax.
Además tenemos claro que los que nos construyan las termas han de ser esclavos, porque los amortizas, sólo los pagas al principio y te pertenecen. Un obrero hay que pagarle mes a mes y eso te puede arruinar rápido...


Y después de eso volvimos al hotel a dormir. Otra noche sin cenar...

El sábado fue muy rápido. Caminamos un rato hasta Villa Borghese. Nos montamos en un carro doble a pedales en el que SUPUESTAMENTE había un motor de ayuda para las cuestas.
- Ana, aquí hay una llave... para el motor
Tras media hora haciendo spinning miré en la parte de Ana y había una puta llave en OFF .






Por eso todo el Mundo nos miraba cuando nos bajábamos para empujar el puto carro en las cuestas, y veíamos a los italianos super felices pedaleando tranquilamente en las cuestas como si fueran gente de otro mundo: "Estarán acostumbrados", decía, inocente...

¡¡¡MEDIA HORA!!!

La otra media hora la pasamos buscando las cuestas para darle caña al puto motor. Al menos amortizarlo.

Después fuimos a la Plaza España a verla un poco más detenidamente, luego otro paseo por la Calle Babuino (de ricachones y tras cruzarnos unos cuantos Ferraris) hasta la Plaza Popolo y descubrir la Vía del Corso... UNA CALLE QUE UNE ROMA y que nos podría haber ahorrado vueltas y pérdidas los días anteriores ¬¬. Sólo tienes que seguirla recta y desviarte por las calles perpendiculares para ver los monumentos interesantes.

Cómo no, para finalizar y tras comer un trozo de pizza ligera caminando hasta el museo del Ejército, que es precioso y es un edificio que se ve desde toda Roma:

Y tras tomar un café en el mismo restaurante de siempre con wifi, fuimos al Coliseo a la sombra de los árboles, tumbadas en el césped, descalzadas y descansando las piernas.


Después a dormir la siesta al hotel y por la noche: nuestra primera y última cena por Roma.

Ya descansadas nos vestimos y decidimos ver el Coliseo de noche, iluminado, y cenar por el camino.

Cenamos en una callejuela en un restaurante bastante barato. Vimos que el botellón es igual en todo el Mundo y durante la cena nos pedimos un vinito rosado de la casa. 1litro para dos personicas... Una copa y ya estaba mareada (demasiado tiempo sin beber). Mi pizza de atún y cipolla sabía a gloria. No veáis lo que me costó pedírsela a la camarera. Me daba vergüenza decir "una pizza de Tono e Cipolla"... al final lo dijo Ana porque yo estaba roja. Escribir polla polla polla sí, hablar de pollas con conocidos también, pero decirle a una camarera que quería polla era otra cosa... ¿qué pensarán de mí?

Tras un litro de vino, espaguetis, pizza, tostada de tomate y albahaca y el postre de tiramisú y fresas con nata, nos despedimos pagando y sin dejar propina y de camino al Coliseo, con los estómagos llenos, nos pedimos el último helado de Italia. Probé el helado de frutas del bosque y estaba fuertísimo (que no malo) y el de chocolate sabía a gloria bendita.



Vimos el Coliseo de noche, todo iluminado, hicimos un video para conmemorar el momento con nuestras peticiones sexuales de Domina y volvimos al hotel, que había que madrugar. Nos esperaba un día completo de aeropuertos y retrasos...



MAÑANA LAS ÚLTIMAS CONCLUSIONES Y OPINIÓN PERSONAL...

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3 comentarios:

Condesa Bathory dijo...

Joder, me canso sólo de leerte. Yo habría muerto en ese autobús, no soporto los agobios, ni estar con mucha gente y menos si esa gente me está aplastando -.-'
Un saludo!

Kurai dijo...

Jajajajaja me sabe mal reirme de lo del bus, pero lo cuentas demasiado gracioso xDDD

Las escaleras esas son una putada!! Nosotros fuimos y acabamos muertos xD. Eso si, las vistas una pasada

Y el coliseo de noche... *__*

Jill dijo...

Lo del bus es epic, seguro que el calvo disfrutó como un enano. xDDD

En serio, me he reído tantísimo con las crónicas... xD