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martes, 8 de febrero de 2011

El dolor inasumible de una pérdida

Hoy, hablando por teléfono con Pecosa, le he contado una cosa que ha sucedido realmente, y desgraciadamente, a una amiga. No a ella, que es fuerte y positiva, sinó a alguien muy, muy, muy querido e importante para ella.

Hay gente que necesita llamar la atención de muchas maneras. Sueltan comentarios. Los sueltan tantas veces que, aunque uno no se olvide y diga "¡otra vez! ya estamos con lo mismo", no se les da importancia porque... porque nunca lo cumplen.

Hasta el día que pasa.

¿Qué lleva a una persona a cometer semejante atrocidad?

Los que no pensamos en la propia autodestrucción nunca lo entenderemos. Vemos que hay más caminos al final del tunel. Pero hay gente que sólo mira en línea recta y no ve más color que el negro. No ve salida. No hay ninguna puerta escondida en ese túnel. No piensan que el fin de una relación no es el final. Que la pérdida de un familiar no es su propia perdición. Que le importan a mucha gente. Y claro, ellos no verán llorar a su familia, a sus amigos, a su vecindario... conocido por todos, querido por muchos.

Me he dado cuenta que hay que darle más credulidad a este tipo de comentarios. Aunque sólo sean para llamar la atención. Depende cómo sea la persona y su grado de negatividad y de ver las cosas, el sentirse ignorados... ¿es peor?

Y hoy además, he hablado con mi hermano. Resulta que en enero fui a Ourense a ver a mi sobrino y regalarle la ropa que le había comprado. Y le he preguntado si había hablado con su hijo y sobre las pruebas sobre una enfermedad hereditaria, muy dolorosa, que padecen la tía abuela, la abuela y la madre del niño, y me ha tranquilizado diciéndome que a él le ha dado negativo en esa enfermedad.

Ese día, 5 de enero, que fuimos a verles, la madre del niño no dejaba de soltar comentarios hirientes, absurdos, crueles, estúpidos, negativos... todo delante de su hijo y de su novio, ahora ex... cosa que me alegra por él, después de comentarios como este: "es que yo no sé que hago con él si no le quiero, está ahí pero ya está, no sé por qué sigo con esto, y él lo sabe y está ahí pero yo..." y así tooooooooda la tarde que Sergio y yo estuvimos. No dejaba de decir cosas como que no aguantaba más, que quería largarse y no volver. Que no le gustaba esa mierda vida que llevaba. Y todo negatividad y desprecio. Incluso hablaba mal de su hijo, que no lo aguantaba (es hiperactivo y ha estado con medicación) y luego se encerró en la habitación con un "dolor terrible de cabeza". Sergio y yo, dos veces que la hemos visto, dos veces que nos ha despedido su madre por ella.

Le he dicho a mi hermano que no pienso volver a esa casa envuelta en ese aura de negatividad. Las dos veces que he ido volvi a Ponferrada enfadada, y sé que Sergio no tiene tampoco ningunas ganas de volver. Da mal rollo ese hogar.

Y pienso en esas personas... si los comentarios que sueltan serán verdad... y si piensan realmente que sus vidas no son importantes para nadie. Ni para sus hijos..


Y pienso en la chica salía con un compañero de oficina, él se fue a Valencia y ella, no soportando estar lejos de él, decidió que su vida tampoco valía la pena.

Y pienso en la gente que sí ve salida y no puede salir porque está enferma. O ha sufrido un accidente. O simplemente se terminó. Que lucha con todas sus fuerzas y es positiva hasta el final...

¿Por qué unos la odian tanto y otros que quieren, no pueden?

Qué injusto, ¿verdad?

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3 comentarios:

Jill dijo...

Las depresiones son muy malas cariño. La percepción de la realidad se deforma profundamente, al igual que la personalidad, las expectativas y la atribución de causalidad a las cosas. Nadie puede comprender qué es hasta que se vive una verdadera depresión. No hay caminos que seguir porque simplemente no los ves y eres incapaz de buscarlos. No eres capaz de mirar hacia un futuro lejano en el que todo irá mejor porque no eres capaz de pensar más allá de tu día a día. Te vuelves apático, todo te parece gris, y empiezas a dejarle de ver sentido a las cosas. Empiezas a hacer las cosas por inercia y eres incapaz de conciliar un sueño reparador (lo que agrava el problema). Tu líbido se va directamente a tomar por culo y cuando te miras al espejo y te odias en cada uno de tus aspectos. De repente la gente que te rodea te da igual porque estás tan embriagada por tu desolación que eres incapaz de mirar más allá de la tristeza que te ahoga. El nudo en la garganta y la bola en el estómago cada vez te asfixian más hasta que piensas en esa salida. Un pensamiento provocado por una distorsión gravísima de tu mente, la que pasa de segregar las sustancias que te hacen ser feliz (serotonina, dopamina...). Entonces, por desgracia, ocurren estas cosas.

No hay que guardarles rencor a las personas que hacen tal cosa. Es una enfermedad que te arrastra lentamente y que es muy difícil de detectar y prevenir. El gran problema es que estas personas no recurren a por ayuda psicológica o psiquiátrica. Es muy triste y, por desgracia, cada vez es más frecuente.

Doctora Anchoa dijo...

Bufff, qué complicado. Los problemas mentales me parecen lo peor que le puede tocar a una persona. Yo por si acaso todos los días pongo en práctica algo que me dijo una amiga mía que es psicóloga: que la manera en la que está nuestro interior nos hace percibir la realidad de una u otra manera. Hay que intentar pensar siempre en positivo, por difícil que parezca. Es la mejor prevención.

Kurai dijo...

A mi me da mucha rabia cuando me deprimo... porque hay gente que mataría por tener muchas cosas que yo tengo y en ese momento de bajón no soy capaz de apreciar nada. Entonces me aumenta la depresión porque soy una puta egoísta xDD

Afortunadamente, se acaba pasando... y lamentablemente a mucha gente no se le pasa U_U