Estoy leyendo el libro de
Javier García Sánchez:
Ella, Drácula. Describe la vida y crímenes de la
Condesa Erzsébet Báthory. (Por fín puedo leerlo tras dos años sabiendo de su existencia y sin encontrarlo. Encontrado casualmente en una tienda de Ponferrada que no lo habían descatalogado, todavía hacían pedidos y reservé uno).
También describe unos cuántos métodos de tortura que ella y sus antepasados utilizaron. Y no sólo los Báthory...
Aparte de utilizar la técnica del empalamiento con miles de infieles (con experiencia para hacerles agonizar el máximo tiempo posible), también utilizaban otro método, bastante más lento: a los traidores que han dejado morir a su familia, se han escondido o huido, se les ata y mete dentro de un caballo al que han abierto en canal, dejando la cabeza del traidor sacada por el ano. Luego cosen el vientre del caballo, dejando dentro al hombre vivo y agonizante pudriéndose poco a poco siendo comido por los gusanos junto al caballo.
También la propia Condesa lee métodos de tortura para coger ideas y hacerles lo mismo a las chicas que secuestraba. Como por ejemplo:
Las quemaba y pinchaba por distintos lugares. Les arrancaba la piel a tiras. Arrancaba sus pezones con unas pinzas y les obligaba a coméreselos, igual que sus labios vaginales. A la que se desmayaban les lanzaban cubos de agua para continuar escuchando sus gritos y súplicas. Cuando estaban a punto de morir de la agonía, tras comerse partes de su cuerpo, les metía una vela ardiendo o el atizador candente por la vagina desgarrándolas mientras sus ayudantes seguían arrancándole la piel a tiras.
A una chica que emborracharon, se le ocurrió coger un collar y bailar con él en la mano, la Condesa la mandó atar con correas. Le pasó el atizador candente por varias partes del cuerpo. Luego, en el suelo, le empezó a pegar con un gancho enorme. Desgarrándole allí conde él se clavaba. Empezando por los pies y terminando por la cabeza.
Las hacía pelear hasta morir engañándolas que dejaría vivir a la que sobreviviera (una
Battle Royale en toda regla). Finalmente torturaba a la que ganaba. También ella misma desgarró con sus manos y dientes a muchachas. Incluso se mandó construir una jaula de hierro con pinchos para que se desangraran poco a poco mientras se revolvía en la sangre de sus víctimas.
Y un largo etcétera de torturas con las que ella disfrutaba y probaba cosas nuevas para no aburrirse.
Y tras leer lo de la "
Doncella de Hierro" (la jaula con pinchos), he estado buscando otros tipos de cosas que servían para desgarrar.
Antes de nada, he de decir, que no me gusta el dolor. Me dan pánico las agujas, las cuchillas (cualquier cosa que se clave en el cuerpo y haga sangrar), las vísceras, hablar de sangre...
Pero no sé qué extraña es mi fobia, que leer este tipo de cosas sólo despiertan mi curiosidad, aunque he llegado a tener arcadas y sensaciones de desmayo. También es depende cómo lo cuenten.
Aquí van, utensilios de la época de la Inquisición cuya única utilización era infringir dolor y agonía de sus víctimas a largo plazo:
La silla del interrogatorio.
Se trataba de un utensilio básico del inquisidor El efecto de los pinchos sobre la víctima, siempre desnuda, es evidente y no necesita comentarios. Ésta sufre atrozmente desde el primer instante del interrogatorio, que puede ser más intenso si se aplican sacudidas o golpes en brazos, piernas u otras partes del cuerpo. El asiento era muchas veces de hierro, de manera que se podía calentar con un brasero o una antorcha.
Rueda para despedazarLa víctima, desnuda, era estirada boca arriba en el suelo o en el patíbulo, con los miembros extendidos al máximo y atados a estacas o anillas de hierro. Bajo las muñecas, codos, rodillas y caderas se colocaban trozos de madera. El verdugo, asestando violentos golpes con la rueda de borde herrado, machacaba hueso tras hueso y articulación tras articulación procurando no asestar golpes fatales. Después se desataba e introducía entre los radios de la gran rueda horizontal al extremo de un poste que después se alzaba. Los cuervos y otros animales arrancaban tiras de carne y vaciaban los ojos de la víctima hasta que a ésta le llegaba la muerte. Como se ve, era una de las torturas más largas y agónica que se podía infligir. Junto con la hoguera y el descuartizamiento, éste era uno de los espectáculos más populares de entre los muchos similares que tenían lugar en las plazas de Europa.
El Potro en la EscaleraSe abrasaban los costados y las axilas mediante una antorcha compuesta por siete bujías. Si la víctima, ya paralizada, con los hombros destrozados y moribunda a causa de las infecciones producidas por las quemaduras seguía sin confesar, el tribunal estaba obligado, como siempre en un caso semejante, a reconocer su inocencia
El PotroLa víctima es literalmente alargada por la fuerza del cabestrante. Antiguos testimonios aseguran que el estiramiento era de hasta 30 cm, longitud inconcebible que procede de la dislocación y distorsión de cada articulación de brazos y piernas, del desmembramiento de la columna vertebral y, por supuesto, del desgarro de los músculos de extremidades, tórax y abdomen, efectos éstos por descontado letales. Ésta tortura constaba normalmente de tres grados. En el primero, la víctima sufría la dislocación de los hombros a causa del estiramiento de los brazos hacia atrás y hacia arriba, así como un intenso dolor de los muslos al desgarrarse como cualquier fibra sometida a una tensión excesiva. En el segundo grado, las rodillas, la cadera y los codos comienzan a descoyuntarse; en el tercero se separan ruidosamente. Ya en el segundo grado el interrogado queda inválido de por vida, después del tercero queda paralizado y va desmembrándose poco a poco. Las funciones vitales van cesando según pasan las horas y los días.
Pinzas, tenazas, etc.Pinzas, tenazas, cizallas se utilizaban al "rojo vivo", aunque también frías para lacerar o arrancar cualquier miembro del cuerpo humano, y eran otro elemento básico más entre las herramientas de todo verdugo. Las tenazas se utilizaban preferentemente ardiendo para las narices, dedos de las manos y pies y pezones. Las pinzas alargadas, (como el cocodrilo de la fotografía), servían para desgarrar o abrasar el pene. Como queda explicado en la parte de la pera oral, rectal y vaginal, los genitales masculinos siempre han gozado de una especie de inmunidad. Sin embargo, en toda la larga serie de torturas, también se dan raros casos de castración, extirpación del pene e incluso amputación de la tríada completa. Las partes seccionadas a menudo eran quemadas dentro del puño de la víctima. Éstos castigos no se aplicaban por actos de violencia contra la mujer como se podría pensar, sino más bien por intentos de violencia o conspiraciones contra gobernantes o príncipes. La violación extra-matrimonial raramente era castigada, y la violación matrimonial siempre ha sido sacrosanta.

La pera vaginal, oral, rectal.Éstos instrumentos se usaban y aún se usan en formatos orales y rectales. Se embutían en la boca, recto o vagina de la víctima, y allí se desplegaban por medio de un tornillo hasta su máxima apertura. El interior de la cavidad quedaba dañado irremediablemente. Las puntas que sobresalen del extremo de cada segmento servían para desgarrar mejor el fondo de la garganta, del recto o de la cerviz del útero. La pera oral normalmente se aplicaba a los predicadores heréticos, pero también a seglares reos de tendencia anti ortodoxas. La pera vaginal, en cambio, estaba destinada a las mujeres culpables de tener relaciones con Satanás o con uno de sus familiares, y la rectal a los homosexuales pasivos.

Muerte a homosexuales y herejes con la sierraDebido a la posición invertida del reo, se asegura suficiente oxigenación al cerebro y se impide la pérdida general de sangre, con lo que la víctima no pierde el conocimiento hasta que la sierra alcanza el ombligo, e incluso el pecho. La Biblia dice (II Samuel 12:31) que David, rey hebreo y santo cristiano, exterminó a los habitantes de Rabbah y todas las ciudades armonitas por el método de poner hombres, mujeres y niños bajo sierras y rastrillos y hachas de hierro y hornos de ladrillo. Ésta especie de aprobación, poco menos que divina, contribuyo a la aceptación de la sierra, el hacha y la hoguera. La sierra se aplicaba a menudo a homosexuales (gays y lesbianas), aunque principalmente a hombres. En España la sierra era un medio de ejecución militar hasta el siglo XVIII según referencias contemporáneas, las cuales, sin embargo, no citan ningún hecho concreto. En Cataluña, durante la Guerra de la Independencia (1808-14), los guerrilleros catalanes sometieron a decenas de oficiales enemigos a la sierra. En la Alemania luterana la sierra esperaba a los cabecillas campesinos rebeldes, y en Francia a las brujas preñadas por Satanás.
La picota en tonel.Era una especie de vergüenza pública que se aplicaba sobre todo a los borrachos. Había dos clases de "picotas en tonel": las que tenían el fondo cerrado, en las que la víctima se colocaba dentro, con orines y estiércol o simplemente con agua podrida, y las abiertas para que las víctimas caminaran por las calles de la ciudad con ellas a cuestas, lo que les producía un gran dolor debido a su gran peso.
La cigüeña.Su misión no es únicamente la de inmovilizar a la víctima. A los pocos minutos de su utilización sobre la persona, ésta sufre fuertísimos calambres, primero de los músculos abdominales y rectales, luego de los pectorales, cervicales y de las extremidades. Con el paso de las horas, estos calambres conducen a un continuo e insufrible dolor en abdomen y recto. En tal situación, la víctima solía ser golpeada, pateada, quemada y mutilada a placer.
Las jaulas colgantes.Las víctimas, desnudas o semidesnudas, eran encerradas en las jaulas y colgadas. Morían de hambre y sed; por el mal tiempo y el frío en invierno; y por el calor y las quemaduras solares en verano. A menudo, anteriormente habían sido torturadas y mutiladas para mayor escarmiento. Normalmente los cadáveres se dejaban en descomposición hasta el desprendimiento de los huesos, aunque a veces se cubrían herméticamente con resina de pino, con el fin de retrasar los efectos de la descomposición, y se rodeaban con correas para impedir el desprendimiento de los miembros. De ésta manera, se utilizaban como escarmiento moral.
Garras de gatoSu tamaño rondaba el de los cuatro dedos de una persona. Se colocaba encima de un mango y se usaba para reducir a tiras la carne de la victima y extraerla de los huesos en cualquier parte del cuerpo: cara, abdomen, espalda, extremidades, senos...
La flauta del alborotador.El collar de hierro se cerraba por detrás del cuello de la víctima, y sus dedos colocados como los de un músico bajo los cortes de la mordaza eran apretados a voluntad del verdugo pudiendo llegar al aplastamiento de carne, huesos y articulaciones. Ésta tortura era, sobre todo, una forma de la picota de exposición a la vergüenza pública, con todas las consecuencias habituales, dolorosa y a veces fatales, que marcaban la suerte de los así expuestos. Se imponía para castigar delitos menores: conflictividad, blasfemia en primer grado, palabrería soez, alteración del orden público, etc.
La Doncella de Hierro. Hay multitud de instrumentos de tortura con forma de sarcófago antropomorfo con dos puertas y clavos en su interior que penetran en el cuerpo de la víctima cuando éstas se cierran. Los clavos eran desmontables, con lo que se podían cambiar de lugar, con el fin de poseer un amplio abanico de posibles mutilaciones y heridas que daban lugar a una muerte más o menos prolongada, siempre entre grandes sufrimientos
El desgarrador de senos.desgarraban hasta convertir en masas informes los senos de millares de mujeres condenadas por herejía, blasfemia, adulterio y muchos otros "actos libidinosos"; aborto provocado, magia blanca erótica y otros delitos. En varios lugares y en épocas distintas, se aplicaba un "mordisco" con las puntas al rojo vivo en un seno de las madres solteras, a menudo mientras sus hijas se retorcían en el suelo salpicadas por la sangre de sus madres. Además de la función punitiva, el desgarramiento de senos hervía también como procedimiento inquisitorial y judicial.
La cuna de Judas.Éste era un instrumento de tortura usado principalmente para confesiones. La víctima es izada de la manera observada en la ilustración, y una vez levantada, soltada sobre la punta de la pirámide de tal manera que su peso se posa sobre el ano, la vagina, bajo el escroto o bajo el cóxis. Según las indicaciones de los interrogadores, el verdugo varía la presión desde nada hasta todo el peso del cuerpo. También se puede sacudir a la víctima o hacerla caer repetidas veces sobre la punta.
El collar de pinchos.Los instrumentos provistos de pinchos en su interior eran, y en determinados ambientes aún lo son, predilectos de religiosos automortificantes. Lógicamente, los mismos instrumentos servían también para la tortura inquisitorial y punitiva. Su funcionamiento era el siguiente: se ceñía en torno a la víctima, y rápidamente empezaba a herir y lacerar la carne con cada pequeño movimiento, con cada respiración. Luego llegaba la infección, la putrefacción y la gangrena. No pocas veces, el verdugo agregaba gusanos carnívoros en la parte descarnada que se introducían royendo hacia el interior del abdomen.
El collar.El condenado debía llevar consigo éstas cargas durante largo tiempo: semanas, meses, años o incluso toda la vida. El bloque de la fotografía lleva una cadena con una anilla para el cuello en el extremo. La piedra, de doce kilos, se sujetaba con las manos, en cualquier momento y lugar. La víctima sufría un mortal esfuerzo, y la abrasión del cuello y los hombros, con la consiguiente infección y gangrena, que no solían ser mortales en los primeros meses.
El aplastapulgaresSimple y muy eficaz, el aplastamiento de los nudillos, falanges y uñas es una de las torturas más antiguas. Los resultados, en términos de dolor infringido con relación al esfuerzo realizado y al tiempo consumido, son altamente "satisfactorios".
Y unos cuántos más......
Espero que no hayáis disfrutado con este post. La verdad es que me ha dado asco hasta el darle a publicar entrada.Fuente:
Taringa.