Sí, los niños me quieren. Lo demuestran siempre.
Unas veces en el metro mirándome y diciéndole a sus madres lo mucho que le gustan mis
botas y las respuestas negativas de sus madres en bajito para que no las oiga, pero las niñas les traicionan repitiendo su insulto en alto mirándote fijamente a los ojos en plan pregunta
"¿y por qué son de basura de mala gente?" (ahí, madres enseñando a respetar a la gente desde que son pequeños). También lo demuestran por la calle sacándose los mocos y, como no tienen lugar donde aposentarlos, te los prestan, para que se los cuides ¡¡no sé!! en la chaqueta o en el pantalón. Si tiene muchos mocos, los va repartiendo y cuando quieres darte cuenta estás a punto de vomitar cuando esa cosa viscosa verdecina te está mirando y vibra a cada paso que das. A cada movimiento. A cada vibración...
Pero es que los niños también me adoran en el autobús.
Ayer, conté, cogí el autobús por la tarde, a las 17.30h. Un Ponferrada-Madrid. Un trayecto de 5h con sus paradas. Un trayecto que puede ser tranquilo si coincide que a tu lado no se sienta nadie y puedes acostarte y una tortura cuando tienes un compañero de viaje que no deja de darte la brasa o roncando o con los cascos a tope.
Ayer fue una mezcla de esas cosas:
- Me sentaba sola y recostada. Aproveché para poner la maleta con la cámara en el asiento de al lado en vez de en el suelo como la dejé en un principio cuando vi sentarse un niño delante (tenía una mala experiencia en Alsa con un niño meses antes).
- Detrás se sentó un joven con los cascos a todo volumen y me obligó a ir con la música del autobús a todo volumen para no escucharle.
- Más detrás se sentaron más jóvenes que no paraban de hablar y, lo peor, un sudamericano de los
"iou iou" (
"mather fucker" en americano) que no paraba de vacilar a los no presentes ("
ese tío le pegaba io una palisa" "
le dihe tu ia sabes a la chica mas linda de la disco, i al rato me comia toa la poya" etc...). Patético; cuánto más obsceno y violento era el relato, más fuerte lo decía.
El autobús arrancó.
5 minutos.
5 minutos mirando el paisaje (montañas lejanas, casas, farolas y coches). 5 minutos tardó en incorporarse el autobús a la A-6. 5 minutos comiendo regalices. De esos 5 minutos: 2 minutos tardó el niño de delante en dormirse, roncar (tuve que quitarme los cascos para cerciorarme que esos ronquidos sobrehumanos eran del niño de delante). 3 minutos tardó el niño en despertarse con un ataque de tos descomunal. En los primeros 5 minutos... el niño vomitó el zumo y las galletas que su madre le había dado en los pocos minutos que estuvo el autobús en la estación, más la comida (parecían lentejas, por el color y el espesor), más los mocos y, para no manchar a su madre (qué majo) vomitó hacia el lado de la ventana haciendo que todo cayera donde yo. YO. Yo tenía los pies.
Otra vez no.
Dos.
Dos veces se han sentado niños delante en ese maldito autobús. Las dos veces me potaron los pies. Las dos veces a principio de trayecto. Las dos veces vomitaron más de una vez y las madres seguían dándole comida. La primera vez (hace meses) tenía el bolso en los pies y manchó todo. La segunda vez (ayer) fue instintivo y aparté la cámara del suelo aún teniendo la esperanza que fuera diferente. Gracias, instinto.
Lo peor fue que la madre me miró, cuando fui al baño a limpiarme (grité "
qué puto ascooooo" fue instintivo todo, repito, al ver caer esos tropezones a mis pies), como si yo hubiera sido la culpable que su hijo se encontrara mal.
- Nunca ha vomitado en el autobús - dijo su madre mirándome con los ojos achinados, acusadores, en plan "
tuya, toda la culpa es tuya". Y enfadada, encima.
El Mundo se ha vuelto loco.
Y no sé si utilizó luego al niño de arma, pero empezó a darle otro zumo y más galletas que terminaron en el mismo sitio que las anteriores comidas del día mientras el niño le decía "
no quiero máaaaaas" berreando, y la madre "
come, que te sentirás mejor". "
Mamá no quiero m....WOOOOOORRRRRRRRLGGGGGGGHHLLLLLLGGGGGRRRRRR"
¡¡¡DEJAD DE DARLE DE COMER AL GREMBLIN!!!
(pensé eso y luego en
Carcayú, no sé por qué, y en
Zorrocloco...)
¿¿LO HACÉIS APOSTA??
La primera vez igual, la madre seguía dándole bollos al niño y el niño continuó potando. ¿No podéis dejarles dormir en paz? ¡¡Ya han vomitado y manchado suficiente!! Dadle un poco de agua pero dejad los putos bollos en el bolso. Parece que os gusta verles sufrir... y yo... ¡¡nadie piensa en mí!! En la gilipollas de detrás; la que va a estar todo el puto viaje oliendo esa MIERDA. Ese olor nauseabundo (y tanto) durante 5 horas. Tenía un montón de chocolatinas y gominolas para el trayecto y ahí siguen, en la bolsa dentro de la maleta. Qué puto asco.
Y para más inri, cuando consigo dormirme bajo la chaqueta (para no oler lo que tenía de frente), empiezo a escuchar a una niña gritar. Me quité los cascos y lo escuché claramente: "AAAAAAAIIIIIIIII AI AI AAAAAAIIIIIIIIIIII AAAAAAAAAAAAAAAAAH AAAAAAAAH" y cuando me di cuenta todos los del autobús miramos para atrás.
¿Una niña? ¿Niña? ¡¡Una puta loca!! Con la música a todo volumen y haciendo los coros levantando los brazos, con los ojos cerrados y saltando. Gritando como una posesa cual chiste de las sábanas. Pero a esta sábana no se le fue una, sinó las dos pinzas y se puso a volar en su mundo de yupi hey!.
Toda drogada que debía ir la pava. El semental sudamericano se levantó para llamarle la atención (¿quién sinó?), pero nadie se mete con una negra. Claro la mujer era negra (repito no soy racista, fueron esas las circunstancias) y en una pelea entre un sudamericano y un negro, sea el sexo que sea, se impone el más oscuro. Vamos, de eso no entiendo mucho, pero pasó así y supongo que algo tendrá que ver...
Y por fín llegué a Madrid. Oh, mi no tan querida Madrid, pero pude descansar en paz. Llegué a casita sana y salva, por en medio de la carretera caminando para no resbalar con el hielo de la acera (piensan en los coches y circulación pero nadie en los viandantes, sobretodo, en los que vienen de viaje con maletas...). Cuánta nieve. Pensé que estaría toda derretida pero no. Incluso hice bolas de nieve con la nieve de los coches. Estaba emocionada. Me hubiera gustado llegar al mediodía como tenía previsto y haber salido por la tarde a hacer fotografías... una lástima que, por no comerme horas de retraso de autobús, cambiase los billetes para llegar de noche (22.30h), aunque hubiera sido un rato, habría visto el sol y paseado sobre una blanca Madrid.
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