Hoy he tenido una de esas experiencias horribles de las que pienso en la suerte que tengo de haber sobrevivido.
Empiezo desde el principio en mi jueves de borrachera (sin querer).
Ayer tarde quedé con Mery para tomar algo a las 19h. Nos invitaron a cerveza (yo le daba a Mery dinero pero el camarero no aceptaba dinero de su mano, solo quería su cuerpo), luego nos fuimos a cenar con el contentillo; volvimos a ese mismo sitio que habíamos quedado con "Chica Morbo" (y madre mía cómo venía... si no fuera porque me gustan los rabos...) donde nos siguió invitando a cerveza y luego vino a la mesa con una botella de vodka a invitar a chupitos.
Hasta ahí genial. Acabamos en los bajos de Argüelles (zona de marcha donde se precie) y estábamos tres chicas solas bebiendo calimocho y cerveza y con la música que queríamos, puesto durante más de media hora éramos las únicas clientas, donde un mini/cachi/cubalitro de cerveza a punto de terminarse, desaparecía de nuestras manos para ser rellenado automáticamente por el camarero/pincha del local para que no pasáramos sed, supongo; la cuestión es que salía gratis, y eso era lo importante. Luego vinieron más peña y al final se fueron, me quedé esperando que vinieran
Jorge y
Rebeca y seguí bebiendo (esta vez a lo grande, ¡chupitos!)... jugamos al futbolín, donde no veía una, ¡¡sinó 4 bolas!! y no daba una, incluso metí un gol de pura cepa.
A las tres (creo) querían ir a otro garito. Yo con el pedal que hoy tenía que levantarme a las 6.30h a.m. ... decidí coger un taxi. Tras mantener una agradable conversación con mi taxista mexicano llegué a casa intentando hacer el menor ruido posible para no despertar a Sergio.
Mandé a los gatos callar (sssssshhhhhh) y empecé a tirar trastos al suelo (sin querer), no pude hacer más ruido porque esos trastos no eran de cristal...
Luego me dio un arrebato de amor y me puse a confesarle mis más profundos sentimientos a un adormilado y cansado joven que sólo quería dormir, y me tocaba la cabecita para que me calmara/callara/durmiera. Es que es tan buenito.
Al cabo de un rato (porque un par de horas cuando vas pedo es un maldito rato), me despierta la alarma de mi móvil (menos mal que lo puse por la tarde cuando empezaron a servirnos más cerveza y sabía cómo terminaría esa noche). Me era imposible levantarme. He salido veinte minutos más tarde de lo normal porque me quedaba pegada, literalmente, a la cama... era horrible, mi cuerpo pesaba la hostia y mi cabeza daba más de tres mil vueltas por segundo. No sabía que la habitación podía girar tan deprisa...
Calmada mi visión pude levantarme, asearme y marchar "corriendo" al metro, donde he tenido la peor de mis experiencias de metro que una persona con mis capacidades psicofísicas en estado ebrio con la mentalidad de disimularlo lo mejor posible, no era tan fácil con lo que estaba a punto de sucederme.
Cada metro se compone de unos cuantos vagones, hay asientos en todos, claro está en hora punta lo máximo que puedes optar es a una esquinita o en el medio sin barra... hay señoras que luchan a muerte por un asiento, e incluso la más vieja y coja de todas, saca todas sus energías en correr de punta a punta para arrebatártelo estando tú a dos pasos (y creedme que a veces he flipado con la
supervelocidad abuelar, cuando me da el venazo hago ademán de que voy a coger el asiento sólo para verlas correr XD es graciosísimo).
Luego el andén estaba lleno de gente, pero conseguí coger buen sitio donde la puerta paró en mis narices, estaba sola y de repente me veo rodeada y luchando por entrar la primera con cuatro maromos de gran envergadura (demasiada, diría yo) y al entrar me aplastaron entre dos, luego se metieron los otros dos sin dejarme respirar. Conseguí agarrarme sacando el brazo (no sin gran esfuerzo) entre dos de ellos, gran error, tendría que haberme dejado suelta porque con lo apretujada que estaba me sostenían ellos mismos, tenía cuatro airbags para mí solita pero no, yo tenía que agarrarme a la maldita barra.
Hoy el conductor estaba de buen humor, como yo, solo que a él le debió de sentar bien el alcohol y la resaca. Si normalmente tardo en llegar a mi parada, donde hago el transbordo, unos 15-20 minutos, hoy ha sido más de media hora (contado). Se paraba entre andenes, todos, y quedaba mínimo un minuto en cada andén, con unos frenazos brutales, lo que significaba que cuatro moles se agitaban y yo tenía un brazo (sin fuerza) entre dos de ellas que me lo doblaban (literalmente) cada vez que frenaba. Una de las veces pensé que me lo rompían y lo habrían hecho de no haber gritado para que me liberaran.
Intentaba salir de esa infernal y asfixiante cárcel de cuatro paredes que luchaban para ver quién olía más a macho, haciéndome sentir unas arcadas horribles cada vez que uno levantaba el brazo para agarrarse arriba... era imposible. La gente estaba tan apretujada que le costaba salir incluso en sus paradas.
Por fin llegamos a la esperada parada... no se movían, la puerta estaba abierta pero NO SE MOVÍAN, ¡¡ por favor dejadme saliiiiiir !!, les grité dos veces pero se ve que la grasa les llegaba hasta los oidos o algo y ya sonaba el maldito pito de "después del silvato no entrar ni salir", cuando saqué las fuerzas donde no las hallaba y conseguí abrir un agujero en la pared donde he salido disparada hacia la puerta que se cerró tras de mí (menos mal llevaba chándal).
He llegado casi media hora tarde, si lo sé me quedo media hora más en la cama, porque la otra línea el conductor se ve que también tuvo una buena noche...
Ahora llevo un mareo encima y un mal cuerpo que no me lo quita nadie. He desayunado fuerte (zumo de manzana, sandwich y café con leche) pero nada, la resaca me está matando y yo aquí, contándoos mi vida, como siempre, desde el "trabajo".
Os quiero
chic@s, gracias por leer estas pedazo de torradas, a veces lo pienso y es que me enrollo de lo lindo. Hoy estoy de arrebatos sentimentales se ve.
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